11 de julio, 2026 - 07h00

En el actual campeonato mundial de fútbol, en México, un hombre, los 90 minutos del partido de la República Democrática del Congo, permaneció parado como estatua en el estadio. Era un congoleño que simuló ser el monumento dedicado a Patrice Lumumba en Kinshasa. Lo conocen en su país como Lumumba Vea (‘Lumumba vive’) y es muy popular. Los jugadores pidieron que vaya con ellos a los juegos.

¿Qué memoria de Lumumba guarda el pueblo congoleño en su corazón? Se trata de un gran líder que luchó por la independencia de su nación del Reino de Bélgica y que, lograda, debió seguir en la brega como primer ministro, porque la potencia colonizadora no quiso renunciar a sus intereses económicos (y personales del rey Leopoldo) de un siglo en la explotación minera, brutalizando a los trabajadores negros.

La rapacidad quiso la secesión de Katanga, la rica provincia minera, con la complicidad de agentes internos. Bélgica mandó sus tropas, que el Gobierno de Lumumba no pudo sacar por el compromiso del secretario general de la ONU con dicha potencia. También sufrió la traición del jefe de Estado en quien confiaba; fue arrestado con varios parlamentarios por el nuevo régimen, que persiguió a los partidarios de Lumumba, instaurando el terror. En prisión, él apenas comía, no lo dejaban usar zapatos ni cambiarse de ropa y lo ejecutaron con el respaldo de las autoridades belgas, descuartizaron su cuerpo y lo disolvieron con ácido creyendo que matarían así el sueño del pueblo congoleño por su libertad. Según documentos desclasificados hace dos décadas, el Reino Unido apoyó a Bélgica y EE. UU. en su propósito de eliminar a Lumumba, quien denunció el hallazgo de documentos que probaban que la potencia americana había pagado 30 millones de francos para un golpe de Estado en el Congo.

La historia del pueblo congolés y del hombre cuyo nombre llevan muchas calles en África revela el talante ominoso de la dominación de un país por otro. Europa se repartió el continente africano en el siglo XIX, que en 1914 se aproximó al 90 % de su territorio. Revela lo que acontece cuando un pueblo se levanta y los retos para lograr su plena liberación.

Cuando en 1960 el Congo obtuvo su independencia, se fueron del país los técnicos, los médicos, los jueces; la población no contaba con universidades; un negro a lo sumo podía cursar la escuela primaria, clamaba Lumumba, quien agregó que los llamaban salvajes feroces que habían violado a las mujeres blancas, matado a los europeos, a los sacerdotes, cuando eran sus detractores que habían ido a las aldeas, se habían acostado con las mujeres más bellas y matado a sus maridos si protestaban. Pero prometió que ellos harían lo que no hicieron y dejaron de hacer los colonizadores. Su sueño se truncó luego de proponer que la solución del problema congoleño la tenga el propio pueblo.

A la estatua viviente del estadio no le permitieron entrar a EE. UU. y no pudo cumplir su papel en otro partido de su país, mas otro congoleño ocupó su puesto. Después del corrupto y sanguinario sucesor de Lumumba, un nuevo líder debía seguir la huella de este. (O)