“Es un honor y un privilegio ejercer la más alta responsabilidad en una institución bicentenaria, como la Armada Argentina, tan rica en historia y tradiciones. Es una tarea que exige responsabilidad y continuo compromiso, porque no hay que defraudar al personal que uno conduce”, confesó Romay (Fotos: Fernando Calzada)

“Es un honor y un privilegio ejercer la más alta responsabilidad en una institución bicentenaria, como la Armada Argentina, tan rica en historia y tradiciones. Es una tarea que exige responsabilidad y continuo compromiso, porque no hay que defraudar al personal que uno conduce”, confesó Romay (Fotos: Fernando Calzada)

En una entrevista exclusiva con DEF, el almirante Juan Carlos Romay, jefe de la Armada Argentina, habló sobre los desafíos de una Fuerza que lleva nueve años sin submarinos operativos: el estado de los buques, la situación del personal y la urgencia de recuperar capacidades. También se refirió a los Super Étendard, la Base Aeronaval Punta Indio, al proyecto de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego y al rol estratégico de la Armada en el Atlántico Sur.

“Es un honor y un privilegio ejercer la más alta responsabilidad en una institución bicentenaria, como la Armada Argentina, tan rica en historia y tradiciones. Es una tarea que exige responsabilidad y continuo compromiso, porque no hay que defraudar al personal que uno conduce”, confesó, no sin antes contar que, desde chico, soñaba con navegar y conocer otros lugares. Ese interés lo llevó, a los 12 años, a ingresar al Liceo Naval “Almirante Brown” y, en 1984, a la Escuela Naval. “Me encantaba mirar el mar e imaginarme navegándolo”, recuerda. Para el almirante, el espíritu aventurero sigue siendo parte de la esencia de la Fuerza y destaca especialmente el vínculo que se construye a bordo: “Un buque es una pequeña comunidad flotante” donde cada integrante, “desde el comandante hasta el panadero”, cumple una tarea imprescindible y “el lazo del trabajo en equipo se vuelve muy fuerte”.

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Además, y antes de meterse de lleno en el presente de la Armada, reflexionó sobre dos episodios que marcaron la identidad de la Fuerza: la guerra de Malvinas y el hundimiento del submarino ARA “San Juan”. Según contó, en 1982, siendo cadete, recuerda la emoción por la recuperación de las islas y, tras la derrota, el cambio de escenario: “No fuimos a Rosario y tuvimos que jurar la bandera en el patio cubierto del Liceo”. Sobre el submarino, admite: “Todavía es una herida que está presente”. A lo largo de su carrera, tomó contacto con algunos familiares de los 44 tripulantes y recuerda especialmente a la madre de Alejandro Tagliapietra: “Me pidió visitar el cenotafio de la Escuela Naval porque es el único lugar donde podía dejarle una flor a su hijo”.

En una entrevista exclusiva con DEF, el almirante Juan Carlos Romay, habló sobre los desafíos de una Fuerza que lleva nueve años sin submarinos operativos
En una entrevista exclusiva con DEF, el almirante Juan Carlos Romay, habló sobre los desafíos de una Fuerza que lleva nueve años sin submarinos operativos

-¿Considera que falta conciencia marítima?

-Subsanar eso es algo que me propuse cuando asumí. El primero de los objetivos. Aún falta esa conciencia. Por eso estamos llevando adelante acciones para despertarla y sumar conocimiento sobre nuestra historia naval como, por ejemplo, la reciente recreación del Bicentenario del Combate de los Pozos y de Quilmes.

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Trabajamos continuamente en la difusión del significado del espacio marítimo argentino.

-¿Está la Armada preparada para defender esos espacios?

-Sí. Lo más importante de la organización es el recurso humano. El personal de la Armada está muy capacitado y tanto oficiales como suboficiales son muy profesionales. A lo largo de su carrera, se formaron y tuvieron instancias de actualización.

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Probablemente, no tengamos los medios en la cantidad y con la actualización tecnológica que quisiéramos. Como todas las Fuerzas, sufrimos décadas de desinversión y es muy difícil poder recuperar algunos medios.

-¿Cómo vivió usted ese período de desinversión?

-Siendo oficial, lo primero que perdimos fue el portaaviones y, con ello, la capacidad de aviación embarcada. Me recibí y, al poco tiempo, dejamos de tener este sistema. Luego, perdimos el buque de desembarco para la Infantería de Marina. Años más tarde, se sumó otra pérdida, lo que en las Armadas del mundo se denomina la capacidad de minado y antiminado (que ahora está en boga con lo que sucede en el estrecho de Ormuz). Obviamente, la Armada hizo un esfuerzo para tratar de comprar buques nuevos de ese tipo.

