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Las vacaciones son una fuente de anécdotas que el resto del año animan las sobremesas y los encuentros de máquina de café. Curiosamente, son más jugosas las anécdotas de desgracias que la ostentación de lujos compartidos. Una gastroenteritis salvaje cotiza más que las fotos de submarinismo paradisiaco. El robo de una cartera en Tailandia o el paseo de Gràcia dan más de sí que la visita a las pirámides o el vídeo de una noche loca de karaoke.

En la categoría de las adversidades, hay un género que no falla y que, narrativamente, crece en torno a una afirmación prometedora: “Nos dejaron tirados”. La casuística del “nos dejaron tirados” ofrece una diversidad de matices casi infinita. Hay los que se ciñen a un “quedarse tirados” de aeropuerto, con líneas aéreas abusivas que, aunque tengas el billete cerrado, te abandonan a la intemperie y, en el mejor de los casos, te ofrecen un hotel para pasar la madrugada.
Nadie debería sentirse culpable de poder disfrutar de unas buenas vacaciones
Si te quedas tirado en grupo, tienes más posibilidades de supervivencia. En los grupos siempre hay un experto en reclamaciones que sabe activar la maquinaria para conseguir una compensación. Que te deje tirado un hotel incumplidor es más complicado. La imagen de viajeros vagando por ciudades remotas tras haber sido estafados por un hotel que no ha respetado su reserva alimenta relatos en los que la contrariedad se mezcla con el humor y, a veces, con una inesperada historia de amor.
Todos estos momentos de supervivencia sobrevenida, sin embargo, siempre tienen una dimensión amable, de problema de primer mundo. Evidentemente, nadie debería sentirse culpable de poder disfrutar de unas buenas vacaciones y unos buenos viajes. Pero viendo a los marroquíes que, masivamente, intentan cruzar las fronteras de Ceuta y Melilla, la condición de “quedarse tirado” adquiere una dimensión monstruosa. Inducidos por las mafias, atrapados por la nula perspectiva de futuro o jugando a la ruleta rusa con las rendijas de un sistema colapsado, los marroquíes saben que la posibilidad de “quedarse tirados” es estadísticamente la más probable. Y que, comparado con las decenas de muertos condenados por la codicia de las mafias, la desesperación y la ignorancia, quedarse tirado es, pese a todo, una salida.