
Fuente de la imagen, Archivo personal de Rodrigo Diamanti
- Autor, Norberto Paredes
- Título del autor, BBC News Mundo
Fecha de publicación 2 horas
Tiempo de lectura: 8 min
Tras meses de lo que califica como "persecución", Rodrigo Diamanti fue detenido en el aeropuerto internacional de Maiquetía en 2014, cuando intentaba salir de la Venezuela de Nicolás Maduro.
Más de una década después ha decidido volver, aprovechando lo que describe como una "ventana" incierta desde que en enero EE.UU. capturó a Maduro, acusado de narcotráfico, corrupción y torturas a ciudadanos estadounidenses, cargos que el expresidente niega.
Diamanti admite que regresa consciente de los riesgos.
"El aparato represivo sigue intacto. No está tan activo como antes, pero cuando lo necesiten, lo pueden usar", dijo en una reciente entrevista con BBC Mundo.
Activista y defensor de derechos humanos, Diamanti recuerda que asistió a su primera protesta en 2001, apenas dos años después de la llegada al poder de Hugo Chávez, el impulsor de la revolución bolivariana que luego continuó Maduro.
"En esa protesta nos lanzaron bombas lacrimógenas y perdigones. Desde ese día nunca dejé de protestar".
En 2009, Diamanti fundó Un Mundo Sin Mordaza (UMSM), una organización que se encarga de documentar y denunciar ataques a la libertad de expresión en Venezuela.
En 2014, una ola de protestas contra el gobierno de Maduro sacudió Venezuela. Él afirma que las manifestaciones y la represión que siguió marcaron un antes y un después en el país.
"Comenzamos a ver un número importante de muertes en las protestas, algo que no había ocurrido en la historia reciente de Venezuela".
El saldo oficial de las protestas fue de 43 muertos, 486 heridos y 1.854 detenidos, según la Fiscalía General de Venezuela.
La organización Foro Penal asegura que hubo decenas de casos de tortura.
En ese contexto, su organización impulsó la campaña internacional SOS Venezuela, que buscaba visibilizar la situación en el país y que incentivó una ola de protestas en contra de Maduro en un gran número de ciudades en todo el mundo.
Diamanti afirma que la respuesta del gobierno venezolano, que calificó de "golpistas" a los manifestantes, fue inmediata.
"Allanaron la sede de la organización. Me fueron a buscar a mi casa y a otros lugares que frecuentaba. Me escondí varios días, pero como no tenía prohibición de salida, decidí ir al aeropuerto. Ahí me detuvieron", relata.

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Acabó en la temida prisión del Helicoide, en el centro de Caracas. Una cárcel que conocía bien, pues había acudido varias veces para acompañar a presos políticos.
Esta vez estaba del otro lado.
Una huída clandestina
Tras permanecer retenido durante dos días, Diamanti salió del Helicoide bajo medidas cautelares. Pero asegura que la presión no terminó.
A pocos meses de su detención, afirma que fue secuestrado durante varias horas.
"Estuve casi cinco horas con una pistola en la cabeza dentro de un carro", relata.
Añade que, tras indagar, recibió información que apuntaba a la implicación de cuerpos de seguridad vinculados al gobierno de Maduro.
Fue entonces cuando decidió abandonar el país clandestinamente.
Cruzó la frontera hacia Colombia sin pasaporte, con ayuda de su expareja. "Fue una situación bastante riesgosa", recuerda.
Durante varios días vivió en un centro de refugiados en Cúcuta. "Al no tener pasaporte no podía quedarme en un hotel", señala.
Le otorgaron un salvoconducto y viajó a Bogotá. Allí comenzó el trámite para obtener un pasaporte italiano y rehacer luego su vida en EE.UU.

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"Creo que fui de los primeros de mi generación en irme al exilio. Después se convirtió en algo común", señala.
Añade que a muchos de sus compañeros les pasó lo mismo. Fueron encarcelados, perseguidos y luego tuvieron que irse del país.
Recuperar espacios
Doce años después, Diamanti dice que su regreso responde a una decisión personal, "con la idea de retomar el trabajo de Un Mundo Sin Mordaza, que se había frenado después de que gran parte del equipo tuviera que salir del país", explica.
"Creo que Venezuela necesita que los activistas recuperen sus espacios. Estamos en una situación que, comparada con la del año pasado, es casi milagrosa. Antes no había prácticamente ninguna posibilidad de que un dirigente pudiera salir a la calle".
El retorno de Diamanti ocurre en un momento de cambios en el país, en el que el gobierno de Delcy Rodríguez, sucesora de Maduro, ha autorizado la liberación de un número significativo de presos y ha mostrado señales de flexibilización política.
En este contexto, figuras como el exdiputado Yon Goicoechea, el exalcalde Carlos Ocariz y la responsable de comunicaciones de María Corina Machado, Claudia Macero, han decidido regresar al país tras un tiempo en el exilio.
Algunos activistas advierten, sin embargo, que la apertura sigue siendo limitada y que la represión solo se ha vuelto menos visible.
Según los últimos datos de Foro Penal publicados a finales de septiembre, al menos 324 personas permanecen detenidas por motivos políticos en Venezuela.
Así que los riesgos persisten.
El ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, nombró a Diamanti durante la emisión de su programa "Con el Mazo Dando" del 30 de septiembre. Cuestionó su labor e independencia y lo vinculó, junto a su organización, con supuestos planes de violencia y desestabilización en Venezuela.

