Después de probar unos cuantos monitores OLED de 32 pulgadas, cada vez me doy más cuenta de que esta tecnología está en su cénit en cuanto a juegos, pero sigue teniendo problemas que resolver en todas las condiciones. Los negros perfectos, el color y la velocidad de respuesta ya los tenemos bastante bien resueltos, pero sigue quedando pendiente ver cómo evolucionan tras terminar la partida: al trabajar con texto, con varias ventanas, navegar o simplemente utilizar el ordenador a plena luz del día. Y ahí todavía había margen para mejorar.
El Philips Evnia 32M2N8900P apunta precisamente en esa dirección. Mantiene la combinación de 4K y 240 Hz, pero incorpora un QD-OLED de cuarta generación que da algo más de brillo. Y aunque no reinventa el formato, creo que sus mejoras tienen bastante sentido para quienes buscamos una pantalla que sea óptima para algo más que jugar a oscuras. Al menos, está en el camino adecuado.
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Especificaciones |
Philips Evnia 32M2N8900P |
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Panel |
QD-OLED de cuarta generación, plano, 31,5 pulgadas |
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Resolución y refresco |
3.840 × 2.160 píxeles, 16:9, 240 Hz |
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Respuesta anunciada |
0,03 ms GtG |
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Brillo anunciado |
SDR: 300 nits a pantalla completa; HDR: 515 nits al 10 % y 1.000 nits al 3 % |
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HDR |
DisplayHDR True Black 500 |
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Conexiones de vídeo |
2 HDMI 2.1, 1 DisplayPort 2.1 y USB-C con DisplayPort Alt Mode |
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USB-C y periféricos |
Carga de hasta 65 W con condiciones, segundo USB-C, 2 USB-A, USB-B y KVM |
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Sonido |
2 altavoces de 5 W y salida de auriculares |
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Ergonomía |
Altura de 130 mm, inclinación de −5° a 20°, giro de ±30° y VESA 100 × 100 |
Más brillo donde hacía falta
Como siempre comento con la tecnología OLED, lo que más echo de menos en estos paneles es un blanco con algo más de fuerza en escritorio. Lo decía al hablar del Philips Evnia 27M2N3800A: un buen IPS todavía tiene argumentos incluso cuando enfrente hay un OLED bastante más caro. Para alguien que pasa tantas horas escribiendo como jugando, esto pesa más que otras mejoras mucho más vistosas en una ficha.
Pero a medida que esta tecnología evoluciona, los argumentos son cada vez menores: la nueva estructura emisora del QD-OLED permite aprovechar mejor la energía y, por tanto, aumentar la luminosidad sin los siempre temidos peligros de quemado. Y esto nos deja cifras muy buenas en SDR, entre 300 y 330 nits frente a los 240 de modelos anteriores. Es una mejora apreciable, en torno al 25 %, pero que más allá de los números se nota al compararlo directamente con un QD-OLED de la pasada generación.
Aun así, no es una diferencia que deje obsoletos los anteriores QD-OLED; es decir, no significa que justifique el cambio si tienes un modelo del año pasado, pero sí puede tener sentido pagar la diferencia actual de precio si en tu caso el brillo se te queda corto. Con todo, tampoco significa que ahora podamos ponerlo al lado de la ventana en un día soleado y no tengamos que lidiar con los reflejos. Todavía no estamos en ese punto. Es por eso que muchos fabricantes optan por los acabados mate. Philips, en cambio, opta por el acabado brillante y yo no puedo estar más de acuerdo. El tratamiento antirreflejos ha mejorado y ya no se ve apenas esos tonos morados que pueden alcanzar los negros con luz ambiental. Pero, más allá de esto, este acabado brillante es el que de verdad te sorprende en las sesiones de juego con baja iluminación que hace que la imagen de verdad resalte, y que el mate no es capaz de conseguir.
Con el HDR siempre hay que tener cautela en las cifras, ya lo sabéis. Aquí estamos hablando de 515 nits en una ventana del 10 % y hasta 1.000 nits en una del 3 %. Sobre todo este pico de brillo corresponde a zonas pequeñas de la pantalla, no cuando toda está iluminada. Pero lo importante es que la certificación True Black ha subido de los típicos 400 a 500, lo que asegura ese mínimo rendimiento que es casi más importante. Por supuesto, el OLED sigue ajustando la luminosidad con el famoso ABL, Esto no ha desaparecido y todavía queda para que lo haga, pero el brillo extra se agradece. Además, como viene siendo habitual en los monitores más modernos, la gestión de refresco de píxeles es mucho menos intrusiva y el monitor la hace en los momentos en que se encuentra en suspensión, sin interrumpir tu tarea con mensajes molestos.
El color también acompaña. Posee una cobertura del 98 % de DCI-P3 y un Delta E medio de 1,64, que es un buen resultado de precisión cromática para ser de fábrica. Para jugar y crear contenido no necesitarás calibrarlo demasiado, además de disponer de un modo sRGB muy útil para evitar complicaciones y que el contenido pensado para este espacio (casi todo el que consumimos) no sature demasiado.
