Por Carmen Soza3 AGOSTO 2026

El diagnóstico era compartido, el país está estancado y se requería con urgencia un cambio de dirección. Por ello, es una buena noticia que el Proyecto de Reconstrucción Nacional ya esté a punto de transformarse en ley. Con ese sentido de urgencia el gobierno puso sobre la mesa precisamente esa necesidad de enmendar el rumbo.
Lamentablemente legislar sobre diagnósticos correctos no ha sido la tónica de las reformas en Chile en los últimos años. Así lo reconocieron, por ejemplo, Micco y Repetto respecto de la reforma tributaria de 2014, donde actuaron como si el país siguiera teniendo la holgura fiscal de antaño. Situación similar ocurrió en las múltiples reformas implementadas en corto tiempo en materia laboral. Hoy pareciera haber consenso en que para recuperar el dinamismo perdido en el mercado del trabajo es necesario quitarle barreras y dotarlo de flexibilidad.
Chile arrastra demasiados años de estancamiento y una tasa de desocupación del 9,4%, equivalente a cerca de un millón de personas desempleadas. Ante este escenario las autoridades han impulsado decididamente una reforma orientada a reactivar la inversión. Aunque este ajuste resulta insuficiente por sí solo, constituye un primer paso decisivo en la modificación de la tendencia indispensable para volver a generar empleos y permitir oportunidades reales de crecimiento sostenido
En cualquier caso, devolver la confianza no solo pasa por aprobar leyes. Los desafíos que quedan siguen siendo enormes. Chile necesita simplificar permisos, eliminar burocracia, recuperar competitividad, fortalecer el ahorro y demostrar disciplina y eficiencia fiscal para volver a ser un país atractivo para emprender e invertir. A dichos desafíos internos, tocará también agregar un escenario internacional donde las tensiones comerciales probablemente serán más frecuentes que en las últimas décadas. En lo inmediato, el conflicto en el estrecho de Ormuz y los aranceles impulsados por Estados Unidos.
Velar por el mejor interés de Chile es lo que este gobierno pone sobre la mesa cuando intenta revertir años de política exterior en que se privilegiaron preferencias ideológicas, como la política turquesa, por sobre el interés nacional. El exigente contexto internacional requiere que la conducción diplomática y económica actúen con coordinación y solidez profesional. Velar por lo que es mejor para el país requerirá privilegiar siempre el diálogo por sobre escalar conflictos, postura que es coherente con la historia de nuestro país en materia de relaciones internacionales.
Las buenas decisiones deben ser reconocidas. La reforma recientemente aprobada marca un nuevo rumbo, pero el desafío continúa y aún queda mucho por hacer, porque desandar años de malas políticas tomará bastante más de cinco meses. No olvidemos que quienes dejaron recién el poder declaraban querer meterle inestabilidad al país. Frente a la tormenta lo importante no es solamente quién lleva el timón, sino que el país vuelva a navegar en la dirección correcta.
Por Carmen Soza, directora ejecutiva de Ideas Republicanas
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