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Para el almirante, el espíritu aventurero sigue siendo parte de la esencia de la Fuerza y destaca especialmente el vínculo que se construye a bordo
Para el almirante, el espíritu aventurero sigue siendo parte de la esencia de la Fuerza y destaca especialmente el vínculo que se construye a bordo

La cuestión es que pasa el tiempo y, con ello, el conocimiento del personal. Y eso es lo que me preocupa particularmente con respecto a la fuerza de submarinos.

-¿En qué estado se encuentra la fuerza de submarinos?

-Este año vamos a cumplir nueve años sin un submarino operativo, por eso manifiesto la necesidad de contar con estas unidades. En este momento, dependemos de la buena voluntad y de los vínculos de hermandad que tenemos con Perú, que nos permiten que, una vez que nuestros efectivos cursan en la Escuela de Submarinos para convertirse en submarinistas, puedan tener una práctica profesional: los egresados se trasladan allá durante aproximadamente 20 días para realizar las prácticas. Cabe destacar que, durante el ejercicio fraterno, nuestros submarinistas tuvieron la posibilidad de navegar en el nuevo submarino brasileño Humaitá.

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En este momento, contamos con el submarino ARA “Salta”, que no está operativo, pero que usamos para que puedan conocer el sistema, porque a bordo, la cuestión de válvulas o los sistemas de planos varían de acuerdo con las profundidades. Es una actividad riesgosa, por eso buscamos lograr que el submarinista pueda recorrer el buque con los ojos cerrados.

-¿Por qué es importante para Argentina tener un submarino?

-Por la inmensidad y el lugar que tenemos en el Atlántico Sur. No podemos pensar la Armada sin submarinos. Nuestro mar, hasta la Zona Económica Exclusiva, tiene una superficie de 2.678.000 kilómetros cuadrados (prácticamente, la misma que la continental argentina). Asimismo, debe considerarse la extensión de la plataforma, tras el estudio realizado por la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA). Recordemos que, en relación con el derecho internacional del mar, la plataforma submarina, de acuerdo con su composición y características geológicas, puede extenderse hasta lo que se denomina el talud continental, alcanzando determinadas distancias que permiten ampliar la extensión de la plataforma. Esto genera una proyección marítima de particular interés para nuestro país. También son de nuestro interés las aguas que circundan la península Antártica. Naturalmente, se trata de espacios que presentan una situación jurídica particular, pero constituyen áreas de especial relevancia porque nosotros tenemos presencia en el Continente Blanco.

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"Este año vamos a cumplir nueve años sin un submarino operativo, por eso manifiesto la necesidad de contar con estas unidades", destacó Romay
“Este año vamos a cumplir nueve años sin un submarino operativo, por eso manifiesto la necesidad de contar con estas unidades”, destacó Romay

-¿Qué lugar ocupan los sistemas no tripulados?

-Estamos trabajando. Afortunadamente, vivimos en una región de paz y no tenemos conflictos armados. Pero la doctrina y las tácticas se van actualizando. En este momento, muchos ven la guerra de Ucrania, donde se emplean drones, así que se están actualizando las tácticas en todo el mundo.

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Tuve la oportunidad de participar, como invitado, en un foro de jefes de las Armadas europeas. La experiencia que ellos tienen es que, en los lugares que nosotros denominamos aguas confinadas (espacios más cerrados y reducidos), los drones son efectivos. En zonas de aguas abiertas, todavía se requieren medios convencionales.

-Quizá no tenemos conflictos armados, pero estratégicamente estamos cerca de pasos como el estrecho de Magallanes o el canal de Panamá…

-El Atlántico Sur es un lugar estratégico porque, en esta región, tenemos los principales pasos bioceánicos para conectar el Atlántico con el Pacífico, ya sea a través del estrecho de Magallanes, que pertenece a Chile, o, por el extremo sur, el cabo de Hornos. A su vez, el avance tecnológico permite que obtener recursos del océano sea más viable para determinadas empresas o países, como está pasando con la explotación de petróleo al norte de Malvinas. Entonces, para nosotros, es importante contar con una buena vigilancia y control de todos nuestros espacios marítimos y poder de disuasión.

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A nivel internacional, estamos viendo una competencia geopolítica en la que los Estados más poderosos buscan asegurar su predominio en determinadas regiones. Esa competencia también se extiende al ámbito marítimo. Lo que está ocurriendo en Medio Oriente, por ejemplo, alrededor de los estrechos y rutas marítimas estratégicas, demuestra la importancia que revisten estos pasos para el comercio y para la seguridad internacional.

