Antes de asumir el poder, el ultraderechista Abelardo de la Espriella definió el primer gran trazo de su política exterior. El presidente electo de Colombia confirmó que restablecerá "la alianza histórica con Israel" desde el 7 de agosto, cuando sucederá al izquierdista Gustavo Petro, quien rompió relaciones con ese país en mayo de 2024 en rechazo a la ofensiva militar israelí en Gaza.

El acuerdo, alcanzado en Washington entre el canciller designado Omar Bula Escobar y el ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa'ar, contempla el intercambio inmediato de embajadores, la eliminación recíproca de visas, la apertura de la embajada colombiana en Jerusalén y el retiro de la intervención de Colombia en el caso promovido por Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

"Hacia donde va Trump, va De la Espriella"

Para Manuel Camilo González Vides, internacionalista y magíster en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca, el gesto trasciende la relación bilateral con Israel. 

"Es una señal de que De la Espriella está comprometido con la idea de seguir a Trump en una especie de alineamiento activo, una lógica de vagón: hacia donde va Trump, va Abelardo de la Espriella", explica en diálogo con France 24. 

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Esa lógica, advierte, "tiene una implicación importante, que es limitar la autonomía de Colombia como Estado independiente dentro del sistema internacional para tomar sus propias decisiones".

González Vides inscribe el movimiento en una tradición colombiana más antigua: la doctrina del "réspice polum" del siglo XX, que ordenaba la política exterior del país en torno al alineamiento con Estados Unidos, ahora reeditada en el marco de lo que describe como "una internacional de derecha reaccionaria que se empieza a configurar en América Latina".

Un internacionalista y profesor universitario que pidió no ser identificado coincide en esa lectura y la conecta con los antecedentes regionales: "Es un gesto de alineamiento con Trump y Netanyahu, la fórmula que utilizaron Milei en Argentina y Bolsonaro en Brasil".

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se dirige al presidente de Argentina, Javier Milei, durante una sesión del Parlamento israelí, en Jerusalén, el 11 de junio de 2025
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se dirige al presidente de Argentina, Javier Milei, durante una sesión del Parlamento israelí, en Jerusalén, el 11 de junio de 2025 © Menahem KAHANA / AFP

Con un matiz: a diferencia del presidente argentino, que cultiva una cercanía personal con el judaísmo, De la Espriella "no es tan cercano al judaísmo; es una cercanía con Trump y un guiño a Trump", además de una señal hacia "grupos evangélicos sionistas" que lo respaldaron y una forma de marcar contraste con Petro.

Carolina Flechas, docente internacionalista de la Universidad Sergio Arboleda, matiza esa interpretación. Para ella, el restablecimiento "va en línea con el Gobierno de Trump, pero no es solamente por estar con el Gobierno de Trump". 

Y recuerda a France 24 que la relación es muy anterior: "Desde antes de que Petro llegara al poder, Colombia sostenía una relación bilateral constante, fuerte y sostenida, en especial porque Israel le ha aportado mucho a este país en inteligencia, seguridad y tecnología".

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Imagen de portada: © France 24

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Jerusalén: sumarse a un club reducido

El componente más cargado del anuncio es la apertura de la embajada en Jerusalén, cuyo estatus, disputado entre israelíes y palestinos, hace que la mayoría de los países mantengan sus misiones diplomáticas en Tel Aviv. Solo Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Kosovo, Papúa Nueva Guinea y Paraguay tienen hoy su embajada en Jerusalén. Argentina anunció el traslado para 2026, aunque la mudanza se ha ido postergando.

"Es una fuerte carga política", señala Flechas, porque los países que dieron ese paso lo hicieron como un movimiento de "afinidad con un acervo histórico y religioso" y de posicionamiento frente al conflicto. 

Quienes critican la decisión, agrega, advierten que Colombia "perdería un margen de equilibrio en Medio Oriente" y que el gesto "podría generar tensiones con la Autoridad Palestina y con algunos países árabes".

