Luis Urios Ibáñez

27/10/2026

Actualizado a las 00:50h.

De no ser tan famosa, nadie diría que bajo el camal del vaquero Nerea Pérez de las Heras (Madrid, 1982) lleva una prótesis. No cojea ni lo más mínimo y sube las escaleras del hotel donde nos reunimos con total soltura. «¡Qué me vas a contar, si vivo en un quinto sin ascensor!», espeta risueña, con ganas de empezar a charlar. En septiembre publicó 'Fantasma' (Alfaguara, 2026), el crudo relato de su descenso a los infiernos y el ascenso que le sobrevino. En julio del pasado 2023, la hélice de un barco en Menorca le cercenó la pierna. La conocida periodista se enfrentó tras aquella macabra tragedia a una lenta recuperación y su consiguiente adaptación a un mundo nuevo. 'Fantasma' es el resultado (uno de los resultados) de todo aquello. Y uno podría pensar que es un libro íntimo sobre el duelo. Y lo es, claro que sí, pero también es muchas otras cosas que nos interpelan a todos como pocos libros lo hacen. 'Fantasma' habla de la construcción de la identidad, del aspiracionismo de la clase trabajadora, de cómo atravesar el dolor… Y también de cómo nos hemos comido la tostada del éxito y la ambición, de la crisis de la vivienda, de feminismo y del sentir desclasado de toda una generación.

-En un momento dado del libro, dices: «La enfermedad, la discapacidad y la herida tienen el inesperado beneficio colateral de que el tiempo humano deja de ser el tiempo del oro y empieza a ser el tiempo de no estar muerta». Creo que lo que dices sobre el tiempo es lo que más me ha gustado del libro: cómo otras culturas consideraban absurda e ineficiente las formas de medirlo y cómo el tiempo se inventó para controlar a los de abajo. ¿Ahora que ya te has recuperado, qué relación tienes con el tiempo? ¿Sigue siendo «tiempo de no estar muerta» o has vuelto a sucumbir al «tiempo del oro»?

-He vuelto a sucumbir al tiempo del oro. Irremediablemente. Es muy difícil resistirse a vaciar el tiempo de productividad, pero hay que hacerlo. Lo más importante es no perder esa intención de vista, no convencernos de que eso es lo natural, estar siempre un poco en resistencia, porque somos muy frágiles, entonces tenemos que convivir con la vida de otra manera. Incluso el ocio se ha vuelto productivo. Eso precisamente es la prueba de que ya no consideramos el tiempo como sencillamente la vida y la sucesión de instantes, sino como una especie de moneda de cambio que sirve para algo. El tiempo de trabajo, el de ocio, el de la familia, el de esas relaciones que supuestamente tienen que aportarnos todo el rato y ser productivas. Tenemos que desligarnos de eso. Una recomendación para ver el tiempo de otra manera: 'Reconquista tu tiempo' de Jenny Odell o 'El derecho a las cosas bellas' de Juan Evaristo Valls Boix.

Nerea Pérez de las Heras en Valencia

Nerea Pérez de las Heras en Valencia.

(Irene Marsilla)

-Otra idea central del libro es el aspiracionismo de las clases bajas. Hablas de cómo las élites ya ni siquiera necesitan esconder sus lujos, sino que los exponen, porque saben que la ostentación ya no es combustible para el rencor, sino que enciende sus deseos. ¿Cómo hemos llegado a esta trampa en la que una aspiración imposible nos mantiene toda la vida en la rueda del hámster?

-A base de muchísima propaganda diseñada para disolver la lucha de clases a finales de los 70 y principios de los 80 con el neoliberalismo de Thatcher y Reagan, que buscaba acabar con los sindicatos y acabar con la conciencia de manera que la gente no se organizara y todo el mundo se creyera clase media aspiracional. Esto nos ha llevado a la conciencia que tenemos ahora, en la que tú hablas de vivienda diciendo cosas super lógicas como que es un derecho y no un bien de lujo ni de especulación y te encuentras muchísimos comentarios en Instagram de gente que, en realidad, son clase trabajadora, autónomos, pequeños empresarios... Existe una clase trabajadora que le está haciendo el trabajo sucio a los que están arriba. Hay una imagen que me ofrece cierta esperanza que se lee como violenta y a mí no me parece tan violenta, sino simbólica de otra manera de pensar: los disturbios de París se han ensañado con las tiendas de lujo en las que un bolso barato vale 3.000 euros. Es extrañísimo que hayamos normalizado que las calles centrales de una ciudad estén ocupadas por comercios que venden bolsos de entre tres mil y veinte mil euros y, en cambio, nos parezca muy violento que un montón de estudiantes y trabajadores precarios respondan. Creo que lo violento es lo otro. Nos han convencido de que estamos más cerca de la aspiración y la fantasía que de nuestra propia vida diaria.

