Las armas, tanto rusas como ucranianas, han callado en la mañana de este martes en Oleshky, donde los casi 2.000 habitantes que aún quedan en la ciudad sufren escasez de alimentos, medicinas y agua potable. Comienza así un alto el fuego temporal y localizado que permitirá llevar a cabo una operación humanitaria y evacuar a la población que desee abandonar esta ciudad situada en pleno frente de batalla. Mientras, los ataques y bombardeos continúan en otras regiones, incluida la capital ucraniana, Kyiv.
El Ministerio de Defensa de Rusia anunció que había “cesado el fuego en dirección a Jersón”, donde se encuentra Oleshky, y había “introducido el 'régimen de silencio' a partir de las 04:00, hora de Moscú, del 27 de octubre de 2026”.
Ucrania emitió un mensaje similar, señalando que esta tregua entraba en vigor al mismo tiempo, cuando en Kyiv eran las 03:00. “Como jefe del equipo de negociación ucraniano, confirmo que la parte ucraniana está cumpliendo sus compromisos”, dijo en Facebook el comisionado parlamentario ucraniano para los Derechos Humanos, Dimitro Lubinets.
En manos rusas desde 2022, Oleshky está a solo 5 kilómetros de Jersón, que permanece bajo control de Ucrania
Oleshky, que antes de la guerra contaba con una población de 24.000 habitantes, está situada en el sur de Ucrania, en la orilla izquierda del río Dniéper, a cinco kilómetros de Jersón, capital de la provincia homónima. Mientras que esta permanece en manos de Ucrania, Oleshky ha estado bajo control de las tropas rusas desde febrero de 2022, cuando las tropas de Moscú invadieron el país vecino y comenzó la guerra.
Desde la destrucción de la presa de Kajovka, en 2023, y la consiguiente inundación de las zonas cercanas, en Oleshky ha habido grandes dificultades para acceder a agua corriente, electricidad, gas y calefacción central.
Tanto Rusia como Ucrania han constatado la desesperada situación en la que se encuentran los residentes que todavía viven en la población, 1.700 (incluidos 35 menores), según la Misión de Observación de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania.
Sin embargo, Moscú y Kyiv se acusan mutuamente de esta situación. Moscú asegura que los militares ucranianos interrumpen el suministro de alimentos, medicinas y agua potable a la ciudad. Y el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, ha aseverado este mes que las fuerzas ucranianas impiden la salida de los habitantes de la ciudad e imposibilitan con sus drones las entregas de suministros.
Mediación de Melania Trump y del Papa León XIV
Estados Unidos anunció el acuerdo de alto el fuego el pasado viernes, 23 de octubre. Según la Casa Blanca, la tregua ha sido posible gracias a las negociaciones de la primera dama estadounidense, Melania Trump. “Ambos países acordaron un cese de todas las acciones militares en Oleshky para permitir la llegada de ayuda humanitaria y para preparar una evacuación de civiles a través de un corredor seguro”, explicó en un comunicado.
Según la Casa Blanca, Melania Trump “había iniciado conversaciones con ambos países y, en su función oficial de Intermediaria Exclusiva, logró que las partes acordaran los objetivos, los procedimientos técnicos, el calendario, los procesos y las condiciones” del cese el fuego localizado.
En el pacto también habría influido el Vaticano. El Papa León XIV habló el 16 de octubre con el presidente ruso, Vladímir Putin, y le pidió una tregua humanitaria.
También el viernes anunció el acuerdo Valeri Guerásimov, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia. Y lo mismo hizo el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania. David Arajamia, otro de los principales negociadores ucranianos y cercano aliado del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aseguró que la operación humanitaria comenzaría en cuanto callasen las armas. Arajamia confirmó la implicación tanto de Melania Trump como del Papa León XIV.
Un corredor seguro para todos los que deseen abandonar la ciudad
En Moscú, Peskov y la Comisionada presidencial para los Derechos Humanos, Yana Lantrátova, han afirmado que todos los que lo deseen podrán abandonar la ciudad de forma segura. “Para ello es necesario respetar el 'régimen de silencio' y crear condiciones seguras para el transporte humanitario”, ha dicho Lantrátova.
A pesar de este alto el fuego local, los bombardeos aéreos rusos contra ciudades ucranianas y los ataques de drones ucranianos contra territorio ruso continúan.
En la noche del lunes al martes Rusia lanzó 16 misiles balísticos y más de 280 drones contra varias provincias ucranianas, según datos de la Fuerza Aérea ucraniana. En Kyiv, las armas rusas alcanzaron el campus universitario, un edificio administrativo e instalaciones médicas. Según el Servicio de Emergencias de Ucrania, al menos una persona murió y otras 15 resultaron heridas.
El ataque también volvió a dañar el principal puente que conecta ambas orillas del río Dniéper, que divide en dos la capital ucraniana.
El Ministerio de Defensa de Rusia informó de que sus fuerzas atacaron infraestructuras de transporte en Kyiv, un centro logístico en la región de Járkiv, así como instalaciones industriales y buques de carga en otros lugares que, según Moscú, tienen uso militar.
Zelenski dijo que se trataba de “una grave escalada en la operación de Rusia contra nuestra logística. En casi todas partes, los objetivos de Rusia fueron el sector energético, la logística y la infraestructura urbana”, afirmó.
El mandatario ucraniano volvió a denunciar los “retrasos artificiales y prolongados” en el suministro de misiles para sistemas antiaéreos Patriot y NASAMS que EE.UU. debe hacer llegar a Ucrania después de que los aliados de Kyiv hayan pagado a empresas estadounidenses por estos paquetes de armamento.
Las autoridades regionales rusas denunciaron, por su parte, ataques mortales ucranianos en dos regiones. En el óblast de Briansk, fronterizo a Ucrania, un ataque con drones mató a un hombre y provocó seis heridos. En la zona de la región de Zaporiyia bajo control ruso, un dron golpeó un autobús y se registró otro fallecido y 30 heridos. Las defensas antiaéreas rusas derribaron durante la noche 222 drones sobre 12 regiones rusas.

Corresponsal de La Vanguardia durante más de dos décadas en Moscú. Con anterioridad, escribió para este diario desde Hong Kong y cubrió acontecimientos como el referéndum de independencia de Timor Oriental (1999) o la guerra de Afganistán tras los atentados del 11-S (2001). En la "prehistoria" trabajó en Madrid para la revista Cambio16 y la siempre recordada Jaque, especializada en ajedrez, una de sus grandes pasiones.