Todo es celebración en el último recital lírico en la Iglesia del Carmen de Peralada. El reencuentro de la soprano Sara Blanch, una década después de su primera actuación en el Festival lírico catalán por antonomasia, se alineó con la clausura de la edición número 40.
No pudo tener un compañero de recital más adecuado que el estadounidense Michael Spyres, un baritenor fuera de serie que combina con facilidad y pasmosa técnica los repertorios de barítono y tenor. Ambos, seguidos de cerca por el versado pianista Giulio Zappa, demostraron una profesionalidad a prueba de bomba.
Un repertorio de pupurri sirvió para mostrar la flexibilidad y capacidad camaleónica de ambos intérpretes
El repertorio, en exceso popurrí pero muy típico en estas citas de celebración, despistó a más de uno por su eclecticismo. Pero sirvió para mostrar la flexibilidad y capacidad camaleónica de ambos intérpretes, dos voces en la cima de sus respectivas carreras.
La soprano de Darmós ha tenido la temporada de ópera más importante y exitosa de su carrera internacional. Su debut en la Ópera de París como Oscar de Un ballo in maschera , de Verdi, o su debut como Mélisande en el Teatro alla Scala de Milán, en el clamoroso estreno de una nueva producción de la ópera de Debussy firmada por Romeo Castellucci, son dos faros relucientes de su temporada. Pero es que su reciente debut, este julio, en la Royal Opera House de Londres como la pizpireta Marie de La Fille du Régiment , de Donizetti, en la icónica producción de Laurent Pélly y con Juan Diego Flórez como partenaire, la sitúan en el top de las cantantes líricas españolas de su generación.

Tampoco le va a la zaga el consolidado baritenor, como él mismo se define, Michael Spyres. Esta temporada ha debutado como Nemorino en el Liceu y, tres meses después, como Tristan en la nueva producción del Met junto a la Isolde de Lise Davidsen, en un alarde de técnica y estilo. Viene, además, de triunfar en los festivales de Aix-en-Provence y Salzburgo, combinando Liederabend y recitales de barroco. Un solista de una versatilidad excepcional.
Spyres inició el recital con la destreza que le proporciona su extraordinaria tesitura en el aria “Il était une fois” de Les Contes d’Hoffmann , donde mostró gracilidad en el fraseo y dominio técnico, para luego sorprender como eufórico Figaro de Rossini, en un salto de tenor a barítono de una naturalidad solo al alcance de los grandes. Si bien es cierto que le faltó incisión expresiva a su romanza No puede ser , de la zarzuela La tabernera del puerto , lo compensó con una notable dicción.
Blanch matizó con detalles de gran clase el vals de Juliette, de Gounod, o el celebérrimo “O mio babbino caro” de Puccini
Blanch matizó con detalles de gran clase el vals de Juliette, de Gounod, o el celebérrimo “O mio babbino caro” de Puccini y se atrevió con una aguerrida versión de la romanza Carceleras , de Chapí. En el dúo final de la primera parte, “Caro elisir”, de Donizetti, ambos mostraron cualidades de su experiencia belcantista, con fraseo de gran musicalidad.
La segunda parte también comenzó con repertorio francés. Spyres lució su Hamlet de Thomas en un brindis desinhibido y de contagiosa frescura, mientras que Blanch se entregó a fondo en la extensa aria de la locura de Ophélie, de la misma ópera. Aquí ya se notó cierto cansancio en la mórbida voz de la catalana, en el cierre de una temporada de gran exigencia personal. La pausa operística dedicada a las canciones napolitanas resultó algo desubicada en medio del recital, pero mostró la elegancia del fraseo de ambos y su fervor comunicativo.
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También resultó extraño el vestuario a la rusa de Spyres para esta segunda parte, cerrada con un Granada de gran dominio técnico, a pesar de los ligeros cambios de color y de esa ausencia de punta pasional que esa canción necesita.
Sara Blanch, enfundada en un floreado vestido flamenco, puso pasión y baile con Me llaman la primorosa , para cerrar ambos con el folclórico dúo Torero quiero ser , de El gato montés de Penella.
La generosa acogida del público arrancó hasta cuatro bises: el aria de Musetta de La bohèm e, una sorprendente y valiente “La donna è mobile” del Rigoletto de Verdi, la canción Non ti scordar di me cantada a dúo y la stretta final del dúo Gilda-Duque de Mantua de nuevo de Rigoletto .
Blanch debutará Gilda en Múnich la próxima temporada, donde Spyres la comenzará como Júpiter, en Semele de Händel. Y en verano volverá a Bayreuth protagonizando la nueva producción de Lohengrin , en el debut en la Colina Verde del emergente director finlandés Tarmo Peltokoski.