-¿La Armada está solo enfocada en el control y vigilancia de la milla 200 o es mucho más que eso?

-Esa es una tarea subsidiaria. Por supuesto que lo hacemos porque es parte de la protección de nuestros recursos. Pero la función de la Armada es la defensa del país, que empieza mucho más allá de la costa: es estar a varias millas de distancia y tener presencia.

-¿Cómo describe el presente de la Armada?

-Hay un punto de inflexión. Afortunadamente, este gobierno se propuso recuperar las capacidades de las Fuerzas Armadas. Miramos con optimismo hacia delante. A propósito, quisiera recalcar la necesidad de que existan políticas de Estado que trasciendan las distintas gestiones de gobierno. Porque, sobre las capacidades que perdimos, por más que una gestión tenga la mejor voluntad, no se puede recuperar todo en poco tiempo.

"El Atlántico Sur es un lugar estratégico porque, en esta región, tenemos los principales pasos bioceánicos para conectar el Atlántico con el Pacífico, ya sea a través del estrecho de Magallanes, que pertenece a Chile, o, por el extremo sur, el cabo de Hornos", dijo el Jefe de la Armada
“El Atlántico Sur es un lugar estratégico porque, en esta región, tenemos los principales pasos bioceánicos para conectar el Atlántico con el Pacífico, ya sea a través del estrecho de Magallanes, que pertenece a Chile, o, por el extremo sur, el cabo de Hornos”, dijo el Jefe de la Armada

Lamentablemente, los medios que usa la Armada son los más costosos. Lo importante es verlo como una inversión para la defensa del país y no como un gasto.

-¿Cuál es el estado actual de los buques de la Armada?

-Lo primero que debe tener una Armada son barcos. Pero no es algo fácil de adquirir. En última instancia, la decisión es política y se toma en el más alto nivel. Lo mismo ocurrirá con la posible adquisición de submarinos. Insisto, estos últimos son mi prioridad porque, si siguen pasando los años, también vamos a perder el conocimiento del personal.

Nosotros valoramos que se hayan recuperado capacidades para la aviación naval, como los P3-Orion para la vigilancia marítima, helicópteros o patrulleros. Con respecto a los buques, no nos queda mucho tiempo más. Pero, con el esfuerzo y el profesionalismo del personal, todavía navegan. Eso enorgullece.

-¿Por ejemplo?

-Recientemente, el más antiguo de nuestros destructores tuvo una novedad en la línea de eje y en la hélice. Lo ingresaron al dique y vieron el problema. Coincidió con un viaje que hice para conocer al personal y transmitirle los trabajos en materia salarial y obra social. Así que visité el Arsenal y conocí a un agente civil, de más de 30 años de antigüedad, que me mostró la hélice desarmada y cómo la estaban arreglando. Lo hicieron y estaban orgullosos porque el buque pudo navegar rumbo a Perú para un ejercicio.

-¿Cuáles son las principales deudas pendientes? ¿Consideran los temas salariales y la crisis de la obra social?

-Ese es uno de los objetivos que nos propusimos con el ministro de Defensa, teniente general Carlos Alberto Presti. En mi gestión, tengo que cumplir con la misión, pero siempre preocupándome por el bienestar de nuestro personal. Hay buenas expectativas.

Con el ministro Presti, hablamos todos los días sobre estos temas. Es un momento difícil, a veces es duro no tener una respuesta para el marinero o el cabo.

-Ahora el personal cobra un suplemento por título, ¿eso impactó positivamente?

-Este suplemento por título es una vieja aspiración de las Fuerzas Armadas, porque ya lo percibían las de Seguridad hace varios años y en la administración pública también se paga. Para nosotros, es un paso adelante. Por supuesto, todavía tenemos que seguir buscando mejorar salarialmente para que la retribución sea acorde a la tarea y responsabilidad que las Fuerzas llevan adelante. De nosotros, dependen el personal y los medios costosos. Además, en las Fuerzas Armadas, las guardias, por ejemplo, no se pagan extra. Entonces, todo el patrimonio, incluidos edificios y armamento, es protegido por los hombres y mujeres que cumplen con las guardias. Eso es parte del servicio.

"Lo primero que debe tener una Armada son barcos. Pero no es algo fácil de adquirir", remarcó Romay
“Lo primero que debe tener una Armada son barcos. Pero no es algo fácil de adquirir”, remarcó Romay

-¿Qué sucede con Punta Indio?

