Desde que en 2001 el gobierno laborista del Reino Unido decidió instaurar una entrada gratuita universal para acceder a las fabulosas colecciones de sus museos nacionales (de la National Gallery a la Tate, el Victoria & Albert o el British Museum) el número de visitas se incrementó exponencialmente en la siguiente década, llegando a incrementos de más de un 250%. Durante un cuarto de siglo esta medida no solo ha sido vista con envidia por parte de públicos de toda Europa sino que la mera posibilidad de cobrar entrada ha sido algo inimaginable para los británicos. Hasta ahora. Las dificultades económicas por las que atraviesan muchos de estos museos ha provocado que algunos se atrevan a tocar lo que se consideraba intocable y se haya puesto sobre la mesa la opción de aliviar sus maltrechas finanzas cobrando entrada. Por ahora se habla de una tarifa para turistas, pero algunas voces piden una vuelta al orden. .
Pero en este momento para muchos la solución a la crisis de financiación de los museos pasa por una merca operación matemática: Si los 5,8 millones de personas que visitaron el British Museum el pasado año pagaran 5 libras cada uno, se conseguiría una recaudación de 29 millones de libras. La cuestión no es tan simple. Muchos de los que entran gratis a las colecciones permanentes se animan luego a pagar para ver exposiciones temporales, que sí cobran entrada, o comprar en la tienda, lo cual contribuye de forma considerable a los ingresos. Y sobre todo la filosofía que alienta el libre acceso no responde a criterios economicistas sino a la voluntad de compartir unos bienes públicos, que por lo tanto pertenecen a todos los británicos, y dar acceso a un público más diverso, especialmente a aquel para el que el precio del tiquet es un elemento disuasorio. El debate está estancado, pero no muerto. El alcalde de Londres, Sadiq Khan, pedía el martes que sus museos sigan siendo gratuitos porque “el arte y la cultura son para todos, no importa de dónde son ni cuánto ganan” y aseguraba que “la entrada gratuita genera mil millones de libras al año en ingresos turísticos”
Sin llegar al gratis total, en Madrid ya hace años que los grandes museos nacionales decidieron abrir franjas de gratuidad con resultados espectaculares en cuanto a número de visitantes. En el Museo del Prado, por ejemplo, se puede visitar gratis la colección todos los días las dos últimas horas antes del cierre y, en horario nocturno, de 20.30 a 23.30 horas el primer sábado de cada mes. Las cifras son clamorosas: de los 3.513.402 visitantes del 2025 (un récord), 1.590.700 (45,28%) accedieron con entrada gratuita, mientras que solo 221.202 (6,3%) se beneficiaron de entrada reducida. El director del Prado, Miguel Falomir, no se cansa de repetir que el museo ha tocado techo, que no necesita más visitantes, pero sí más diversos. Porque pese a la gratuidad (siempre para desempleados, menores de edad y estudiantes hasta 26 años) el perfil del visitante del Prado continúa siendo alguien con estudios universitarios (un 80%) y nivel adquisitivo medio/alto. No es una barrera económica, sino social y educativa. Para Falomir, los sábados por la noche están siendo la puerta de entrada para un público mayoritariamente nacional y migrante que acude por primera vez al museo en familia.
La proporción de visitantes que acceden sin pasar por taquilla es incluso mayor en el Reina Sofía: un 62% de los 1.601.732 que en 2025 visitaron su sede central lo hicieron en la franja horaria de acceso libre (de 19 a 21 horas y domingo de 12.30 a 14.30 horas) o bien gracias a las bonificaciones a colectivos (menores de 18, mayores de 65, desempleados...). Y en el Thyssen-Bornemisza han conseguido también que los jóvenes hayan comenzado a traspasar sus puertas gracias a las Noches Thyssen, una iniciativa que permite conocer el museo de forma gratuita los sábados de 21 a 23 horas. Casi la mitad de los visitantes tiene entre 18 y 34 años, cuando en el horario habitual representan tan solo un 10%.
Frente a la apuesta decidida de los grandes museos madrileños, en Barcelona tan solo el Museu Picasso se sumó en 2024 a esa apuesta por una cultura más inclusiva con Picasso Convida , por el que de abril a octubre se puede acceder libremente a la pinacoteca de la calle Montcada de jueves a sábado de 19 a 21 horas. De nuevo son los jóvenes de entre 20 y 39 años y el público local sus principales usuarios. Este verano el museo suma además la gratuidad de su exposición Picasso Chipre. Encuentros con la cerámica del Mediterráneo, ya que se inscribe dentro de la Presidencia del Consejo de la Unión Europea que ostentó Chipre en el primer semestre de año y era uno de los requisitos para percibir fondos europeos.
