
La Argentina continúa exhibiendo precios elevados en una amplia variedad de bienes de consumo frente a otros mercados internacionales. En particular, la ropa, el calzado, los electrodomésticos, los autos y las motos siguen siendo más caros, aunque la brecha se redujo durante el último año. En alimentos y servicios, en cambio, la posición argentina es más heterogénea.
Así surge del último informe del IERAL, que comparó la evolución de los precios de bienes y servicios de consumo en Argentina, Brasil, Chile, México, EEUU, Francia, Polonia, Australia, China y Corea del Sur.
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La entidad puso los resultados en contexto con la evolución del tipo de cambio real multilateral (TCRM), que en agosto se ubicó un 5% por encima del nivel registrado en noviembre de 2023, último mes de la gestión de Alberto Fernández, aunque todavía se encontraba un 40% por debajo del promedio del período 2000-2026. Ese nivel de referencia equivaldría actualmente a un tipo de cambio de $2.078.

En el segmento que reúne bienes durables, indumentaria y calzado, Argentina aparece como el país más caro en el 74% de los casos analizados. Aunque la proporción continúa siendo elevada, implica una mejora significativa respecto de marzo de 2025, cuando el país encabezaba el ranking de precios en el 96% de las comparaciones.
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Autos, motos, productos electrónicos para el hogar, ropa y calzado continúan mostrando valores superiores a los registrados en los demás mercados relevados. Entre los diez productos incluidos en la comparación, hay tres en los que Argentina resulta más cara que todos los otros países: una freidora de aire, un vestido y un par de zapatillas.
El IERAL atribuye buena parte de esta diferencia a la combinación de protección comercial y elevada presión tributaria. Los derechos de importación y las restricciones que históricamente limitaron el ingreso de bienes se suman a impuestos como el IVA, Ingresos Brutos, tributos específicos y el impuesto a los débitos y créditos bancarios, factores que terminan trasladándose al precio final.
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Sin embargo, la brecha viene reduciéndose. La progresiva apertura comercial, la eliminación de restricciones cuantitativas a las importaciones, la reducción de algunos aranceles y determinadas bajas de impuestos internos contribuyeron a abaratar los bienes durables en términos relativos.
No todos los productos evolucionaron de la misma manera. El auto fue la principal excepción, con un aumento relativo de entre 4% y 10% frente a los demás países. En cambio, las heladeras registraron reducciones relativas de entre 12% y 58%, mientras que las motos bajaron entre 5% y 22% según el mercado de comparación.
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La diferencia de precios también se refleja cuando se mide el poder adquisitivo de los salarios industriales. Para comprar un auto, un trabajador industrial argentino necesita el equivalente a 20 salarios, frente a 16 en Chile y apenas 6 en EEUU.
En el caso de una moto de baja cilindrada, la relación es de 2,2 salarios industriales en Argentina contra 1,4 en EEUU. Para un par de zapatillas, en cambio, la incidencia es menor: representa alrededor del 7% de un salario industrial argentino, frente al 14% en Brasil y México, el 4,7% en Chile y el 1,8% en Estados Unidos.
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En términos generales, Argentina conserva mayor poder de compra que Brasil y México para adquirir los bienes durables analizados, pero queda por debajo de Chile y del resto de los países relevados.
La situación es diferente en alimentos y bebidas. De los diez productos analizados, Argentina resulta más cara en el 48% de los casos, apenas por encima del 47% registrado tres meses atrás.
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Brasil presenta precios inferiores a los argentinos en nueve de los diez productos. También se observan diferencias importantes frente a Chile, México, Polonia y Corea del Sur, donde entre la mitad y el 70% de los bienes son más baratos que en Argentina. Frente a China, la proporción llega al 90%.

En sentido contrario, EEUU, Australia y Francia presentan precios superiores a los argentinos en entre el 80% y el 100% de los productos relevados.
Dentro de la canasta, Argentina aparece relativamente cara en algunas bebidas, como el agua mineral y la cerveza, mientras que muestra precios relativamente bajos en queso, huevos y arroz blanco.
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En comparación a marzo de 2025, Argentina era más cara que otros países en el 53% de las comparaciones de alimentos. La proporción descendió hasta el 39% en diciembre de ese año, pero luego comenzó a subir nuevamente hasta alcanzar el 48% en agosto de 2026.

