Una serie de graves disturbios sacudió al centro de Milán durante su segunda jornada de protestas consecutivas, con enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad en los alrededores de la plaza del Duomo. 

La escalada de violencia, alimentada por el descontento ante el incremento del costo de vida y el deterioro de los servicios públicos, dejó un saldo superior a los 60 detenidos para controles exhaustivos.

Disturbios y destrozos en la zona céntrica

La tensión se desató por la tarde cuando cientos de personas, muchas de ellas con el rostro cubierto, se congregaron en el casco histórico de la ciudad italiana. 

Los grupos levantaron barricadas, arrojaron proyectiles contra vehículos policiales y vandalizaron el mobiliario urbano de la zona comercial.

Durante los desmanes, los manifestantes saquearon un supermercado y rompieron los escaparates de varios comercios cercanos. 

Ante la gravedad de los hechos, las fuerzas de seguridad desplegaron unidades antidisturbios y emplearon cañones de agua y gases lacrimógenos para dispersar a la multitud y retomar el control de las calles.

Reacción del Gobierno y medidas de seguridad

Tras los incidentes, la primera ministra Giorgia Meloni repudió los hechos a través de sus redes sociales, donde manifestó: "Son matones que aprovechan las manifestaciones para sembrar el caos, atacar a quienes garantizan la seguridad y tomar ciudades enteras como rehenes". 

Asimismo, la mandataria convocó de urgencia a una reunión de gabinete para definir nuevas estrategias de seguridad.

Por su parte, el alcalde de Milán, Giuseppe Sala, recorrió la zona afectada y advirtió sobre la magnitud del fenómeno vandálico. 

En paralelo, las principales centrales sindicales del país, encabezadas por la Confederación General Italiana del Trabajo, anunciaron el lanzamiento de una huelga general prevista para el próximo 20 de noviembre en rechazo a la actual situación económica.