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Colombia's presidential candidate Abelardo de la Espriella, behind bullet-proof glass following the preliminary results of the presidential runoff election in Barranquilla, Colombia, on June 21, 2026
Imagen de portada: Abelardo de la Espriella el 21 de junio de 2026 en Barranquilla, Colombia. © Jaime Saldarriaga, AFP

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Para González Vides, el costo es sobre todo reputacional: "Es colocar a Colombia en un grupo de países que apoyan a un país agresor que tiene numerosas resoluciones en contra de sus prácticas en Gaza. Colombia siempre se autopercibió como un país respetuoso del derecho internacional. Ponerse del lado de Israel desdibuja esa imagen de guardián del derecho internacional". El retiro del caso ante la CIJ, al que Petro sumó a Colombia, apunta en la misma dirección.

¿Por qué Colombia puede permitirse un gesto que otros países de la región evitaron? El analista que pidió reserva de identidad lo atribuye a la debilidad relativa de su lobby árabe: "Hay una presión interna menos fuerte que la que hay en países como Brasil, donde hay más libaneses que en el propio Líbano, o en Argentina, donde la migración siria fue muy fuerte".

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Armas, tecnología y un "Silicon Valley en medio del desierto"

Detrás del simbolismo hay intereses concretos. Israel fue históricamente uno de los principales proveedores de armas de Colombia: las Fuerzas Armadas utilizan aviones de combate y fusiles de fabricación israelí para combatir a los carteles y a los grupos armados, y la ruptura obligó al país a buscar otros proveedores. 

"El Gobierno de Petro es una excepción: Colombia siempre le compró fusiles, aviones y helicópteros a Israel", recuerda el analista consultado bajo reserva.

González Vides ve algo más que un proveedor: un modelo. Israel funciona para De la Espriella como "un referente económico, un Silicon Valley en medio del desierto", un país que apostó "a la innovación y al desarrollo tecnológico en vez de quedarse en la mera perforación de pozos petroleros". 

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La apuesta del gobierno entrante, dice, es que en la relación con el mundo árabe, fragmentado desde los Acuerdos de Abraham, "prevalezcan los intereses económicos por sobre los intereses simbólicos relacionados con la causa palestina".

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Un canciller para "subvertir el sistema desde adentro"

El perfil del próximo canciller Omar Bula concentra la atención de los analistas. Diplomático con experiencia en el Programa Mundial de Alimentos de la ONU y a la vez crítico de las instituciones globales, su elección parece una paradoja. Pero, González Vides sostiene que no lo es: "Es alguien que conoce el sistema por dentro pero que va a tratar de subvertirlo desde adentro: lo que le sirve de Naciones Unidas lo va a usar, lo que no le sirve lo va a dejar por fuera. Es poner la técnica al servicio de una idea".

Para el analista bajo reserva, el nombramiento de Bula, "un hombre de derecha populista cercano a Trump", despeja además uno de los grandes enigmas sobre De la Espriella: si se trataba de un gobierno de extrema derecha al estilo de Milei o Bolsonaro, o de un pragmático que utilizó la extrema derecha para llegar al poder.

Su conclusión es que "hay una agenda política y una ideología muy concreta".

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El margen de Petro

Petro ya reaccionó al anuncio. "Quien apoya un genocidio será genocida en su propio país", escribió en su cuenta de la red social X. 

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El presidente saliente, que inicialmente puso en duda la victoria electoral de De la Espriella alegando irregularidades en el que, según él, participaron empresas de "inteligencia privadas israelíes", mantiene una disputa abierta con su sucesor que atraviesa también este anuncio. 

¿Puede el gobierno saliente complicar el giro en sus últimas semanas? Poco, según el analista bajo reserva: "En América Latina la política exterior está muy centrada en la figura del presidente".

Como oposición, anticipa, el petrismo intentará ejercer control político sobre el canciller y denunciar públicamente el acercamiento, con el acompañamiento de la embajada palestina en Colombia, "que es pequeña pero tiene músculo".

Aunque advierte que la resistencia al giro puede exceder la polarización entre petrismo y oficialismo: "La causa palestina va más allá de Petro y Cepeda. Hay gente que está con Abelardo pero puede estar a favor de Palestina".

Con EFE, AP y AFP