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28 sep 2026 - 08:49

En la piel de Rosa Montero puede 'leerse' Sapere Audere (Atrévete a saber) y la fórmula de la relatividad, todo rodeado de pequeñas golondrinas voladoras. Los tatuajes de la escritora muestran a una mujer de su tiempo que proclama su intención por perpetuarse en la escritura y en el aprendizaje que le da explorar personajes y experiencias como si fuera la primera vez. La novelista (Madrid, 1951) acaba de publicar Un día en la vida de Clarita (Alfaguara) un delicioso relato que corona su larga trayectoria 47 años después de su primer título. Rosa Montero se ha embarcado en esta novela corta que nació casi por azar y a la que se ha entregado compulsivamente en tiempo récord. Lectora de mujeres ante todo (cita a Nuria Labari, Claudia Piñeyro, Aixa de la Cruz, Marta Pérez-Carbonell... Y rompe la lista con un hombre, Ignacio Martínez de Pisón) Montero hace acopio de una envidiable energía, vestida de su color favorito, el verde, que en su caso no es de esperanza sino de alegría. Su protagonista se jubila sin imaginar que algo va a cambiar su anodina existencia. Rosa, sin embargo, no tiene la menor intención de irse, seguirá pluma e mano hasta que la parca llame a su puerta y antes se haya bebido un vino blanco frío y con amigos. Durmiendo, si puede ser.

Yo me quiero morir lo más viva posible, escribiendo. Jamás, jamás me jubilaré

¿Piensa jubilarse Rosa Montero, como su protagonista?

Nooo jamás, jamás, jamás. Lo primero es que siempre he estado en un trabajo en los bordes; en mi vida profesional, he sido muy pocas veces fija, casi siempre he sido colaboradora, no he tenido esa vida de entrar, de unas horas... Yo pienso morirme lo más viva posible y para mí escribir es vivir. Lo que te da miedo es eso que José Donoso llamaba 'la seca'. Una de mis grandes maestras que para alegría mía al final fue también amiga, Ursula K. Le Guin, dejó de escribir a los 80 años. Yo fui a verla a Portland (EEUU) y le decía 'inténtalo' y me dijo 'no, se ha ido'. Es es como morirse en vida, espero que a mí no me pase. Ella murió a eso de los 87.

Esta historia de Clarita me da la impresión de que no tiene nada que ver con el personaje real de Rosa Montero, ¿o sí?

Claro que no. Ningún personaje se parece a mí, esa es la gracia; la única es Bruna Husky (risas), y es un robot de dos metros de altura que se dedica a dar bofetones. Y es la que más se me parece por la obsesión de la muerte y del paso del tiempo. Me gusta meterme en personajes y llegar a sentirlos como propios. Como decía el romano Terencio, 'nada de lo humano me es ajeno'. Y a mí me encanta vivir a través de las novelas, vivir otro mundos. Además, normalmente siempre busco personajes bastante extremos y llegar a vivir dentro de ellos. 

Yo diría que Clarita es apocada y conservadora. ¿Por qué es extrema en su conducta?

Es una persona que no se ha podido adaptar bien al molde de la supuesta normalidad. A todos nos engañan con eso. Nos dicen que lo normal es lo más cercano a lo habitual, pero es mentira. Es un molde que varía dependiendo de las culturas y de las épocas; y nos obligan a meternos dentro de él aunque nos tengamos que cortar un brazo para caber.  En realidad, lo normal es ser raro en una amplísima gama de rarezas, pero en realidad todos nos afanamos para entrar en el molde aunque nos tengamos que cortar una pierna. Al niño que se le nota la divergencia le atizan desde pequeña. En el caso de Clarita hay una norme elipsis desde el pasado, donde se ve de dónde viene. Ha sido maltratada toda su vida y sigue sufriendo mobbing en el trabajo. Hablamos bastante y no suficiente del acoso escolar, que es un tema atroz, pero no del mobbing laboral. Y es súper, supercomún y no ya de los jefes, sino de los compañeros. Hay mucha gente a la que le destrozan la vida. En ese sentido, Clarita tiene un toc, obviamente, que es repetitiva, obsesivo compulsiva. 

