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- Autor, Isabelle Gerretsen
- Título del autor, BBC Future
Fecha de publicación 16 octubre 2026
Actualizado 1 hora
Tiempo de lectura: 11 min
La primera vez que los científicos encontraron grandes tiburones blancos muertos en las costas de Sudáfrica, no daban crédito a sus ojos.
Todos presentaban las mismas marcas de mutilación —tenían el cuerpo desgarrado y les habían extraído el hígado—, lo que apuntaba al mismo culpable.
Estas mortales tácticas se observan ahora en todo el mundo.
El 3 de mayo de 2017, los restos de un enorme tiburón blanco recalaron en la costa de Gansbaai, un pueblo de pescadores cercano a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. El tiburón hembra pesaba 1.100 kg y presentaba una herida abierta en el vientre por la que le habían extraído su hígado, de 90 kg.
"Nos preguntamos: '¿Qué demonios ha hecho esto?'", recuerda Alison Towner, quien dirigió la necropsia del tiburón muerto.
Otros cinco grandes tiburones blancos muertos aparecerían en los meses posteriores. Todos con las mismas heridas características; los habían desgarrado y les habían quitado el hígado.
Según Towner, bióloga especializada en tiburones de la Universidad de Rhodes en Grahamstown, Sudáfrica, "fue extraordinario".
"A esas alturas había visto cientos de grandes tiburones blancos... pero jamás los había visto varar uno tras otro, una y otra vez", recuerda.
Fue la primera señal de que se libraba una batalla submarina.
Como supo más tarde, una que tendría repercusiones en los océanos de todo el mundo.

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Los sospechosos
Towner hizo las necropsias de todos los tiburones y, al observar el mismo patrón de mutilación, sospechó de inmediato de dos culpables: una par de orcas bautizadas como Puerto y Estribor.
Estas dos orcas macho, que se cree que son hermanos, aparecieron por primera vez en las inmediaciones de Ciudad del Cabo en 2015.
Las bautizaron como Puerto y Estribor debido a sus singulares aletas dorsales, caídas hacia la izquierda y la derecha respectivamente.
Poco después de avistar a la pareja de orcas, los buceadores se toparon con un grupo de tiburones de siete branquias de hocico ancho muertos.
Los corpulentos cuerpos de estos escualos de aspecto prehistórico presentaban desgarros y no tenían hígado.
"Puerto y Estribor llegaron justo cuando los buceadores sacaban los cadáveres del agua", relata Towner.
"Estábamos con las víctimas y los culpables en el lugar, pero en aquel momento no logramos comprender lo sucedido".
Los biólogos marinos y el público siguieron avistando a las dos orcas a lo largo de la costa de Ciudad del Cabo, incluso en los alrededores de la isla Dyer, conocida en el pasado como "el autoservicio de McDonald's para los grandes tiburones blancos" a causa de que los escualos que patrullaban la zona durante los meses de invierno en busca de focas, según explica Towner.
"Nadie dudaba de que la isla Dyer fuera uno de los mejores lugares del planeta para ver un gran tiburón blanco", señala.
Sin embargo, desaparecieron de repente. "Se esfumaron de la noche a la mañana", cuenta Towner.
Como otros expertos, tenía sospechas, pero tuvieron que esperar hasta 2022 para vincular de forma oficial a las orcas con las muertes de los tiburones. "Parecía una investigación criminal... juntábamos indicios, pero faltaba la prueba definitiva. Entonces la conseguimos".

