
Panamá reportó nueve casos confirmados de COVID-19 durante la semana epidemiológica 38 de 2026.
El registro elevó a 1.023 el acumulado de contagios notificados en el país desde el inicio del año.
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Pablo González, jefe nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud (Minsa), informó que la positividad bajó al 1,7%, un resultado inferior al de la semana previa. La reducción coincidió con un escenario de circulación viral limitada.
La situación actual del COVID-19 en Panamá muestra una transmisión baja, con nueve nuevos diagnósticos en la semana epidemiológica 38 y ocho pacientes hospitalizados.
Seis personas permanecen en sala y dos reciben atención en unidades de cuidados intensivos, mientras el Minsa sostiene que el aislamiento de casos positivos y la vacunación ayudaron a reducir los contagios.

El sistema de salud mantiene bajo vigilancia a ocho personas internadas por la enfermedad. De ese total, seis están en salas regulares y dos se encuentran en unidades de cuidados intensivos (UCI).
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González atribuyó el descenso de la circulación del virus a las estrategias aplicadas desde el inicio de la emergencia sanitaria. Entre ellas mencionó el aislamiento de las personas con diagnóstico positivo y la vacunación.
El epidemiólogo sostuvo que las prácticas de prevención adoptadas durante la pandemia también pueden limitar la propagación de otras infecciones respiratorias y gastrointestinales.
La recomendación del Minsa incluye el lavado frecuente de manos con agua y jabón. La entidad también aconseja usar mascarilla ante síntomas respiratorios o cuando las condiciones lo requieran, evitar las aglomeraciones y acudir a un centro de salud frente a signos de alarma.
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El funcionario señaló que Panamá suscribió hace dos años el Tratado de Prevención, Preparación y Respuesta ante Futuras Pandemias que se encuentra en evaluación para atender las carencias que quedaron expuestas durante la crisis sanitaria.

El especialista explicó que la revisión busca reducir las brechas vinculadas al acceso a medicamentos, vacunas e insumos.
Según el jefe nacional de Epidemiología, esas dificultades afectaron en mayor medida a los países con menores posibilidades para responder ante una pandemia. El análisis también incluye las herramientas de bioseguridad que ayudaron a disminuir la transmisión de varias enfermedades.
Las medidas preventivas adquirieron relevancia durante los períodos de mayor incidencia. La experiencia dejó protocolos de vigilancia, diagnóstico y contención que continúan como parte de la respuesta sanitaria.
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La trayectoria oficial del COVID-19 en Panamá comenzó el 9 de marzo de 2020, cuando las autoridades confirmaron el primer caso en una mujer panameña de 40 años que había llegado desde España.
El país atravesó varias olas entre 2020 y 2021, período durante el cual aumentaron tanto los contagios como las muertes asociadas a la enfermedad.
Los registros oficiales del Minsa y del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) muestran que el impacto sobre la mortalidad se concentró en esos dos años. El total de defunciones por todas las causas creció de manera marcada frente a 2019.
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Solo en 2021 se atribuyeron directamente al COVID-19 al menos 3.510 fallecimientos, cifra que reflejó la presión que la enfermedad ejerció sobre el sistema sanitario en la etapa inicial de la pandemia.
El Estado aplicó desde el primer diagnóstico medidas para contener la transmisión. El aislamiento de los casos positivos y la vacunación formaron parte de esas acciones, junto con otras disposiciones de prevención.
Para 2022 y los primeros meses de 2023, el acumulado de casos confirmados superó el millón. Las defunciones reconocidas oficialmente se ubicaron entonces cerca de 8.600.
La evolución posterior mostró una disminución de la carga de la enfermedad. Los informes epidemiológicos recientes describieron varios miles de diagnósticos anuales y menos de un centenar de muertes por COVID-19 durante 2025.
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Hasta el momento, Panamá no registra defunciones por esta causa. El comportamiento actual contrasta con las olas de los primeros años de la emergencia.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) acompañaron la respuesta panameña desde el inicio. Los organismos brindaron lineamientos técnicos y apoyo para los protocolos de vigilancia, diagnóstico y contención.