
Rusia reconoció este viernes un nuevo deterioro en el abastecimiento de combustibles en varias regiones del país después de los recientes ataques ucranianos contra refinerías, entre ellas la de Orsk, cuya recuperación demandará hasta seis meses.
El gobierno informó que persisten problemas de suministro en estaciones de servicio de distintas zonas y dispuso un refuerzo de los envíos hacia los puntos más afectados. La situación fue revisada en una reunión encabezada por el viceprimer ministro para Energía, Aleksandr Novak, con participación de ministerios, autoridades regionales y representantes del sector.
La refinería de Orsk, en la región de Oremburgo, quedó completamente paralizada tras el ataque del 11 de agosto. Las autoridades locales señalaron que los daños alcanzaron infraestructura clave y explicaron que la reparación llevará meses porque parte del equipamiento necesario proviene del exterior y su reposición enfrenta obstáculos por las sanciones.
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La salida de operación de esa planta se sumó a otros episodios recientes sobre instalaciones petroleras rusas. A fines de julio quedó inactiva la refinería de Riazán, al sur de Moscú, con un plazo de reparación de varias semanas. Antes también fue atacada una planta en Tiumén, en Siberia occidental, sin una fecha confirmada para reanudar la actividad.
En Oremburgo, las autoridades indicaron que cerca del 80% de las 287 estaciones de servicio seguía operativo. El resto presentaba faltantes o interrupciones vinculadas a problemas de distribución. Novak también ordenó un seguimiento de los precios para productores agropecuarios y para la venta minorista.
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La región de Krasnodar volvió a figurar entre las más afectadas. Su gobernador, Veniamín Kondrátiev, advirtió que las petroleras redujeron volúmenes de entrega, impusieron nuevas limitaciones y acotaron horarios de atención en estaciones de servicio, con impacto sobre residentes y visitantes.
La crisis de abastecimiento tomó impulso a fines de mayo, cuando Ucrania intensificó los ataques contra la infraestructura energética rusa. El déficit apareció primero en Crimea y luego se extendió a otras regiones. Aunque en las últimas semanas algunas zonas levantaron restricciones al repostaje, el cuadro volvió a empeorar.

En distintos puntos del país se aplicaron cupos de venta y otras limitaciones para evitar el acopio. La continuidad de esas medidas reflejó el efecto de la menor capacidad de refinación tras los daños sufridos por varias plantas.
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Frente a ese escenario, Rusia recurrió a importaciones de gasolina. A comienzos de agosto llegaron cargamentos desde India, y también se informaron partidas vinculadas a Marruecos y Singapur. Parte de ese combustible quedó retenido en el puerto de Múrmansk por diferencias entre importadores y reguladores sobre el precio de comercialización.
Al mismo tiempo, el gobierno autorizó la venta interna de combustible Euro-2, por debajo del estándar Euro-5, con la intención de aliviar la escasez en algunas regiones. La medida coincidió con una nueva presión sobre la red de refinación y distribución, afectada por ataques, paradas técnicas y dificultades para incorporar suministros externos.
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(Con información de AFP)