
La actriz y presentadora Rebeca Escribens debuta como escritora con El derecho de renacer, una obra de memorias que explora el duelo, el crecimiento personal y la búsqueda de nuevas oportunidades tras la adversidad. En conversación con Infobae Perú, comparte cómo el proceso creativo la llevó a abrazar su vulnerabilidad y a preparar el estreno de su primer unipersonal, una apuesta artística que la entusiasma y la enfrenta a nuevos miedos.
- Rebeca, “El derecho de renacer” marca el inicio de una nueva etapa como escritora. ¿Cuándo surgió en ti la necesidad de escribir y compartir lo que sentías? ¿Qué te motivó a expresar parte de tu vida a través de un libro?
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Desde que aprendí a escribir. Siempre me ha gustado escribir lo que se me venía a la cabeza, lo que sentía en ese momento. Escribía canciones, poemas, pensamientos. Desde que empecé a usar agenda, más o menos desde los trece o catorce años, tengo un baúl repleto de agendas. Ahora he empezado a desempolvar algunos escritos y el año pasado, cuando decidí tener más tiempo para mí, empecé con este proyecto. Sin duda es el preámbulo de lo que será mi show, que se llama “No soy una señora”.

- El libro es el inicio de tu unipersonal…
Sí. Estamos a un mes del estreno. Este primer libro es una viñeta de relatos sobre pasajes dolorosos y frustrantes de mi vida desde que era niña. Muchos de ellos los llevaré al escenario, contándolos y cantándolos. Es un show con una gran puesta en escena, bailarines y músico en vivo. Por fin haré lo que me gusta: cantar, bailar y actuar a la vez, contando una historia con el corazón abierto.
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- En el libro hablas de la maternidad temprana, la pérdida de tus padres y los desafíos que enfrentaste. Eso permite que el público conozca tu lado más vulnerable…
No lo escribí para que me conozcan más. Solo me interesa mostrar mi trabajo y que a partir de eso opinen o critiquen. Mi vida privada siempre la he cuidado celosamente, pero mi hermana fue quien me impulsó a publicar estos escritos. Entendí que al crear comunidad los problemas se hacen menos pesados. Al compartir, descubres que no eres el único con dificultades. Aunque las circunstancias sean distintas, la emoción es la misma. En el libro hablo del duelo, que no solo tiene que ver con la pérdida de un ser querido, sino con muchas situaciones. Por ejemplo, dejar de ser adolescente de un momento a otro para convertirme en madre fue uno de mis primeros duelos.
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- ¿En qué momento de tu vida llega este libro?
Llega cuando decido abrir mi corazón y compartir lo más preciado de mi vida, mi intimidad. Creo que es importante que la gente que me sigue pueda leer lo que viví y sepa que la Rebeca que ven hoy no nació así, empoderada y autónoma. Hubo un proceso y es bueno compartirlo, incluso para quienes puedan idealizarte. El camino no es fácil y en él pasan muchas cosas, buenas y malas, con las que hay que lidiar. Tras publicar el libro recibí mucho cariño de la gente. No lo hice con grandes expectativas, pero me llevo lindas sorpresas. Hay personas que coinciden con mis relatos y otras que se sorprenden de algunos pasajes de mi vida. La gente tiende a idealizar al artista, pero me gustaría que el libro trascienda y que, por qué no, sirva de guía para otros.
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- Hablas de la maternidad temprana con tu primer hijo y luego del segundo en una etapa más madura. ¿Cómo influyeron esas experiencias en tu desarrollo personal?
Tuve dos experiencias muy distintas. Mi primer hijo, Diego, llegó cuando tenía 17 años. Cuando empecé a trabajar, mi madre ya estaba enferma y mi hijo muchas veces me acompañó. Recuerdo que una vez lo dejé en un baño con una señora mientras yo vendía perfumes. Mi segundo hijo llegó en una realidad más acomodada, con una familia constituida y la posibilidad de contratar ayuda. Ambas realidades fueron dolorosas. El segundo embarazo trajo mi primera gran depresión, porque recién lloré a mi mamá, aunque ya habían pasado 9 años desde su partida. El nacimiento de mis hijos fue plenitud, pero también hubo momentos complicados a nivel emocional.
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- La partida de tu madre y luego de tu padre marcaron momentos decisivos en tu vida. ¿Sentiste que la ausencia de ambos te hizo experimentar la orfandad, sin importar la edad que tenías?
La orfandad no tiene edad. El vacío que se siente cuando ya no tienes papá y mamá es muy grande, aunque cada experiencia es única. Para mí es y seguirá siendo doloroso no poder llamar a mi papá o ir a su casa. Cuando ellos ya no están, parte de ti se va. Pasas a otro nivel, ves las cosas desde otro lugar. Es como si te quitaran el piso y toma tiempo volver a crearlo.
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- ¿Qué crees que dirían tus padres al leer tu libro?
Mi mamá, a través de mis sueños, me ha hecho saber que se siente orgullosa de mí. Mi padre logró decírmelo también y eso me calma. Él fue un hombre parco y distante, nos demostró su amor de otra manera y eso lo entendí de grande. Pero estoy segura de que, a modo de broma, me diría: “Espero que no hables de mí, porque si hablas de mí te cobro” (Risas).
- ¿Cómo viviste tu infancia siendo tan artística en un entorno donde no siempre se valoraba la creatividad?
Por muchos años me sentí excluida, como si todo lo hiciera mal porque tenía otras formas de hacer las cosas. Con el tiempo y gracias a la terapia, entendí que debía salir de ese círculo vicioso. Siempre fui una mujer díscola y disruptiva, y terminaba haciendo las cosas a mi manera. Ha sido una lucha constante.
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- ¿Sentiste que te hallaste con la actuación?
Soy actriz de profesión y conductora de oficio. En todo lo que hago, pongo el alma, el corazón y la vida. Amo lo que hago, sea en un escenario, en televisión, escribiendo o pintando. El arte me sana y es mi mejor terapia.

- Después del libro sigue el unipersonal, ¿cómo va este proceso?
Estoy feliz, pero también muerta de miedo. Es la primera vez que emprendo mi propio negocio, se llama “No soy una señora”. Estoy aprendiendo a confiar en mí, a que el lado oscuro de la mente no me boicotee. Me genera angustia que todo salga bien, que guste, que se llene, y por qué no, poder hacerlo durante los próximos diez años.
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- Te encargas de toda la producción…
Estoy encargada de todo, pero tengo un equipo maravilloso. Trabajo con Milagros Valladares, mi hermana, Ítalo Carrera, Renato Bonifaz y Raúl Suazo. Me siento muy bien sostenida por grandes profesionales y mi hermana, que siempre está a mi lado.
- ¿Cómo te sientes?
Da miedo enrumbarse sola, imagínate.
- Con este show le rindes homenaje a tus padres…
El unipersonal será el 24, 25 y 26 de septiembre, y el 1, 2 y 3 de octubre. Escogí esas fechas porque en septiembre cumplía años mi mamá y en octubre mi papá. Sí, es un homenaje a la vida y a mí misma. Hay muchas sorpresas. Es una historia contada con el corazón abierto, lo más honesta que he podido ser, compartiendo una historia para mostrar el otro lado de la moneda cuando la cámara se apaga.
