Hay programas que se planifican y otros que se descontrolan. “La Noche de Mirtha”, sin Mirtha Legrand por problemas de salud, fue de los segundos: sentar en la misma mesa a las abogadas de Wanda Nara y de Mauro Icardi, con Juana Viale como única mediadora posible, tenía menos de entrevista que de pelea de fondo.
El primer round llegó con la pregunta inicial. Viale quiso saber si lo que se discute en tribunales es materia privada y Rosenfeld se apuró a contestar. Marcovecchio la dejó hablar y le devolvió el golpe con una sonrisa: le dijo que le encantaba contestar primero y que a ella le quedaba, cómodo, el rebote. La abogada de Wanda contraatacó por la antigüedad —52 años de profesión, dato que repetiría toda la noche— y sugirió que su colega no tenía ni esa edad.
De ahí en más, cada tema fue una excusa para el cuerpo a cuerpo. Sobre la exposición del expediente, la abogada de Icardi habló de una exhibición obscena de circunstancias privadas y dio un ejemplo: se publicó una prohibición de salida del país que todavía no existía. Rosenfeld le preguntó si iban a decir la verdad o a mentir; Marcovecchio le contestó que la especialista en decir cosas distintas en televisión era ella. Karina Iavícoli, que junto a Luciana Rubinska intentaba entender el laberinto, aportó la única frase que nadie desmintió: las dos partes filtran.
El capítulo de los pasaportes robados de las hijas en Italia subió la temperatura. Rosenfeld sostuvo que Icardi no solo no colaboró sino que se opuso a que las nenas volvieran a la Argentina; Marcovecchio se negó a responder por sí o por no —aclaró que no estaba en un debate presidencial— y recibió la chicana de la noche: “¿Qué sos, Sergio Massa?”. Después explicó que el trámite involucra tres jurisdicciones, Italia, Argentina y Turquía, porque es una restitución internacional.
Lo de la cuota alimentaria fue directamente un sketch. “Paga”, decía una. “No paga”, contestaba la otra. Y así, en loop, hasta que Iavícoli las comparó con dos nenas de cinco años peleándose por una muñeca y Viale admitió lo evidente: es muy difícil llegar a un acuerdo así. Marcovecchio, que se declaró abogada de familia y partidaria de bajar la conflictividad, siguió tirando dardos: entre ellos, que su colega quería dirigirle la mesa a la conductora.
Hubo lugar para lo demás: la denuncia de Marcovecchio de que la apelación de la otra parte le costó a Icardi la chance de conseguir club —habló de un daño y de un juicio en camino— y la inevitable China Suárez. Rosenfeld aclaró que no considera un monstruo a Icardi, que aplaudió durante años su rol de padre y que hubo un cambio radical tras la separación: “Mauro se la está cobrando”. Marcovecchio resumió su defensa en cinco palabras: “Mauro está viviendo su vida”.
Ganadora, ninguna. Bueno, el rating.
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