Agustín Luzenti nació en Puerto Madryn. Desde muy chico sintió una fuerte conexión con el mar, intrigado por los misterios que guardaban las profundidades de esas aguas. Al finalizar la secundaria estuvo seguro por dónde tenía que seguir: lo guiaba el océano.

Se recibió de biólogo y recientemente ganó un premio internacional por su investigación con hidroacústica en el Golfo Nuevo y el Golfo San Matías. Ese galardón le abre posibilidades fuera del país, pero su lugar en el mundo está sobre la arena de Chubut: «A veces ponerle el pecho a las balas es una forma de hacer patria. Quiero vivir en Argentina y en la Patagonia», aseveró.

Imagen de Premian a un científico de Conicet: descubrió que una especie altera el mar en Río Negro y Chubut

El avance de la langostilla en la costa de Chubut


Estudió la Licenciatura en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) y luego hizo un doctorado como becario del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET). Una vez más, su curiosidad y el mar lo guiaron.

Había visto cambiar las dinámicas en la costa de Chubut frente al avance de la langostilla y se preguntó: ¿cómo interactúa con los cardúmenes de anchoíta?

Sabía que este tipo de estudios suelen ser invasivos y requieren extraer a las especies del agua, por lo que buscó una alternativa. El conocimiento experto del área en donde creció lo motivó a utilizar la hidroacústica, una técnica habitual para evaluar stock pesquero.

«El potencial de este método iba más allá de la simple estimación pesquera y podía utilizarse para otros fines científicos», enfatizó Luzenti.

Ver debajo del agua en Chubut y Río Negro


Para “ver” sin mojarse, Luzenti montó una ecosonda científica en una lancha y realizó recorridos lineales, predefinidos, y en zigzag. Lo hizo de día y de noche, en todas las estaciones del año.

La ecosonda emite pequeños impulsos de sonido que viajan por el mar y rebotan en aquello que encuentran: peces, langostillas o el fondo. Al volver, esos ecos revelan a qué profundidad y en qué cantidad está cada organismo.

En la computadora, los ecos se dibujan como imágenes con manchas de colores. Cada mancha tiene un tamaño, una forma y una posición. Así, Luzenti mide cuán grande es un cardumen, si está compacto o desparramado y a qué profundidad se mueve. Con el GPS, además, marca en un mapa la ubicación exacta de cada grupo.

Con la experiencia en el terreno y algunas verificaciones con cámaras, aprendió a distinguir qué manchas eran de anchoíta y cuáles de langostilla, todo sin sacar animales del agua ni molestarlos.

“De alguna manera el sonido nos permite ver abajo del agua. La luz tiene una capacidad limitada para penetrar, pero el sonido se propaga a mayor distancia y de forma más eficiente. A partir de dos pulsos por segundo, veía reflejado el eco en la notebook”, graficó el investigador.

“Pude determinar si era un cardumen de anchoíta o de langostilla, a qué profundidad estaba, qué tamaño tenía, en qué zona del golfo se ubicaba y un montón de otros parámetros”, detalló.

Reconocimiento a la innovación científica


Agustín Luzenti fue reconocido por la revista Fisheries Oceanography con el Early Career Research Best Paper Award 2025. Premiaron su innovación al utilizar una técnica casi exclusiva de la pesca comercial para responder preguntas ecológicas en dos ecosistemas clave de la Patagonia.

El jurado valoró la combinación de rigor y originalidad: campañas estacionales sostenidas, protocolos claros, calibraciones con otras observaciones y un análisis que traduce ecos en patrones ecológicos comprensibles.

El trabajo demuestra con datos que la expansión de la langostilla puede alterar la estructura de los cardúmenes de anchoíta, una especie central en la cadena alimentaria y recurso pesquero regional.

El premio revolvió sentimientos tras cinco años de trabajo entre muestreos y análisis. “Fue una tarea titánica, de mucho esfuerzo, pero valió la pena”, remarcó. En lo colectivo, lo leyó como una señal hacia afuera: “Pone en valor lo que es la ciencia argentina, en un tiempo en que se la menosprecia”.

Un método con impacto real en las costas de Chubut y Río Negro


La distinción funciona además como carta de presentación de una capacidad instalada en Patagonia: equipos, saberes y jóvenes formados en Chubut que pueden liderar líneas de trabajo de frontera.

El estudio sienta un precedente metodológico y abre la puerta a series temporales que sigan, año a año, cómo cambian el tamaño y la compactación de los cardúmenes. Además, posibilita la creación de mapas de probabilidad que vinculen la distribución de la anchoíta con depredadores como delfines o aves y a evaluaciones rápidas de eventos anómalos: enjambres masivos, cambios súbitos de profundidad, sin necesidad de capturas.

También invita a integrar sensores en embarcaciones de investigación, guardacostas o incluso flotas artesanales, generando redes de monitoreo de bajo impacto y alta resolución. Como herramienta de gestión, este método de «ver sin tocar» permite aportar alertas tempranas y evidencia concreta para tomar decisiones:

  • Vedas dinámicas: evitar concentraciones sensibles de especies en épocas clave.
  • Zonas de protección: delimitar áreas de forrajeo para especies marinas.
  • Turismo sustentable: planificar el turismo de naturaleza basado en datos reales sobre depredadores como delfines o aves.
  • Redes de monitoreo de bajo impacto: integrar sensores en embarcaciones de investigación, guardacostas o flotas artesanales.

Mirar lo conocido con otros ojos

Luzenti hoy está abocado a la docencia universitaria y secundaria en la provincia, pero las preguntas que abrió siguen ahí: ¿cómo evolucionará la interacción anchoíta–langostilla? ¿Cambiarán los cardúmenes con el clima o la pesca?

Un programa de monitoreo sostenido permitiría responderlas y formar a la próxima generación de técnicos y científicas que operen e interpreten estas herramientas.

Su experiencia demuestra que innovar también es mirar lo conocido con otros ojos: tomar una técnica disponible, hacerle nuevas preguntas y anclarla en el territorio. “Creo que esto sirvió para mostrarle a la sociedad y a los responsables políticos que la ciencia realmente tiene un valor: un país sin ciencia es un país destinado al fracaso”, enfatizó.

Cinco años observando el Mar Argentino


Agustín Luzenti inició su trayectoria académica en Puerto Madryn, donde cursó la Licenciatura en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Luego, profundizó su formación a través de un doctorado centrado en la ecología de peces pelágicos de los golfos norpatagónicos, integrándose al Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET).


Durante este proceso, contó con la dirección de Silvana Dans, especialista en mamíferos marinos, y la codirección de Raúl González, experto del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos Almirante Storni (CIMAS).


Su investigación fue impulsada por la observación de cambios en la dinámica trófica del Mar Argentino, particularmente tras la expansión del crustáceo Munida gregaria (langostilla) detectada a partir del año 2008. Luzenti propuso un abordaje innovador al emplear técnicas de hidroacústica activa.


El estudio demandó seis años de trabajo, incluyendo campañas de prospección estacionales en los golfos Nuevo y San Matías mediante el uso de ecosondas científicas. En abril de 2024, publicó sus hallazgos sobre la alteración estructural de los cardúmenes de anchoíta en la revista Fisheries Oceanography. Este trabajo le valió el Early Career Researcher Award en 2025, un reconocimiento internacional a la calidad metodológica de su tesis.