Tamaño y estructura estándar en la industria
A estas alturas, está claro que la industria ha encontrado un buen punto medio en los 4K, 32 pulgadas y 240 Hz. Las 32 pulgadas me siguen pareciendo un tamaño muy equilibrado para esta resolución. Hay espacio para disfrutar de un juego y trabajar con varias ventanas sin llegar a las exigencias de mesa del LG UltraGear 52G930B. Aquí hablamos de unos 140 píxeles por pulgada, que no es la densidad de píxeles óptima, pero superar los 200 ppp obligaría a meternos en resoluciones 6K y no estamos preparados para ello todavía ni en precios de monitores ni en GPUs.
Esto significa que, aunque el 4K ayuda a disimularlo, si eres especialmente sensible a la definición de las fuentes, como me ocurre a mí, todavía puedes notar falta de nitidez. Lo digo porque si realmente tu tarea principal es redactar textos o programar, sí puedes conseguir configuraciones de 6K32 en modelos IPS de alta densidad, por ejemplo. Para jugar como tarea principal, su calidad es indiscutible: 0,1 ms de respuesta GtG media y unos 2,5 ms de latencia de pantalla. Los 240 Hz pueden parecer exagerados si juegas principalmente a superproducciones, pero conviene tenerlos, créeme. No solo te parecerá otra experiencia en juegos menos exigentes o competitivos, sino que la experiencia en el sistema operativo te va a malacostumbrar cuando vuelvas a hercios menores. Además, su compatibilidad con Adaptive-Sync y G-SYNC, este último por DisplayPort, ayuda precisamente cuando el rendimiento fluctúa.
Diseño, chasis y conexiones
La verdad es que, acostumbrado a los colores negros habituales de la mayoría de monitores, el diseño de este Evnia me gusta bastante. El blanco y el plateado le dan mucha personalidad, y la iluminación trasera Ambiglow aporta algo más que un logotipo RGB. Puede seguir los colores de la imagen y proyectarlos sobre la pared.
La peana, en cambio, me convence menos. En mi unidad, el panel balancea bastante sobre la mesa, y ese movimiento transmite cierta fragilidad al conjunto. Es una sensación de estabilidad mejorable, aunque visualmente esté bien resuelto. Además, la base en V ocupa espacio hacia delante, algo a tener en cuenta si quieres colocar debajo un portátil o una tableta, que no se termina de ajustar bien. Eso sí, permite ajustar altura, inclinación y giro lateral. No incorpora pivote para ponerlo en vertical, pero sí admite un soporte VESA.
En conexiones, Philips sí ha tenido presente el uso mixto. Junto a los HDMI y el DisplayPort encontramos USB-C con señal de vídeo mediante DisplayPort Alt Mode. Es una de esas cosas a las que doy mucho valor porque permite conectar un portátil con imagen, datos y alimentación por el mismo cable. Lo que pasa es que en este caso hay letra pequeña. Para conseguir los 65 W requieren activar Smart Power y mantener el ajuste de brillo en 70 o menos. Si no lo haces o tienes periféricos conectados de más de 5W, la energía baja a 45 W. He notado en mi propio portátil que, si no se cumple esto, la carga puede no ser suficiente y termina consumiendo parte de la batería.
El monitor tiene también KVM que permite compartir teclado y ratón entre dos equipos, y MultiView ofrece la posibilidad de mostrar dos fuentes. También se incluyen altavoces de 5 W por canal, que sigo prefiriendo que estén para instalaciones rápidas o comprobar el sonido de otra fuente. Lo que me sigue pareciendo incómodo es el OSD y su joystick trasero. En general, no soy muy fan de estas palancas, pero la del Evnia está algo más atrás de lo habitual, lo que hace que sea más incómodo llegar a ella. Por suerte, Philips ofrece Evnia Precision Center, que permite gestionar los ajustes desde el ordenador.
Philips Evnia 32M2N8900P Gaming Monitor 32 Pulgadas 240Hz Panel QD-OLED, 0.03msGtG, HDR500 TB, Adaptive Sync, G-Sync Comp. Altavoces, Altura Ajustable (3840x2160 HDMI 2x 2.1 DP1x 2.1 USB Hub) Plateado
El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces
Y ahora sí, llegamos al precio. El oficial es de 1.099 euros, lo que pasa es que algunas tiendas lo están poniendo por encima, casi 100 euros más caro. Esto lo acerca peligrosamente a la gama alta del ASUS PG32UCDM3, pero no tengo duda como he visto con otros Evnia que el precio se estabilizará por debajo del oficial y en ese momento es cuando más va a merecer la pena este modelo de Philips, porque sus características son prácticamente las de un modelo premium. En la tercera generación de OLED, sigue habiendo alternativas cada vez más baratas como el AOC AGON PRO AG326UD, pero si, como yo, buscas un uso mixto entre videojuegos y trabajo y quieres un panel más luminoso, con todas las conexiones y un diseño bonito, este es uno de los mejores que vas a encontrar actualmente.
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