Cristina Ruiz Madrid

Actualizado Miércoles, 19 agosto 2026 - 01:53

Que la actividad física reduce el riesgo de demencia es una idea asentada en la literatura científica desde hace años. Pero ahora, un metaanálisis publicado en The Lancet Public Health y liderado por David Raichlen (USC Dornsife College of Letters, Arts and Sciences), añade un matiz: no toda la actividad física protege por igual. El contexto en el que se realiza -trabajo u ocio- parece determinar si el movimiento beneficia o no al cerebro.

El equipo investigador analizó datos de 74 estudios de cohortes y de casos y controles, con la participación de más de 4,2 millones de personas de entre 45 y 93 años en 30 países, con un seguimiento mediano de 10 años. Las personas con niveles más altos de actividad física de ocio -caminar, nadar, correr, montar en bicicleta o practicar deporte- presentaron un riesgo de demencia un 24% menor que las menos activas. La actividad física doméstica también pareció beneficiosa, aunque la evidencia procede de un único estudio.

En cuanto a la actividad física ocupacional se asoció con un riesgo de demencia un 20% mayor. Los desplazamientos activos al trabajo mostraron un incremento modesto del riesgo, aunque este último hallazgo se basa en solo dos estudios.

Para saber más

"Los resultados desafían la creencia largamente asumida de que 'todo movimiento cuenta' para la salud cerebral", ha señalado Natan Feter, primer firmante del estudio, investigador postdoctoral en el Laboratorio de Biología Evolutiva de la Actividad Física de Raichlen en la USC e investigador del Programa de Posgrado en Epidemiología de la Universidade Federal do Rio Grande do Sul (Brasil).

Una paradoja ya conocida en cardiología

Los autores enmarcan el hallazgo dentro de la llamada paradoja de la actividad física, bien documentada en investigación cardiovascular: los trabajos físicamente exigentes no aportan los mismos beneficios para la salud que el ejercicio voluntario, y podrían incluso aumentar el riesgo de enfermedad. Este metaanálisis es, según sus autores, el primero en examinar de forma sistemática si esa paradoja se extiende también a la demencia.

Lucrecia Moreno, catedrática de Farmacología y directora de la Cátedra DeCo para el Estudio del Deterioro Cognitivo de la Universidad CEU Cardenal Herrera, en declaraciones a SMC España, sitúa el hallazgo en el marco de la evidencia ya existente: "Hay mucha evidencia sobre la llamada paradoja de la actividad física y de lo que se concluye en el metaanálisis: a mayor ejercicio total más prevención de demencia y a mayor ocupación física durante la vida laboral, menor prevención", explica. Y apunta una posible explicación: "Quizás por menor dedicación intelectual; son muchos los años de vida laboral".

No meter a todos los trabajos físicos "en el mismo saco"

Para los autores del metaanálisis, los perjuicios asociados a la actividad física ocupacional probablemente no se deban al movimiento en sí, sino a las condiciones sociales y ambientales que suelen acompañar al trabajo físicamente exigente: estrés psicosocial, menor control sobre las tareas, exposición a riesgos laborales y contaminación, y menos oportunidades para el ejercicio recreativo por fatiga o falta de tiempo.

En este punto, Moreno señala una limitación en la propia forma de clasificar la actividad laboral: "Hay que afinar más y no poner a todos en el mismo saco. La clasificación de la población sobre actividad laboral divide entre trabajos físicos (o manuales) e intelectuales. Creo que aquí está el sesgo de solo considerar actividad física o sedentaria y no tener en cuenta la reserva cognitiva o el propositivo de la vida".

Según la farmacóloga, "es muy importante estudiar cómo se interrelacionan todos los aspectos y no mirar de forma aislada cada factor".

Limitaciones

El metaanálisis no está exento de limitaciones, y los propios autores las señalan con claridad. La evidencia sobre actividad doméstica y desplazamientos activos es todavía escasa. La mayoría de los estudios disponibles proceden de países de renta alta, pese a que se espera que los países de renta baja y media experimenten el mayor incremento de casos de demencia en las próximas décadas. Y casi todos se basan en actividad física autodeclarada, lo que puede introducir sesgo de memoria.

Moreno coincide en este diagnóstico: "Los autores son bastante contundentes respecto a las limitaciones: la mayoría de los estudios utilizan datos de actividad física autorreferida. Hay pocos estudios de alta calidad, los seguimientos largos son escasos, etc. Pero, sobre todo, faltan estudios prospectivos aleatorizados que permitan establecer causalidad".

Precisamente por tratarse de un análisis basado en estudios observacionales, los investigadores insisten en que los resultados no implican que deba evitarse el desempeño de trabajos físicamente activos, ni que pueda establecerse una relación causal entre actividad ocupacional y demencia.

Raichlen enmarca estas limitaciones en el mensaje de fondo del estudio: el contexto de la actividad física importa tanto como el movimiento en sí. "Mejorar el acceso a parques seguros, rutas para caminar e instalaciones recreativas, garantizar que las personas dispongan de tiempo libre suficiente para hacer ejercicio, y reducir las exposiciones laborales nocivas podrían llegar a ser tan importantes como promover la actividad física en sí misma", ha declarado.

Controlar el estrés laboral y cuidar la salud cerebral

Más allá de la evidencia epidemiológica, el estudio plantea una reflexión sobre cómo trasladar este conocimiento a la práctica clínica y a la población general. Para Moreno, el mensaje que deja el metaanálisis es doble: "El estudio recuerda la importancia de divulgar el conocimiento para que las personas sepan de la importancia de la reserva cognitiva si solo dedicas tu actividad laboral a la parte física y manual. Y viceversa, la importancia del ejercicio físico en la ocupación sedentaria".

Y añade una conclusión que, dice, es la más importante de todas: "Aprender a controlar en ambos casos el estrés laboral y cuidar la salud cerebral".