Temprano el gobierno decidió comenzar la campaña electoral. Lo ejecuta con convicción no exenta de contradicciones. Milei definió una polarización para que no haya lugar a terceros y lo hace con un discurso único, que repite sin variaciones aquí y en el exterior. Hay que elegir entre un presente que garantiza el futuro o volver al pasado de los feos y malos. Milei o Kicillof, terceros afuera. Define así a su enemigo, al que dice ya estar aplastando electoralmente. Sin embargo, detrás de ese mensaje aparecen escenas de paranoia explícita. La residencia presidencial convertida en una base militar por prevención de atentados de enemigos poderosos a los que no se nombra.

Entre endeudamiento y pobreza, la vida para muchos es un drama.

Explicación no creíble de que se expulsó a 20 mil terroristas, la advertencia a los argentinos de que deben tener la sapiencia de elegir entre el progreso y el atraso y que, si no lo hacen, deberán hacerse responsables de volver a 100 años de frustraciones. En 2023 prometía dolarización y terminar con la casta; hasta hace poco, inflación 0 en agosto y los mejores 18 meses. Ahora cambió: “Hay que tener paciencia, lo mejor viene a partir de 2028”, después de la reelección. En síntesis, patea la pelota para adelante apelando a un remozado “síganme, que no los voy a defraudar”. Todos estos son síntomas de alguien que se siente inseguro. Para colmo, el riesgo país se mantiene alto, JP Morgan da señales de alarma y el FMI sugiere que el modelo debe derramar hacia el resto de la sociedad.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

Mientras tanto, la vida cotidiana para muchos es un drama. El endeudamiento con bancos y financieras continúa. Otra parte de la sociedad, la que está en los límites de la pobreza, no dice “me endeudé con la tarjeta de crédito”, sino “estoy pidiendo plata prestada para poder comer”. Según nuestros estudios, esa situación alcanza al 26% de los hogares. Son quienes le pagan al prestamista de la esquina intereses exorbitantes; al no poder afrontarlos, algunos terminan como soldaditos de los narcos. Es una pobreza estructural que ninguna asignación universal resuelve. Nuestros últimos estudios también muestran que 86% de la población tiene problemas para llegar a fin de mes. La inflación cercana al 2% mensual no les está resolviendo su vida cotidiana. Hay un 53% para quienes la inflación no está controlada y otro tercio la percibe controlada pero dice no llegar a fin de mes. No es casualidad, entonces, que puestos a elegir entre mantener la actual política antiinflacionaria o la mejora de sus ingresos, 8 de cada 10 opten por lo segundo. Alguien dirá: ¿quieren volver a la híper? No. Quieren llegar a fin de mes. Priorizan su bienestar. Hay entonces un problema con la capacidad de persuasión del discurso presidencial. Va en contra del sentido común de la gente de a pie. Lo dijimos varias veces: hoy el 65% prefiere el cambio a la continuidad, más allá de rescatar algunos aspectos del programa actual.

Hay antecedentes de la relación entre la demanda de cambio y los resultados electorales. En 2011, el 68% pedía la continuidad del modelo y Cristina fue reelecta. En septiembre de 2014, ya el 56% reclamaba un cambio del modelo kirchnerista y, poco más de un año después, ganó Macri. En 2018, el 66% había perdido la confianza en la política económica de Macri, y en 2019 perdió.

Hay antecedentes de la relación entre la demanda de cambio y los resultados electorales.

Pareciera que, mientras el gobierno decidió el no cambio, la opinión pública está en su búsqueda. Pero ese cambio todavía no encuentra un liderazgo que lo convenza. Esa es la apuesta de Milei: elegir él mismo a su adversario. El tema es que el peronismo aún no decidió su candidato, y no se sabe si lo que hace Milei termina fortaleciendo a Kicillof o empujando el surgimiento de otro candidato más potente.

Tampoco nada le garantiza que, entre quienes comparten la orientación pero no la implementación del modelo, no le aparezca un competidor. Su discurso soberbio esconde el miedo a perder.

* Consultor y analista político.