Producción de vacunas (AdobeStock)

Producción de vacunas (AdobeStock)

El anuncio de la primera vacuna personalizada contra el melanoma se ha coronado ya como uno de los avances científicos del año. Las acciones de las farmacéuticas Moderna y MSD (Merck en Estados Unidos) ya se han disparado en bolsa y los expertos hablan de un fármaco único hasta el momento, aunque todavía no hay publicación científica ni se han ofrecido datos concretos sobre el efecto de la vacuna.

A falta de publicación científica que será presentada en un congreso, las farmacéuticas han comunicado mediante una nota de prensa los resultados de un ensayo en fase 3. La importancia de este medicamento se explica por la singularidad de su tecnología, siendo una terapia personalizada contra el cáncer basada en ARNm; es decir, se fabrica una vacuna diferente y única para cada paciente.

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La propia agresividad del melanoma también ha propiciado que se reciba con los brazos abiertos el anuncio de las dos farmacéuticas estadounidenses. Aunque no es el cáncer de piel más frecuente, sí es el más agresivo por su alta capacidad de hacer metástasis. En España, 8.074 personas recibirán un diagnóstico de melanoma, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

Los equipos científicos llevan años trabajando en esta vacuna de ARN mensajero (ARNm) contra el melanoma, denominada Intismeran autogene. Aunque está lejos de ser una vacuna aprobada, es el primer resultado positivo en fase 3 de una terapia personalizada contra el cáncer basada en ARNm. La vacuna está diseñada para administrarse junto al pembrolizumab (conocido por su marca Keytruda), un tratamiento de inmunoterapia basado en un anticuerpo monoclonal que se une al receptor PD-1 para bloquear su interacción.

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Una dermatóloga observa el lunar de una mujer (Magnific)
Una dermatóloga observa el lunar de una mujer (Magnific)

En España, seis hospitales de Málaga, Valencia, Madrid y Barcelona han formado parte del ensayo fase 3 de Intismeran autogen. En total, han sido 35 hospitales de 26 países los que han participado en el ensayo, sumando más de mil pacientes. Consultado por Infobae, el microbiólogo Ignacio López-Goñi, director del Museo de Ciencias Universidad de Navarra y autor del blog microBIO, celebra la noticia y considera apropiado “tener esperanzas en este tipo de tratamientos”.

Sin embargo, matiza que uno de los grandes problemas es lograr llevar esta vacuna a todo el público. “Lo importante es que estos tratamientos personalizados acaben siendo lo suficientemente fáciles de desarrollar y de fabricar y que no sean tan costosos, de manera que sean accesibles para toda la población”, señala.

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Desde la cautela, el doctor en Biología aclara que no se trata de una “vacuna” al uso, en tanto que no previene el cáncer ni está pensada para personas sanas. Lo que se trata es de reforzar la inmunoterapia para quienes ya padecen el melanoma como un complemento.

No obstante, no deja de ser un hito dada su tecnología. Puesto que cada tumor tiene una genética distinta, su tratamiento ha de ser distinto en cada paciente. “La tecnología extrae el ADN de las células tumorales de un paciente y compara la secuencia con las células normales”, que es el momento en que detecta los antígenos (las marcas mutantes específicas del tumor de esa persona). A partir de ahí, la vacuna “propone esos ARN mensajeros que van a estimular el sistema inmune junto con la inmunoterapia para que responda específicamente tu sistema inmune y ataque a esas células que están marcadas con esos neoantígenos”.

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En la actualidad existen algunas vacunas ARNm autorizadas para tratar el COVID, la gripe y el virus respiratorio sincitial, además de muchas otras en fases experimentales, por ejemplo, contra el virus del herpes zóster, el norovirus, la tuberculosis, la malaria o el MPOX. En el caso del cáncer, todavía no hay ninguno, de ahí, explica el microbiólogo, “el motivo para tener esperanza en este fármaco”.

Tal y como explica López-Goñi en microBIO, para desarrollar una vacuna de ARNm personalizada, primero se obtienen células tumorales del paciente y se analiza su ADN mediante la secuenciación del genoma. Después, esta información se compara con la de las células sanas para detectar las alteraciones genéticas exclusivas del tumor.

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Algunas de estas mutaciones hacen que las células cancerosas produzcan proteínas anormales que no se encuentran en los tejidos sanos. Estas proteínas reciben el nombre de neoantígenos y actúan como una especie de huella molecular del tumor. Gracias a ellos, el sistema inmunitario puede diferenciar las células cancerosas de las células normales.

Sin embargo, no todos los neoantígenos son capaces de provocar una respuesta inmunitaria eficaz. Por ello, mediante herramientas bioinformáticas se estudian las mutaciones presentes en el tumor y se seleccionan aquellos neoantígenos que tienen mayor probabilidad de ser reconocidos por las defensas del organismo.

A partir de estos neoantígenos se diseña una molécula de ARNm que contiene las instrucciones para que las células produzcan esas proteínas tumorales específicas. Este ARNm se introduce en nanopartículas lipídicas, que facilitan su entrada en las células. De esta manera, se obtiene un tratamiento personalizado en función de las características moleculares del tumor de cada paciente.

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Una vez administrado, el ARNm entra en determinadas células y actúa como una especie de manual de instrucciones para producir los neoantígenos seleccionados. Estas proteínas son posteriormente procesadas y presentadas al sistema inmunitario, lo que permite activar células T capaces de reconocer las células tumorales que presentan esos mismos neoantígenos.

Como resultado, el sistema inmunitario desarrolla una respuesta dirigida contra las células cancerosas. El objetivo es destruir las células tumorales que hayan quedado después del tratamiento y evitar que vuelvan a crecer o multiplicarse, reduciendo así el riesgo de que el cáncer reaparezca.