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Un duelo entre grandes depredadores
El 16 de mayo de 2022, un operador aficionado de drones filmó a tres orcas atacando a un gran tiburón blanco de 3 metros de longitud frente a la costa de la bahía de Mossel, a 400 km al este de Ciudad del Cabo.
Durante el encuentro, una de las tres orcas se valió de su hocico para empujar al tiburón hacia la superficie y voltearlo sobre su costado derecho, antes de morder una zona cercana a las aletas pectorales y liberar un charco de sangre.
Una de las orcas se sumergió a continuación con el tiburón en la boca, mientras otra pareció agarrar la cola del escualo antes de perderse de vista.
Más recientemente se ha avistado también a orcas matando a grandes tiburones blancos frente a las costas de California y Australia, lo que demuestra su notable destreza en la caza, su inteligencia y su trabajo en equipo.
Ante el cambio climático y las presiones ambientales que han hecho a estas dos especies aproximarse cada vez más, los científicos advierten que la batalla en curso entre los principales superdepredadores marinos genera ramificaciones drásticas para la vida en el océano.
Las orcas y los grandes tiburones blancos ocupan la cúspide de sus respectivas cadenas tróficas y cumplen una función ecológica relevante en el mar. Ambas especies compiten por presas semejantes como focas y delfines.
Las orcas son el único depredador conocido del gran tiburón blanco. Towner señala que son muy selectivas en su búsqueda de los órganos de los que obtienen sustento, y el hígado constituye la parte más nutritiva de un escualo.
Los grandes tiburones blancos emplean sus grandes hígados como enormes reservas de energía para las grandes migraciones que a menudo tienen que emprender y para mantenerse a flote.
El hígado de un ejemplar adulto representa hasta el 28% de su peso corporal, mientras que el 90% de su volumen procede de lípidos altamente energéticos.
Científicos australianos también han documentado casos de orcas que extraen el hígado de los tiburones, así como el músculo pectoral de los pingüinos, según indica Isabella Reeves, bióloga marina especialista en orcas de la Universidad de Australia Occidental.
Deborah Giles, científica especializada en orcas de la Universidad de California en Davis, apunta que resulta complejo determinar si esta estrategia de caza constituye una conducta nueva o si simplemente se está registrando con mayor frecuencia debido a la proliferación de cámaras subacuáticas y drones sobre el mar.
Sea como sea, la táctica evidencia la "extrema inteligencia" de las orcas y su aptitud para aprovechar los recursos disponibles en sus territorios de origen.
Reeves coincide en que las orcas poseen ventaja debido a su cultura y a que viven en sociedades estructuradas por familias con normas y bases claras.
Las orcas viven y cazan en grupos sociales denominados manadas, y emplean "dialectos" vocales únicos para comunicarse entre sí. Demuestran una gran coordinación en sus tácticas de caza, según relata Towner.
Los grandes tiburones blancos, en cambio, son animales esencialmente solitarios.

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Solo en raras ocasiones, se han visto orcas cazando en solitario.
El 18 de junio de 2023 Estribor fue filmado atacando solo a un gran tiburón blanco.
Mató a un tiburón joven de 2,5 metros y le extrajo el hígado en menos de dos minutos.
Unos turistas a bordo de una embarcación filmaron a la orca con el hígado del tiburón en la boca, mientras las gaviotas carroñeaban los restos de aceite hepático que habían quedado en la superficie del mar.
Al día siguiente, el cadáver de un segundo tiburón mutilado de 3,5 metros apareció en la costa cercana, lo que hace pensar que Estribor acabó con dos grandes tiburones blancos en aquellas fechas.
"Esto nos demostró que Estribores un depredador muy sofisticado... que no necesita cómplices", afirma Towner.
Tiburones paralizados
Erick Higuera, biólogo marino y cineasta especializado en vida silvestre en Baja California, México, no creía lo que veían sus ojos al revisar en 2020 un fragmento de las grabaciones de su dron.
Higuera, quien dirige el programa de orcas de las organizaciones sin ánimo de lucro Conexiones Terramar y Pelagic Life, había filmado a un grupo de cinco orcas cazando a un tiburón en el golfo de California.
En las imágenes, las orcas empujan al gran blanco hacia la superficie antes de volcarlo entre todas. A continuación, arrastran al escualo bajo el agua y emergen ya con el hígado en la boca.
"Las orcas embistieron al tiburón y lo golpearon. Después le extrajeron el hígado y se lo comieron", afirma Higuera.
"No mostraron señales de consumir el cadáver, únicamente el hígado".