El Museu Picasso y el Macba han establecido horarios vespertinos de entrada libre
“No creo que en Barcelona el precio de la entrada sea determinante a la hora de decidir si vas o no vas a un museo, porque para los barceloneses son prácticamente gratuitos”, apunta el concejal de Cultura e Industrias Creativas de la ciudad, Xavier Marcé, que cifra en 1,2 euros el precio medio de la entrada en el Macba (aplicando todos los descuentos disponibles) y de 2 euros en el MNAC. “Lo que hemos de conseguir es que el ciudadano, que es para quien están los museos públicos, pueda disfrutar de una política de precios muy ventajosa y el ciudadano extracomunitario o que está solo dos días en la ciudad tenga una tarifa más normalizada que nos ayude a la sostenibilidad de los centros”.
Entre la salida de Elvira Dyangani Ose y la llegada de Valentín Roma a la dirección, el Macba ha implementado franjas de libre acceso los jueves, viernes y sábados (de 18 a 20 h) y se suma a la iniciativa de la mayoría de museos de la ciudad de abrir el primer domingo de mes. Desde el museo precisan que se trata de una medida temporal, que tendrá que refrendar o no el nuevo director. En todo caso, puede ser una actuación beneficiosa para taponar la sangría de visitantes (los 265.000 del 2024 pasaron a 200.000 en 2025 y continúan cayendo en 2026). Aunque de hecho, en el Macba el pasado año solo pagaron entrada completa un 23,4% de los visitantes, un 15% la adquirió con tarifa reducida y un 61,6% no pagó nada en absoluto, según la encuesta anual que impulsa el Ayuntamiento de Barcelona (ver recuadro).
El planteamiento del gobierno británico de volver a cobrar a los turistas extranjeros a sus museos nacionales (17 millones de personas, esto es, un 43% del total en la temporada 2023-2024) sería inviable en cualquier país de la Unión Europea, ya que desde 1994 una sentencia del Tribunal de Justicia de Luxemburgo obliga a cobrar la entrada a los ciudadanos de los diferentes países sin hacer distinciones con el resto de europeos como sucedía hasta entonces, cuando la presentación del DNI eximía del pago en museos como el Prado, el Reina Sofía o el Picasso, hasta entonces gratuitos para los locales.
En Países Bajos han optado por crear un pase para sus ciudadanos, el Museumkaart, que por 65 euros otorga acceso ilimitado y gratuito a 450 museos, de los cuales 39 están en Ámsterdam. Y el Louvre, al que literalmente no le cabe un alfiler, cobra desde principios de este año tarifas diferenciadas en función de si el visitante es europeo (22 euros) o no (32 euros). “Nosotros podríamos hacerlo en el MNAC, pero me parece discriminatorio, porque la vocación del museo es universal y a nosotros nos interesa igual que entre uno de Perú que otro de Japón o de Malasia. Otra cosa diferente es que creo que el público local, que son los financian este museo con sus impuestos, deberían entrar gratis, como si fuera una biblioteca, pero jurídicamente es muy complejo”, señala Pepe Serra, director del Museu Nacional d’Art de Catalunya, que dice que le gustaría seguir la política del Prado garantizando que quien no tenga dinero pueda entrar igualmente cada día en una franja de tarde.
“Pero aquí arriba, en la montaña, a quien quisiéramos ayudar le íbamos a perjudicar, porque el esfuerzo para llegar hasta aquí es inmenso. Así que me parece más útil decirle a un jubilado que venga cuando quiera y que siempre entrará gratis, que no hacerle subir de noche. Y lo mismo sucede con personas con movilidad reducida o familias con niños pequeños. Ofrecerles la posibilidad de tener unas horas gratis pero viendo cómo llega la gente deshecha por el calor no me parece un espacio real de accesibilidad gratuito”, advierte Serra.
“El 60% de la gente que jamás va a los museos no es por el precio de la entrada. Nos sigue faltando llegar a ese sector social”
Aparte del primer domingo de mes, el MNAC lleva doce años ofreciendo gratis los sábados a partir de las 15 horas. “Me dijeron que al principio sería un subidón, pero luego iría bajando, pero no, cada sábado está lleno, se nos inunda de público local, lo cual significa que entre los interesados el precio de la entrada es un elemento muy sensible. Entre pagar 12, 8, 7 o 6 euros y no pagar nada, obviamente optan por esto último. Y estadísticamente está demostrado que precisamente es el visitante que más gasta en la tienda y en la cafetería”, razona el director.
“Ahora bien –añade– el 60% de la gente que jamás va a los museos no es por el precio de la entrada, no es verdad. Nos sigue faltando, a nosotros y a todos, ese sector social al que nos gustaría llegar”. En todo caso, concluye, debería haber una política museística coordinada que, ahora, no existe, y concluye que de cara a 2029, cuando la entrada al museo se ubicará más abajo, en el Palau Victòria Eugènia, el modelo del Prado será factible y deseable.