El IERAL vinculó parte de este movimiento con la evolución del tipo de cambio. La depreciación del peso durante 2025 habría contribuido a abaratar los alimentos argentinos en términos relativos, mientras que la apreciación cambiaria registrada en 2026 habría revertido parcialmente esa ventaja.
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Durante el último trimestre, siete de los diez alimentos y bebidas analizados se encarecieron relativamente frente a otros países y tres se abarataron. Entre los mayores aumentos relativos aparecen las papas, las gaseosas, la cerveza y el arroz blanco. En cambio, los huevos y el agua mineral mostraron reducciones relativas en distintas comparaciones.
El nivel de precios no necesariamente determina el poder adquisitivo. Aunque Brasil tiene precios inferiores a Argentina en nueve de los diez alimentos analizados, el salario industrial argentino permite comprar más unidades de todos esos productos que el salario industrial brasileño.
Algo similar ocurre con México. Frente a Chile, el resultado es equilibrado: en la mitad de los productos el salario industrial argentino tiene mayor poder de compra y en la otra mitad ocurre lo contrario.
Los trabajadores industriales de EEUU, Australia y Polonia, en cambio, tienen mayor poder adquisitivo en todos los alimentos y bebidas incluidos en la comparación. En Corea del Sur, la ventaja alcanza al 90% de los productos.
En servicios personales y familiares, Argentina aparece como más cara en el 38% de los casos. Se trata de un deterioro moderado frente al 34% registrado en mayo.
Las diferencias son notorias frente a Brasil y China: Argentina es más cara en el 90% y el 80% de los servicios comparados, respectivamente. Frente a Chile, la proporción es del 60%.
La fotografía cambia cuando se compara con las economías desarrolladas, donde los servicios suelen presentar precios más elevados que en Argentina.
Dentro de los servicios relevados, el país aparece relativamente caro en una comida en restaurante y en un plan de telefonía móvil. En cambio, resulta relativamente barato en la cuota de un gimnasio, educación preescolar, nafta, un café capuccino y taxi.

Las expensas y la cuota escolar fueron algunos de los servicios que más se encarecieron relativamente en el último trimestre, con aumentos de entre 12% y 14% y de entre 5% y 18%, respectivamente. El taxi fue la principal excepción, con bajas relativas de entre 7% y 11% frente a algunos países.
Al igual que en el caso de los alimentos, el informe relaciona parte de la evolución con la apreciación del peso. En marzo del año pasado, Argentina era más cara que otros países en el 43% de las comparaciones de servicios; la proporción cayó al 32% en diciembre y luego volvió a subir hasta el 38% en agosto de 2026.
Por otro lado, el IERAL amplió la comparación a 100 países a partir de datos de Numbeo. Se destaca que los mayores niveles de precios relativos de Argentina se concentran en indumentaria y calzado.
Un vestido de marca internacional ubica al país en el segundo puesto mundial entre los más caros. Las zapatillas deportivas aparecen en el octavo lugar, mientras que un jean Levi’s 501 o similar ocupa el décimo puesto.
También se ubica en posiciones elevadas el agua mineral de 1,5 litros, que aparece en el puesto 13, y una barra de pan blanco de 500 gramos, en el puesto 21.
En el extremo opuesto, Argentina presenta precios relativamente bajos en algunos productos y servicios. El vino de gama media ocupa el puesto 89 del ranking de precios, la cuota mensual de gimnasio el 76 y el bife de nalga el 56.
En conjunto, el informe muestra una Argentina que todavía tiene un problema importante de competitividad de precios en bienes transables, especialmente en ropa, calzado y productos durables, aunque con una brecha que se redujo de manera marcada desde comienzos de 2025.
La apertura comercial y la reducción de algunos impuestos comenzaron a achicar la distancia, pero la apreciación del peso volvió a presionar al alza los precios relativos de alimentos y servicios.