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Las orcas pertenecen a la manada Moctezuma, bautizada así por un destacado macho adulto que tenía el nombre del emperador azteca.
El grupo ya había sido visto cazando rayas de Mobula en 2018.
Dos años después pasaron a capturar presas de mayor tamaño: grandes blancos y tiburones ballena.
En 2022 Higuera filmó a cinco orcas de la manada Moctezuma mientras cazaban a otro gran tiburón blanco joven. Las orcas empujaron al escualo sobre su lomo y lo elevaron hasta la superficie.
Girar al tiburón provoca en él un estado de parálisis denominado inmovilidad tónica, según indica Higuera: "Se trata de una parálisis natural y temporal que se produce cuando el escualo se invierte, lo deja completamente inerte y le impide reaccionar por al menos un minuto", tiempo suficiente para la destreza mortal de las orcas.
"Una vez neutralizado el tiburón de forma segura, las orcas pueden seccionar su abdomen con facilidad para extraer y consumir el hígado, rico en energía, sin arriesgarse a sufrir las lesiones de un contraataque".
Esta estrategia de caza constituye una conducta aprendida, explica Higuera: "Corresponde a un aprendizaje cultural dentro de esta familia; transmiten a través de las generaciones una información que proviene de la matriarca".
El calentamiento de las aguas ha incrementado la presencia de grandes tiburones blancos jóvenes en las aguas del golfo de California, lo que los sitúa en el hábitat y radio de acción de la manada Moctezuma, explica Higuera.
"El cambio climático aproxima a estos superdepredadores, aunque no modifica directamente su forma de cazar; genera oportunidades para que las orcas apliquen sus sofisticadas estrategias de caza ya existentes a un nuevo objetivo".
Este cambio también ocurre en otros lugares.
La depredación de grandes blancos por parte de orcas también se ha documentado en Australia.
En octubre de 2023, el cadáver de un gran tiburón blanco de 4,7 metros de largo recaló en el sureste de Australia. Le faltaban el hígado y los órganos digestivos y reproductores.
"Hicimos el trabajo forense, como se hubiera hecho en cualquier lugar de un crimen, y confirmamos la presencia de ADN de orca en las heridas. Fue la primera depredación confirmada en aguas australianas", señala Reeves, quien dirigió la investigación.
La depredación de grandes blancos por parte de orcas se ha presenciado en otros puntos de la costa australiana, si bien sigue siendo poco frecuente debido a que son escasas las zonas en las que ambos superdepredadores coinciden, indica Reeves.
La huida de los grandes tiburones blancos
Los ataques de las orcas han provocado cambios drásticos en el comportamiento de los grandes tiburones blancos en Sudáfrica.
Según explica Towner, han abandonado de forma abrupta su hábitat previo en el Cabo Occidental para adentrarse mar adentro o desplazarse hacia el este de la costa.
La bióloga marina establece un símil con la conducta de los depredadores en el Serengueti (Tanzania).
"Supongamos que introducen leones en una zona donde los leopardos son el principal depredador; los leopardos empiezan a buscar alimento de noche para evitar coincidir con los leones durante el día. Sin embargo, los perros salvajes africanos actúan de otro modo completamente distinto: se marchan por completo. Suponemos que los grandes tiburones blancos se asemejan mucho a los perros en su reacción ante otro superdepredador inédito en su territorio".

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La población de grandes tiburones blancos en Sudáfrica ya se encontraba al límite antes de que se descubrieran los ataques de las orcas.
Un estudio realizado en 2016 concluyó que estos escualos se enfrentaban a la extinción debido a la caza furtiva por la demanda de sus mandíbulas y aletas, la contaminación, el agotamiento de sus fuentes de alimento y el empleo de redes y anzuelos cebados.
Un estudio de 2015 reveló una diversidad genética extremadamente baja.
Desde entonces, la población ha experimentado un retroceso adicional, tal como advierte Sara Andreotti, bióloga marina de la Universidad de Stellenbosch.
Aunque muchos ejemplares mueren de forma accidental cuando son capturados en la pesca de otras especies, las redes instaladas en la costa para mantenerlos lejos de las playas más concurridas constituyen la principal causa legal de mortalidad, seguida de la pesca con palangre, que elimina a los tiburones jóvenes y pequeños que componen la base de su dieta.
La caza de las orcas agrava este declive y desencadena importantes repercusiones en el ecosistema marino global.
En la bahía de False (Ciudad del Cabo), donde se documentó una población estable hasta 2015, los grandes tiburones blancos habían desaparecido por completo en 2018. Un estudio indicó que las orcas probablemente tuvieron un papel en la caída de la población.
Un patrón de huida similar se ha registrado frente a las costas de California.
Breves visitas de orcas desplazaron a los grandes tiburones blancos del Farallon Sureste, un islote situado a unos 43 kilómetros al oeste de San Francisco.
Los datos de rastreo electrónico demostraron que los escualos abandonaron la zona a los pocos minutos de la llegada de las orcas y no regresaron hasta la temporada siguiente, lo que redujo los ataques a los elefantes marinos entre cuatro y siete veces durante su ausencia.

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Al contribuir al alejamiento de los grandes tiburones blancos de sus lugares de agregación —las áreas geográficas específicas donde se concentran de manera natural animales de una misma especie— tradicionales en el Cabo Occidental, las orcas ya tienen un impacto en otras especies, entre ellas los pingüinos africanos, en peligro crítico de extinción, que afrontan una mayor depredación por parte de los tiburones, según apunta Towner.
Por otro lado, otra clase de escualo, el tiburón cobrizo, ocupa ahora el territorio en el que los grandes blancos no están presentes, indica Towner.
Estos animales se han convertido el principal objetivo en las inmersiones en jaula ante la ausencia de tiburones blancos en el Cabo Occidental.
Según un reciente estudio, la desaparición de los grandes blancos en la bahía de False (Ciudad del Cabo) tiene un efecto dominó en la cadena trófica que propicia el incremento de sus presas, en especial los lobos marinos sudafricanos y los tiburones de siete branquias de hocico ancho. A su vez, este fenómeno provoca el descenso de peces y tiburones de menor tamaño.
Cuando las orcas desplazan o matan a los grandes tiburones blancos de una parte del litoral, las consecuencias ecológicas resultan notables, afirma Towner: "Ya observamos esos efectos en tiempo real".
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