La escritora ¿también tiene 'tocs'?

Sí, tengo dermatilomanía (arrancarse la piel, sobre todo de los dedos y uñas), como Clarita. Me pellizco y me encanta hacerlo, no me pasa absolutamente nada, ni infecciones ni nada. Suele ser genético. Toda mi familia materna, hombres y mujeres, tenemos dermatilomanía. En el caso de Clarita es una cosa más. Sin embargo, con los números, que para ella son otra obsesión, no tengo nada, ni favoritos ni especial. Tampoco con el bolígrafo Mariano (risas).

Todos tenemos miedo a ser humillados, a fallar, a no ser reconocidos

La creación de esta novela no ha sido, para quien lleva casi cincuenta años escribiendo, un proceso 'normal', digamos. ¿Por qué?

Sí, es una novela rara en mi producción por la manera en que la he escrito. Todos los demás libros que he escrito pasan por lo que yo llamo 'el huevecillo', que es el tiempo que invierto. Por lo menos, me paso un año tomando notas y a veces, como en Historia del rey transparente, estoy varios años tomando notas y desarrollando la historia.  Con Un día en la vida... entré directamente en la historia, con lo cual la iba escribiendo en tiempo real y ya sabía que sería una novela corta. Quería que tuviera una intensidad, que fuera como sólida. Y  mientras la escribía yo no sabía si Clarita y yo íbamos a ser capaces de salir del entuerto importante en el que nos metimos. Ha sido una escritura difícil porque ha sido una novela que se mueve entre contrarios: por un lado, muy realista, pero por otro lado, muy grotesca; y lo que tienes que hacer es caminar por la mitad. Cuenta cosas tremendas cómo es el abuso del poder, cómo se regocija en humillar a los desposeídos, cómo la humillación rompe a la gente y el mobbing laboral. Pero por otro lado, es la novela más humorística que he escrito en mi vida. A mí me gusta el humor, me parece que es un vehículo de conocimiento muy ajustado. Hay otra pareja de contrarios: es una novela muy intimista que trata  en un viaje existencial, un renacimiento, un cambio a una nueva vida. Y al  mismo tiempo es muy trepidante, es como intentar ir por un desfiladero. Había que intentar que no se te fuera la historia, ni para un lado ni para otro.

¿Somos todos un poco Clarita, alguien no visible aunque estemos allí, rodeados?

Yo creo que hay mucha gente que se sentirá identificada, en ese querer ocultarnos, en el miedo a fallar, a ser humillados, en la necesidad de ser reconocidos. También en lo contrario: yo soy una voluntarista en sobrevivir, en sobreponernos. Recuerda la frase 'Que Dios no te envíe lo que puedes soportar' (Santa Teresa). Pero claro, luego, hay un puñado de sicópatas, de verdugos, que convierten en víctimas a otros.

Ver los informativos, ¿es todo un reto para la imaginación?

No los miro desde hace años, sobre todo, por la noche.  Leo periódicos en internet, pero no veo la televisión. El desconsuelo es que no puedo dormir si los veo, me hunde en la miseria y sobre todo, el de la noche. Eso de ver cómo se está cayendo el mundo e irte a dormir... es que no puedo.

Las novelas nacen del inconsciente y el inconsciente nace de los sueños. Tú no escoges las historias, las historias te escogen a ti

Pero su personaje tiene rasgos muy reales, también, muy de telediario costumbrista.

Yo misma me pregunto cómo ha nacido esta Clarita que, como cuento, salió de un encargo que me hicieron. A Clarita han terminado cambiándole el nombre, porque desde pequeña la han minimizado. Empecé a escribir ese encargo y dije, 'no, esto es mío, me lo quedo'. Ha sido como una posesión. Y me puse con furia a su escritura. Lo que pasa es que las novelas nacen del inconsciente y el inconsciente nace de los sueños. Tú no escoges las historias, las historias te escogen a ti. Es como si estuvieras soñando un sueño con los ojos abiertos. Esto lo he hablado con cantidad de escritores y lo sienten así, como Claudia Piñeyro. Es algo que te obliga, te moviliza y no sabes por qué. Cuando la terminas y empiezas a hablar de ella, recuperas la consciencia y vas sabiendo por qué has hecho eso. Ahora sé por qué me poseyó Clarita. Y es por la angustia de este mundo. Es tanta la zozobra, el pesimismo que de repente necesité contar una historia en la que en el peor de los momentos, en la peor de las vidas se demuestre que los humanos podemos ponernos de nuevo en pie y recrear una vida vivible, digna y con luz.

