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La reserva no es para que los mareros no sepan dónde cavar un túnel, sino para que los tributarios no sepamos que nos robaron Q1,200 millones.  

El 14 de octubre, Costa Rica inauguró el Centro de Alta Contención contra el Crimen Organizado (Cacco). Tiene capacidad para 5,100 reclusos y costó unos USD35 millones. Cinco días antes, el viceministro de la Defensa de Guatemala, Jorge Mario Lemus, le confirmó al Congreso otro atraso en El Triunfo, la cárcel de máxima seguridad de Morales, Izabal. Ahora la entrega se prevé entre agosto y septiembre de 2027. Y la factura, según el mismo ministerio, ronda los Q1,400 millones.


Hagamos la división. Al tipo de cambio actual, Q1,400 millones son unos USD183 millones. El Triunfo albergará entre 2,000 y 2,600 reos, según la cifra oficial que uno escoja. Cada plaza costará entre USD70,000 y USD91,000. En el Cacco, cada plaza salió en unos USD6,900. ¡La guatemalteca es entre 10 y 13 veces más cara! Si eso no es un escándalo nacional, no sé qué lo podría ser.


¿Cómo se explica semejante diferencia? El gobierno guatemalteco podría alegar que la costarricense es una bodega de concreto con celdas colectivas y ninguna comodidad ni privacidad. Una especie de La Limonada penitenciaria. Mientras que la de ellos tendrá 12 módulos, celdas para dos y tecnología de punta, casi que un hotel cinco estrellas comparado con La Limonada tica. Pero el Cacco también tiene registro biométrico, reconocimiento facial, sensores de movimiento y bloqueo de señal celular. Aunque la diferencia fuera técnica, queda otra pregunta. ¿Por qué los guatemaltecos tenemos que pagarles a los criminales una cárcel VIP, cuando lo que merecen es solo una celda austera y segura?


El problema empieza en cómo se contrató. Costa Rica licitó la obra y la empresa ganadora cobró USD33.1 millones, cotizando un 13 por ciento menos que otro proveedor calificado. Aquí, el gobierno le asignó la construcción al Cuerpo de Ingenieros del Ejército, sin concurso. Sin competencia no hay precio de referencia. Y sin precio de referencia, nadie sabe si pagamos lo justo o 10 veces más. Afortunadamente, ahora sí tenemos un precio de referencia, ya que el Cacco lo construyeron casi en paralelo con El Triunfo, en un país casi vecino. ¡Y la comparación es demoledora! Si El Triunfo costara por plaza lo mismo que el Cacco, sobrarían más de Q1,200 millones. Y ni siquiera se resuelve el hacinamiento: aun con El Triunfo lleno, el sistema seguiría con cerca del 250 por ciento de ocupación.


Para echarle más sal a la herida, el Ministerio de Gobernación declaró reservado por siete años todo el convenio con la Defensa y el Ministerio de Ambiente hizo lo mismo con el expediente ambiental. La Ley de Acceso a la Información Pública exige una prueba de daño para cada reserva. ¿Alguien me puede explicar qué riesgo para la seguridad hay en publicar el precio del metro cúbico de concreto? Bastaba con reservar los planos. Queda claro que no declararon reserva para que los mareros no sepan por dónde cavar un túnel de escape, sino para que los tributarios no sepamos cómo nos robaron Q1,200 millones. Hasta el 2033, los tributarios pagaremos a ciegas —aunque ahora sabemos que estamos pagando 10 veces más de lo que deberíamos—, mientras que todos los responsables habrán dejado el gobierno mucho tiempo antes y seguramente estarán gozando los millones que se robaron.


Y si ponemos todo esto en el contexto de que, según la encuesta de la Fundación Libertad y Desarrollo, la mayoría de las personas piensa que la corrupción en el gobierno es el peor problema actual del país, incluso peor que en el tiempo de Giammattei, pues este escándalo solo sería otra raya más al tigre. El Congreso debe exigir que se desclasifiquen los costos. La Contraloría debe hacer una auditoría concurrente, no un informe póstumo. Pero difícilmente lo van a hacer, porque son todos lobos de la misma loma y se tapan con la misma chamarra. Y si a usted un posible robo de Q1,200 millones no le hierve la sangre, ¡usted es parte del problema!

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