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-En 'Fantasma' dices que no hay una sola persona en el mundo que no viva haciendo equilibrios entre la normalidad y la rareza, pese a esta obsesión horrible por la normatividad. Dices esto: «La norma se sostiene sobre nuestros hombros, los de lesbianas, tuertas, obesos, deformes, paralíticos y amputadas. Somos las incompletas y desviadas las que custodiamos los bordes de la regla y la hacemos brillar». Qué potencia, ¿no?

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-Esto es una idea que viene de un montón de teorías. Todo el mundo está a dos centímetros de ser un monstruo. Si lo piensas, la norma es algo muy estrecho de lo que te puede sacar, qué sé yo, enamorarte de tu mejor amigo, que tu padre pierda el curro y necesites ciertas ayudas sociales, una discapacidad, una enfermedad... Y de un salto y de un día para otro sales de la norma, así que no hay que dar la norma por estable. Y cuando no das la norma por hecha (el sueldo fijo, el cuerpo sano, el aire limpio, la paz, la democracia) y la piensas un poco, te vuelves mucho más listo, sano y abierto a las posibilidades. Y más comprensivo con los demás y contigo misma.

-¿A ti te ha pasado todo esto?

-Yo creo que ya convivía con ello. Nada de lo que cuento en el libro ha sido una sorpresa. Esto es el mismo panfleto que yo llevo años repitiendo, pero ahora que llevo una pierna ortopédica la gente me hace más caso (ríe). Y me pasa una cosa: me preguntan mucho si ahora he descubierto que las escaleras del metro no están hechas para personas con discapacidad. Y yo digo: pero, ¿en qué mundo vivís? No habéis visto cómo van los padres y madres con los carritos de bebé? ¿No tenéis una abuela? Lo difícil es no ver lo hostil que es el entorno.

Nerea Pérez de las Heras en Valencia

Nerea Pérez de las Heras en Valencia.

(Irene Marsilla)

-El capítulo 5 abre con una frase muy chula sobre el fracaso que dice que somos sujetos activos de nuestras victorias, pero objetos pasivos de nuestras derrotas, a las que nunca consideramos como propias, sino como culpa de fuerzas externas. Llegados a este punto, Nerea, ¿te consideras una mujer exitosa?

-Sí, super exitosa. Creo que por razones diferentes a las que los demás proyectan sobre mí, pero sí, rotundamente. Tengo una vida muy cómoda y muy libre y llena de amor y redes. Paso mucho tiempo al día dedicándome a cosas bonitas y constructivas. He conseguido terminar un libro, me lo han publicado, me estás haciendo una entrevista sobre una creación mía a la que he dedicado mucho cariño... Este preciso momento, en el que estamos tú y yo aquí, es un momento de triunfo. El triunfo son momentos. Y este es uno.

-¡Qué guay que sea conmigo!

-Mira, el otro día decía Rosa Montero que piensa que tiene una sopa química que la lleva siempre hacia el optimismo. Yo creo que a mí me pasa un poco lo mismo. Soy bastante alegre (ríe).

-Otra frase del libro: «La noche oscura del alma es cuando se da la verdadera transformación del personaje». ¿Cómo te ha cambiado todo esto a ti? Sin romantizar, ¿dirías que ahora eres una persona más completa o eso es banalizar y solo hay sufrimiento innecesario detrás de lo que te ha pasado y ningún aprendizaje profundo?

-Creo que todo sufrimiento es innecesario, excepto el pequeño tormento de crear, pensar y construir algo. El sufrimiento no te enseña nada. No soy nada amiga de la cultura del esfuerzo ni del sacrificio. Lo que sí aprendí, irremediablemente, es que ciertos procesos no te los puedes saltar, tienes que atravesarlos, y uno de ellos es el duelo. Y no se acaba, no se termina de resolver nunca. De eso te das cuenta con el tiempo. Entras en un estado intermitente en el que a veces convives mejor con el duelo y otras peor. Mi padre murió poco después de mi amputación y, conforme pasaron los años, aprendí que el duelo está ahí, siempre. Y con la pierna pasa: esos fantasmas que de pronto reaparecen. Cualquiera a quien preguntes que no sea un coach estafador te dirá esto. Estamos rodeados de ausencias.

Nerea Pérez de las Heras en Valencia

Nerea Pérez de las Heras en Valencia.

(Irene Marsilla)

-Dices en el libro que «solo si se ha conocido el dolor, se puede apreciar la maravilla de su ausencia». Después de todo lo que has pasado, ¿alguna fórmula para sobrevivir al dolor?

-Me ayudó mucho lo que dijo Bob Pop, ver el tiempo no como una línea horizontal, sino como instantes cayendo sobre ti. Es una manera de imaginar el presente en tu cabeza y convivir con el dolor, y también de convivir gustosamente con la falta del mismo. ¿Consejos para sobrellevarlo? Intentar no proyectarte hacia un futuro de dolor ni hacia un pasado sin dolor, sino aceptarlo y estar en el momento hasta que termine.