-Empezamos un trabajo para analizar la organización de la Armada. En estos 40 años, vivimos una disminución presupuestaria y de medios; eso afectó la infraestructura que, en el caso de las FF. AA., suele tener más de 100 años. Entonces, se fue deteriorando. Otra cuestión: también se redujo la cantidad de personal. Por eso, cuando analizamos la cuestión orgánica, debimos ajustar internamente varias cosas. El año pasado, el Consejo Aeronaval, que incluye a los oficiales superiores más antiguos de la aviación, concluyó que se debían establecer prioridades. Entonces, se determinó que podíamos reducir las actividades en Punta Indio y concentrar todo en la Base Comandante Espora.

Esto no se basa ni en una orden del gobierno ni del ministro Presti. Además, la mudanza se va a planificar. Lo más realizable en el corto plazo es llevar la Escuela de Aviación y a las aeronaves de la Escuadrilla de Vigilancia Marítima (a Espora), que son los B-200. Por otro lado, lo más importante que debe tener una base aeronaval es la pista principal y, en Punta Indio, está muy degradada.

-¿Cuál es el tema con los Super Étendard?

-Hacía años que los de Malvinas no volaban. Luego, se sumaron los que se compraron en el marco del G-20. Estos, por distintas circunstancias, nunca pudieron ponerse en servicio. Y, cuanto más pasa el tiempo, más difícil es poder activarlos. Se vencieron algunas certificaciones, no se pudieron obtener repuestos.

Se está evaluando su reemplazo, pero considerando que son varias las capacidades a recuperar, en este momento, las prioridades son otras: submarinos y barcos.

-En la Armada, ¿sobran efectivos o faltan medios?

-En realidad, nos faltan efectivos. La Armada tiene un despliegue territorial importante, con sus bases y medios.

Aunque, cuanto más modernos son los medios, se puede tener menos gente. El personal que tenemos en este momento es el que permite que la Fuerza pueda funcionar y, a veces, no alcanza.

-¿Cuál es el futuro de la Base Naval Integrada de Tierra del Fuego?

-Es un proyecto que la Armada tiene desde 1983. El año pasado, como director de Educación de la Fuerza, cerré un seminario en la UNDEF e insistí en que la iniciativa tiene más de 40 años, y la Armada –y el país– está perdiendo oportunidades y presencia. En el presente, la mayoría de los buques de diferentes países que hacen sus proyectos antárticos, van hacia Punta Arenas, en Chile, donde tienen más servicios. Si los buques pudieran hacer su logística en Tierra del Fuego, se quedarían allí. Es estratégico.

-¿Cómo viven el aumento de ejercicios bilaterales, principalmente con países como Estados Unidos?

-Es altamente positivo, sobre todo para los que estamos en la Armada. Nosotros tenemos siempre una mirada de conexión internacional. Es una manera de jugar en primera, bajo los estándares de las principales marinas del mundo.

-La Armada tiene bajo su órbita la formación de los marinos mercantes, ¿cuál es el motivo?

-La formación se da a través de la Escuela Nacional de Náutica. Por ley, esta misión recae en la Armada. Cabe destacar que, tradicionalmente, está establecido que la Marina Mercante es una reserva de las marinas de guerra. Por eso, en muchos países son las Armadas las que tienen la misión de formar a la Marina Mercante.

"Nosotros valoramos que se hayan recuperado capacidades para la aviación naval, como los P3-Orion para la vigilancia marítima, helicópteros o patrulleros", explicó el Jefe de la Armada (Fotos: Fernando Calzada)
“Nosotros valoramos que se hayan recuperado capacidades para la aviación naval, como los P3-Orion para la vigilancia marítima, helicópteros o patrulleros”, explicó el Jefe de la Armada (Fotos: Fernando Calzada)

-¿Qué es lo que más le gusta de esta carrera?

-A mí me gusta navegar; eso se extraña. Ser comandante tiene algo particular. Se habla de la soledad del comando, de que el comandante mantiene cierta distancia con el resto de la tripulación. Por ejemplo, cuenta con su propio comedor y sus espacios. Eso le permite tener la perspectiva necesaria para reflexionar y tomar decisiones. Es parte de la tradición de la Armada.

Es una vida muy sacrificada, pero cuando a uno le gusta y abrazó esta profesión porque la ama, suelta amarras y es feliz.

-¿Qué mensaje les daría a los más jóvenes de la Armada que hoy atraviesan dificultades y dudan si continuar en la Fuerza?

-Que perseveren y tengan confianza. La Armada siempre te brinda la posibilidad de realizarte tanto profesional como personalmente. Por eso, deben pensar que la Fuerza, como nosotros decimos, es una gran familia naval.

Que confíen en que las autoridades, junto con el Ministerio de Defensa y el Gobierno, estamos llevando adelante todas las gestiones y haciendo el máximo esfuerzo para que la situación mejore.