Redacción La Vanguardia

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Barcelona

24/07/2026 11:18 Actualizado 24/07/2026 13:56

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El canciller alemán, Friedrich Merz, trata de dar impulso a su Gobierno tras la dimisión de Jens Spahn, líder del grupo parlamentario CDU/CSU en el Parlamento. Este destacado dirigente conservador tuvo que renunciar a su cargo el pasado sábado después de que se supiera que había sido padre mediante una gestación subrogada practicada en EE.UU., un procedimiento que va en contra de los ideales de su partido y que además es ilegal en Alemania. 

La salida de Spahn le ha dado la oportunidad a Merz para acometer una reforma profunda del Ejecutivo con vistas a afrontar con garantías un otoño repleto de desafíos. Este viernes, el canciller ha nombrado a su hasta ahora ministra de Sanidad, Nina Warken, como nueva jefa de gabinete en sustitución de Thorstein Frei, quien a su vez ha relevado al dimitido Spahn al frente del grupo parlamentario democristiano. Warken será la primera mujer en ocupar este cargo, el cual sirve de enlace entre la cancillería, los ministerios y el Bundestag en un momento en que Merz necesita impulsar reformas para reactivar la mayor economía de Europa.

Por otro lado, la cartera de Sanidad recaerá en Carsten Linnemann, hasta ahora secretario general de la CDU. El reto que le espera no es menor: el sistema público de salud cada vez es menos sostenible debido a la presión demográfica y presupuestaria, y se tienen que resolver cuestiones postergadas desde hace tiempo como la escasez de personal sanitario o la renovación de hospitales. En su etapa al frente de la CDU, Linnemann abogó por remodelar el Estado de bienestar. Ahora tendrá que pasar de las palabras a la acción.

Merz apunta a que habrá más cambios en el Ejecutivo con el objetivo de recuperar popularidad entre los votantes

Asimismo, Merz ha anunciado que Philipp Amthor pasará a ser el ministro de Estado. Es decir, será el responsable de gestionar las relaciones del Gobierno federal con los 16 estados federados. El canciller ha anticipado también que habrá más cambios en el Ejecutivo, pero que todavía precisa de un tiempo para llevarlos a cabo. 

El anuncio de esta reestructuración profunda busca revertir la creciente impopularidad del Ejecutivo. Según un sondeo reciente de RTL/ntv, solo el 18% de los alemanes se declara satisfecho con la gestión del actual Gobierno. Peores sensaciones transmite el propio Merz, que apenas cuenta con un 14% de aprobación ciudadana. Son las peores cifras en décadas.

Así pues, el canciller necesita desesperadamente insuflar un nuevo aire a su gabinete, sobre todo teniendo en cuenta que se acercan varias elecciones regionales en las que el partido ultraderechista AfD tiene serias opciones de conseguir su primer gobernador estatal. 

Además de hacer frente al auge ultra, en los próximos meses Merz también tendrá que llevar a cabo varias tareas que ha ido posponiendo, como la negociación de los nuevos presupuestos, la reforma de la dependencia, la renovación de las infraestructuras ferroviarias o la ejecución del fondo extraordinario para defensa e infraestructuras.

Recién llegado al ecuador de su primer año como jefe de Gobierno, Merz tiene que demostrar que puede cumplir su promesa de reactivar una economía alemana que lleva años estancada. De momento, la coalición formada por el bloque conservador CDU/CSU y el partido socialdemócrata SPD –tradicionalmente rivales– todavía no ha logrado convencer a los votantes de que puede obtener resultados. Por eso muchos optan por refugiarse ahora en la extrema derecha, que capitaliza el descontento generalizado y permanece como favorita en los sondeos.