Valeria Santos Dávila
Actualizado Martes, 18 agosto 2026 - 01:19
Los puertorriqueños viven temerosos cada año de tener que enfrentarse a La Niña o El Niño, el fenómeno climático relacionado con el calentamiento del océano Pacífico oriental que en el archipiélago se manifiesta con forma de embate de huracanes y periodos prolongados de sequía. Esto último es lo que se está sufriendo ahora. La falta de lluvias está causando graves estragos en la isla de Puerto Rico, como severos racionamientos de agua, falta de líquido potable durante interminables jornadas en muchos edificios o malabarismos de los agrigultores y ganaderos para hacer frente a una situación desesperada.
Cientos de miles de ciudadanos se ven obligados a abastecerse de agua embotellada por los bajísimos niveles en los que se encuentran ahora mismo los embalses del territorio. Pero la crisis no responde sólo a motivos naturales, es también consecuencia del precario estado de las infraestructuras. Uno de los embalses más importantes, el de Carraízo, en Trujillo Alto -cerca de la capital, San Juan-, se ubica ya por debajo de los 38 metros. Junto a este, un total de 11 embalses registraron reducciones en sus niveles de agua.

El lago Carraizo tras haber bajado considerablemente su nivel del agua.Thais LlorcaEFE
La isla ha recibido alrededor de 61 centímetros de lluvia por debajo del promedio en los últimos tres meses, según indicó el hidrometeorólogo Emanuel Rodríguez, del Servicio Nacional de Meteorología (SNM). Ante este panorama, y tras múltiples denuncias civiles, la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González, declaró el 31 de julio el estado de emergencia y activó a la Guardia Nacional, ya que el 80% del territorio sufre los efectos de la falta de precipitación. "En Cupey (unos de los sectores afectados en la isla) estuvimos una semana sin agua y nadie sabía la razón ni cuando regresaría", indica a EL MUNDO Tatiana González, una de las muchas afectadas.
Plan de Ajuste
Como solución preventiva, el Gobierno estableció un plan de ajuste para racionar agua en intervalos que sobrepasan días completos. "Donde estamos, son 48 horas con agua y 48 sin ella", cuenta González, quien lamenta que los cortes llegaron de manera repentina: "Llegamos a estar siete días sin agua. Cuando anunciaron el racionamiento, no pudimos prepararnos".
La deficiente infraestructura provoca la pérdida de más del 60% del agua potable debido a filtraciones y daños en la red de distribución, según un informe del Comité de Expertos y Asesores sobre Cambio Climático. Asimismo, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) de Puerto Rico ha señalado que la acumulación crítica de sedimentos en embalses como Carraízo ha reducido drásticamente su capacidad. Esta vulnerabilidad queda en evidencia con averías recurrentes, como el reciente fallo en el superacueducto de la isla que dejó a 100.000 abonados sin servicio, o los retrasos técnicos que impiden restablecer el suministro tras los periodos de racionamiento, según el medio local El Nuevo Día.

Un trabajador camina sobre un camión cisterna con la inscripción "Agua Potable", mientras se conectan las mangueras entre los vehículos.Alejandro GranadilloGetty
Desde que se inició la reducción del servicio, la ciudadanía atraviesa incongruencias entre lo que dicen las autoridades y lo que se vive. "El agua no se va ni llega durante los periodos de tiempo que habían establecido", indica González, quien ha tenido que ajustar su horario de trabajo para llegar a su hogar mientras aún dispone de agua. "En nuestra zona, la cisterna solo está abierta 30 minutos en la mañana y 30 en la noche en horarios que habitualmente no eran los míos, así que me he estado levantando más temprano. Soy contable, por lo que usualmente saldría tarde de la oficina. Pero ahora tengo que salir más temprano para poder bañarme", añade.
EFECTOS EN EL SECTOR AGRÍCOLA
Para el sector agrícola, las pérdidas son preocupantes. Wesley Cardosa, propietario de una finca en Cabo Rojo (oeste), informó al medio de noticia local TeleOnce que ha perdido cerca del 70% de su producción, viéndose obligado a decomisar muchos plátanos y a reducir drásticamente su cultivo de lechugas por la falta de riego. De acuerdo con el programa federal para la vigilancia y pronóstico de sequías National Integrated Drought Information System (NIDIS), los impactos se extienden por toda la geografía: en Canóvanas (noreste) se reporta la caída prematura de aguacates deshidratados; en Orocovis (centro), la producción de cítricos ha caído por debajo de lo normal debido a infecciones de plagas; y en Caguas (centro), el estrés hídrico ha retrasado el crecimiento de hortalizas. En el sur, la situación de los ganaderos también es crítica.

Vacas pastando en una finca ante la escasez de recursos hídricos que acorrala a gran parte de la isla de Puerto Rico.Thais LlorcaEFE
Todo ello ha disparado los costes operacionales que, según el diario Metro Puerto Rico, podrían aumentar entre un 8% y un 15%, encareciendo el producto final para el consumidor. Y a este escenario se suma una peligrosa frecuencia de incendios forestales. El diario El Nuevo Día y la agencia Europa Press informaron que se han atendido un millar de incendios en lo que va de 2026, cifra muy superior a la del año anterior. Solo en julio se registraron más de 300 fuegos forestales, particularmente intensos en el sur y el este del territorio.
Una crisis como la actual no se veía desde la sequía del 2015 que sufrió la isla. Y los meteorólogos alertan de que las lluvias se mantendrán en los próximos meses por debajo del promedio, lo que extenderá la sequía hasta enero o febrero de 2027. Así pues, los puertorriqueños confrontan un futuro incierto bajo el calor extremo del trópico.