Florescencia

Tu regreso debe ser un nuevo comienzo.

En estos meses he sido testigo de cómo personas cercanas han sido deportadas de Estados Unidos, a pesar de sus aportes y trabajo. Familiares, amigos y trabajadores que conocí ganándose la vida honradamente. Estaban en los Estados Unidos y hoy buscan cómo comenzar otra vez aquí.

En nuestro país he visto también a “retornados”, uno por uno subiendo a una camioneta para volver a sus pueblos y familias. Llevan apenas consigo una mochila donde no cabe todo lo que traen: las deudas, los recuerdos, el miedo y los planes que hicieron por su familia—pero también los sueños. Han regresado, pero los desafíos siguen y el camino también.

Hoy quiero hablarte a ti, migrante que has regresado. Yo sé lo que significa comenzar de nuevo. Volver puede parecer una derrota, pero te aseguro que, así como tu historia no comenzó en una frontera, tampoco termina en ella.

Tal vez apenas habías llegado y te detuvieron antes de conseguir trabajo, o dejaste atrás años de esfuerzo y personas que amas. El mañana puede pesar mucho y podrías creer que no hay salida. Sin embargo, ese mismo amor que te movió a emprender ese peligroso y sacrificado viaje hacia el Norte, nadie podrá quitártelo.

Cada historia es única. ¿Quedó una deuda pendiente? Recuerda que para salir hiciste cosas que antes parecían imposibles. Buscaste apoyo, hablaste con familiares y reuniste una cantidad de dinero que quizás nunca habías tenido en tus manos.

Diste pasos fuertes hacia grandes metas, que seguramente siguen allí. Pero hoy, gracias a Dios, regresaste con vida—para contar tu historia y escribir una nueva.

No regresas vacío, al contrario: si trabajaste durante años ahí, hoy traes conocimientos, conoces nuevos oficios y tienes habilidades que antes no tenías. Quizás hayas aprendido inglés. Si regresaste pronto, tu valor sigue intacto y estás listo para descubrir capacidades que no sabías que tenías. Te lo digo por experiencia propia. Al salir de mi pueblo no tenía idea de lo que sería capaz de hacer. Lo fui descubriendo mientras aprendía, pedía ayuda, incluso cuando las cosas salían mal. Por eso creo en esa fuerza que uno descubre cuando la vida lo pone a prueba. Con toda seguridad te recuerdo que en esta vida nada, absolutamente nada, es imposible.

Guatemala sigue siendo un país con grandes desafíos. Y esas ganas que tienes de salir adelante son la base de una visión renovada. Ahora puedes preguntarte qué sabes hacer, qué necesita tu comunidad, con quién podrías trabajar y, sobre todo, qué puedes hacer diferente para destacar, competir e innovar. Guatemala está llena de oportunidades. Sí, de oportunidades, porque hay muchas necesidades por resolver. Y tú puedes ser quien encuentre en esas necesidades una oportunidad que se convierta en trabajo, en un negocio y en una vida mejor.

Lo que sabes y lo que has vivido pueden abrir caminos: puedes aportar nuevas ideas en un empleo, lanzar un emprendimiento o transformar un negocio familiar. Hay muchos ejemplos de guatemaltecos que regresaron para realizar acá el sueño que creyeron que solo podrían lograr migrando. Por ejemplo, nuestro amigo Ángel Ambrocio volvió a Momostenango y transformó la panadería familiar Momostipán en un café y restaurante.

Mira a tu alrededor. Hay guatemaltecos que nunca salieron, que levantan negocios y sostienen a sus familias. Acércate, comparte lo que sabes y busca con quién trabajar para que puedan ayudarse mutuamente. Todos somos guatemaltecos: quienes migraron, quienes regresan y quienes permanecen en el país, porque el objetivo es el mismo: una Guatemala

mejor.

Tu regreso es solo otro capítulo para seguir escribiendo tu historia. Encontremos nuevos caminos y también nuevas compañías, y juntos atrevámonos a creer y crear el Sueño Guatemalteco. Porque el sueño de construir una vida mejor no necesita “papeles”.