La razón de la novela ya la sabemos, pero ¿ha cambiado luego de hacerla su perspectiva?

No, pero alivia. Y sobre todo en la escritura. 

Entonces, tendrá otros asideros para seguir.

Tengo, sí. De hecho, tengo una trilogía de literatura fantástica, de la que llevo escritos tengo siete capítulos y varios cuadernitos de notas. La tuve que dejar porque se me cruzó Clarita. Y luego estoy con uno de mis 'artefactos' (se refiere la autora a títulos del perfil de El peligro de estar cuerda y La ridícula idea de no volver a verte, de pensamiento y no de ficción).

Me parece alucinante que 47 años después, aún haya gente que sigue leyéndome

Una obra tan prolífica ¿se  puede convertir en un arma arrojadiza contra el lector, que no tenga tiempo de procesar tan deprisa lo que escribe?

Bueno, a mí me parece alucinante llevar 47 años escribiendo y tener la misma pasión por escribir, que siga escribiendo libros, pero más alucinante es (lo dice despacio, casi deletreando la palabra) que siga habiendo gente que me lega, te lo juro. Yo escribo lo que necesito escribir. Se nota cuando leo los de otras personas, si son o no necesarios para los autores. Si están contados desde una veracidad. Hay libros de autores que escriben muy bien pero no están escritos desde la necesidad, sino para quedar bien, ganar premios, vender. Cuanto  mejor escribe la persona y más falso me parece el libro, más rabia me da. Es una percepción, aunque me puedo equivocar, pero no, lo noto. Hay cosas que me desesperan. A mí no me caben los libros en casa y siempre voy rotándolos y dándolos. Pero si hay un autor que es bueno y lo que ha hecho no me lo parece, me indigna tanto que tiro su libro a la basura.​

¿Ha pensado cómo le gustaría que fuera su último día?

A ser posible ​acostarme y morirme en la cama. Por qué no pedir, yo lo quiero todo. Caminar por el campo con mi perro, leer un libro bueno, tomarme una copa de vino blanco, estar con amigos, gente a la que quiero. Acostarme y morirme. Yo no voy a ser de las resignadas viejecitas. Soy como el poema de Dylan Thomas: "No entres dócilmente en esa buena noche".

Y literariamente ¿le seduce dejar un adiós?

No, no. Siempre tienes tentaciones y lo vas haciendo. Por ejemplo en El peligro... me parece que hablo de toda la vida, contesto a preguntas que me hecho siempre. Hablo de la divergencia mental y social, y Clarita es así también. Pero no haré nada como un cierre pomposo, eso no.

Se mueve entre dos editoriales, ¿esto no es cansado?

Esto me asombra hasta a mí misma (risas). La situación no es preconcebida ni está hecha a propósito y de repente la vida me ha colocado allí. He terminado así y no sé bien por qué. Yo creo que soy más bien claustrofóbica y esto es resultado de cómo una es. Lo que intento es ir dando un libro a cada editorial, aunque a veces no puede ser tan así. Por ejemplo, una Bruna (Hasky, su androide detective) tiene que ir a Seix Barral, donde han salido las anteriores.  Y tengo que respetar el lugar de cada una. Por un lado es una maravilla publicar con las dos editoriales más prestigiosas y con las dos editoras, Pilar Reyes (Alfaguara) y Elena Ramírez (Seix Barral), que son las mejores de Europa. Por otro lado es un lío pero ya es así. No puedo traicionar a ninguna así que estoy atrapada.

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Rosa Ballarín

Periodista Cultural '20minutos'

Rosa Ballarín Borruel es redactora de 20minutos desde 2023. Trabaja en la sección Estilos de vida, sobre cultura y entretenimiento. Su especialidad son los temas relacionados con libros y entrevistas con escritores.