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"Diosdado Cabello me responsabilizó de unas movilizaciones que yo no convoqué", le dice a BBC Mundo.
"Con el Mazo Dando es un espacio que se utiliza para estigmatizar a defensores de derechos humanos, culparlos y atribuirles hechos", denuncia.
"Estas acusaciones me preocupan, porque ese programa ha sido señalado como antesala de detenciones".
Según un reporte de Amnistía Internacional publicado en 2022, entre 2019 y 2021 hubo una correlación del 65% entre las estigmatizaciones realizadas por el programa "Con El Mazo Dando" y la intervención de los tribunales militares en Venezuela, "especialmente cuando las fuerzas de seguridad militar llevaron a cabo las detenciones arbitrarias".
En 2020, la correlación alcanzó el 94%.
BBC Mundo contactó al Ministerio de Interior y al programa "Con el Mazo Dando" para solicitar comentarios sobre estas acusaciones, pero no obtuvo respuesta.
"Han tratado de sostener su estructura de control"
Diamanti cuenta que, a su reciente llegada al país, fue retenido durante una hora en el aeropuerto de Maiquetía y que aún enfrenta restricciones administrativas.
"No puedo tramitar mi pasaporte, lo que complica mi salida del país", señala.
Aunque reconoce cambios que le han permitido regresar, Diamanti sostiene que, en el fondo, poco ha cambiado en Venezuela.
"La mayoría de las personas responsables de los crímenes de lesa humanidad cometidos desde 2014 siguen ocupando los mismos cargos", señala.
La ONU ha documentado violaciones cometidas en Venezuela desde 2014, que incluyen actos que podrían constituir crímenes de lesa humanidad. Además, ha señalado la participación de distintas fuerzas de seguridad y la responsabilidad de altos cargos en el gobierno.
Por su parte, la Corte Penal Internacional (CPI) mantiene abierta una investigación por presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos desde al menos 2014 en el país. La CPI ha sugerido que las investigaciones realizadas en Venezuela han sido insuficientes y no se ha investigado a los altos cargos.
El gobierno venezolano rechaza estas acusaciones y sostiene que tanto la investigación de la CPI como los informes de la ONU tienen motivaciones políticas.

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A juicio de Diamanti, las autoridades tratan de mantener el control y evitar que los venezolanos sientan que tienen libertad para protestar o expresarse abiertamente.
"Han tratado de sostener su estructura de control, no solo física, sino también psicológica. Hacen reformas parciales, para demostrar que siguen en el poder", afirma.
Diamanti considera que existe un nivel inédito de consenso en la sociedad venezolana a favor de un cambio y cree que el país atraviesa una transición, aunque advierte que el proceso podría prolongarse.
También se muestra crítico con posibles retrasos en las elecciones presidenciales, al advertir que podrían aumentar la frustración y la migración.
"La idea de que las presidenciales se celebren después de las parlamentarias, regionales y municipales es completamente inaceptable. Eso dilataría la transición", dice.
Diez meses después de la captura de Maduro, el gobierno interino de Delcy Rodríguez aún no ha fijado un plazo para celebrar elecciones y EE.UU. continúa estrechando sus lazos con ella y reconoce su autoridad.
Aunque Washington ha dicho que su objetivo es una transición hacia un gobierno elegido democráticamente, el presidente Donald Trump ha sugerido que Venezuela todavía no está preparada para celebrar comicios.
Mientras tanto, dentro del país aumentan los llamados para que se fije una fecha.
Muchos miran con recelo el respaldo de Washington a un gobierno que los venezolanos no han elegido y algunos temen que la llamada transición se prolongue indefinidamente.
Dada la influencia que EE.UU. ejerce actualmente sobre Venezuela, todo parece indicar que la decisión sobre cuándo el país celebrará elecciones dependerá en gran medida de la voluntad de Washington y del presidente Trump.
Diamanti ya vuelve a pelear por ello desde dentro de su país.
"Después de 10 años [en el extranjero] entendí que esto no termina hasta que Venezuela sea libre".
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