-Te has involucrado mucho en la acampada y en todo el movimiento social que ha surgido con la vivienda. Dices en el libro que el propietario permanece inmóvil frente al trabajo de otras personas y el de los contribuyentes, que a ninguna mejora contribuye el monopolista de suelo.

-Es una realidad como un templo. Las ciudades están construidas con el esfuerzo de la clase trabajadora. Que los grandes empresarios llevan la mayor parte de la carga fiscal es una mentira. Es el grueso de la clase trabajadora quien lleva esa carga, y en quienes menos se invierte. Los curritos son quienes pagan los pasos de cebra, los colegios, los hospitales, los semáforos, los polideportivos... Todo lo que tenemos y que hace que la ciudad sea habitable. Pero quien se lleva el dinero es el monopolista de suelo. Y no se puede permitir que se mercadee con la vivienda como si fuera un bolso de lujo, porque no lo es. Si pasara esto con el agua o los trasplantes, no permitiríamos que no estuviera regulado.

-Hay mucha gente de izquierdas que no quiere votar estas elecciones por las opciones precarias que hay sobre la mesa. ¿Qué les dices?

-Entiendo que votar en defensa propia no es muy ilusionante, pero es necesario. Soy consciente de que estos años de gobierno supuestamente progresista no han sido para nada lo que esperábamos, pero ahí sí que tenemos cierto espacio de respuesta. La derecha y la ultraderecha ya nos han avisado de muchas maneras diferentes de que la voz del pueblo no sería tenida en cuenta en absoluto. En Madrid nos lo han dicho en la cara en múltiples ocasiones. La otra opción de gobierno es PP y Vox. Ni siquiera voy a entrar en los ataques directos a los derechos humanos de Vox y en que son negacionistas del cambio climático y abiertamente racistas). Y el PP también está diciendo que ni por asomo va a intervenir el mercado de la vivienda. Lo han dicho.

-¿Qué crees, sinceramente, que puede pasar si el PP forma gobierno con Vox?

-Están avisando, no es una cuestión de opiniones. Están siendo bastante transparentes. Porque, además, no inventan nada. En cuanto estás un poco al tanto de la política internacional ves que tienen un modelo clarísimo, la internacional de extrema derecha, que son Orban, Milei y Trump. Hasta los discursos son calcados, las propuestas también. Me preocupan mucho las cuestiones que tienen que ver con los derechos humanos en general, los derechos de las personas migrantes, del colectivo LGTBI, de las mujeres... Están en primera línea de su atención. Pero, además, no hay que perder de vista que esta gente son negacionistas del cambio climático. Negacionistas de una realidad incontestable. Estábamos en Madrid a 15 de octubre sudando por la calle y en manga corta. Estamos teniendo danas, fenómenos meteorológicos extremos, advertencias científicas constantes... Y esta gente, pese a que está más que demostrado, sigue diciendo que es un chiringuito y que es mentira. Y otra de las cosas de las que apenas se habla es que están obsesionados con la desregulación. Quieren que las empresas hagan lo que quieran, por libre. ¿Sabemos realmente lo que significa eso? ¿Sabemos la cantidad de desprotección para trabajadores y consumidores que significa que las cosas no estén reguladas? Esto es un modelo estadounidense rampante.

Nerea Pérez de las Heras en Valencia

Nerea Pérez de las Heras en Valencia.

(Irene Marsilla)

-¿Tienes esperanza con todo lo que está pasando en las calles?

-Sí, mucha. En las movilizaciones ciudadanas. Las personas organizadas no son los partidos. Los partidos están elegidos democráticamente y ocupan órganos de representación, pero luego está la ciudadanía organizada. Y lo que estamos viendo no solo en España sino también en Albania, en Francia, Argentina..., es ciudadanía organizada. Así que sí, estoy super esperanzada, porque saben muy bien lo que quieren. Y nos intentan ridiculizar, pero cuando les pones un micrófono a cualquiera de la acampada, ves que es gente que conoce sus derechos perfectamente. Luego ponle un micro a los niños de dieciséis años que llevan la Cruz de Borgoña, que no tienen ni idea de lo que ondean.

-¿Ha sido muy catártico escribir 'Fantasma'?

-No. Ha sido muy difícil. Más catártica está siendo la acogida. Escribirlo ha sido tortuoso. No hay ni un ápice de terapia en sus páginas. Lo he pasado fatal escribiendo, porque escribir, además, es muy difícil. Estás peleando todo el rato contra tu propia estupidez. La catarsis está siendo ahora que el libro está escrito y estoy hablando de él, recibiendo opiniones de lo que la gente siente y demás. Y quizás no es catártico, pero me genera una sensación de recompensa enorme. Pero la escritura es horrible (ríe).