Un hombre sin camiseta se limpia el rostro con una toalla dentro de una estructura cilíndrica rodeada de instrumentos y paneles

El astronauta Jack Lousma se asea en el compartimento de ducha dentro del módulo espacial. (NASA)

A unos 400 kilómetros de la Tierra, los astronautas pueden ver amanecer y anochecer 16 veces en un solo día. Pero esa vista no elimina los problemas de la rutina: dormir, lavarse, comer, ir al baño y hacer ejercicio en microgravedad requiere equipos específicos, horarios rígidos y una gestión minuciosa de cada gota de agua.

La Estación Espacial Internacional (EEI) funciona como laboratorio científico y vivienda para sus tripulantes durante misiones que pueden durar varios meses. Allí no hay camas convencionales, duchas ni lavarropas. Tampoco existe la gravedad que permite que el agua caiga, que el cuerpo se mantenga quieto sobre una superficie o que los residuos lleguen a un desagüe.

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La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA) resumió esa realidad en uno de sus documentos sobre la vida orbital: “Dormir puede ser un problema cuando no hay gravedad”.

En la EEI, cada integrante de la tripulación cuenta con una cabina personal de dimensiones reducidas. Allí instala una bolsa de dormir que queda fijada a una pared, a un asiento o a otra estructura del módulo. La razón es directa: sin gravedad, el cuerpo no permanece sobre un colchón.

Una mujer dentro de un saco de dormir verde se encuentra en un camarote estrecho con dispositivos electrónicos en la pared
La astronauta Samantha Cristoforetti descansa dentro de un saco de dormir en su camarote de la Estación Espacial Internacional. (NASA)

Dormir en el espacio exige mantenerse atado para evitar desplazamientos involuntarios y golpes contra los equipos. La orientación tampoco modifica la experiencia. Un astronauta puede descansar de pie, horizontal o con la cabeza hacia abajo porque no percibe el peso del cuerpo ni una referencia fija de arriba y abajo.

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La NASA establece, en términos generales, ocho horas de descanso después de una jornada de misión de 16 horas. Sin embargo, el sueño puede verse afectado por el ruido de los sistemas de ventilación, el trabajo planificado, la ansiedad y los ciclos de luz. La estación completa una órbita alrededor del planeta aproximadamente cada 90 minutos, por lo que sus ocupantes observan numerosos amaneceres y atardeceres durante un día terrestre.

Para ordenar el ritmo biológico, las cabinas disponen de ventilación, controles de iluminación y elementos para bloquear el sonido y la luz. Según la agencia espacial, los astronautas usan “un antifaz y tapones para los oídos para bloquear el ruido y la luz”.

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Una ducha convencional no sería viable en un entorno de microgravedad. El agua no cae hacia un desagüe: forma gotas y esferas que pueden quedar suspendidas dentro del módulo. Si esas partículas ingresaran en computadoras, paneles eléctricos o sistemas de ventilación, podrían provocar problemas técnicos.

Una esfera de agua flotante refleja de forma invertida el rostro de un hombre, cuya cara aparece desenfocada en el fondo
El astronauta Leroy Chiao observa su reflejo invertido en una gota de agua flotante a bordo de la Estación Espacial Internacional durante la Expedición 10. (NASA)

Por esa razón, los astronautas no se duchan en la Estación Espacial Internacional. La higiene diaria depende de toallas húmedas, paños, pequeñas cantidades de agua y productos que no requieren enjuague. La NASA señaló que los tripulantes toman “baños de esponja diarios” y usan shampoo sin enjuague para el cabello.

El procedimiento evita que queden gotas sueltas en el aire. El agua se aplica sobre la piel o el pelo y luego se retira con una toalla. La pasta dental también requiere una adaptación: puede tragarse o retirarse con succión, como sucede en algunos consultorios odontológicos.

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La falta de ducha no implica que el cuidado personal deje de ser importante. El ejercicio diario provoca transpiración, mientras que el cabello y la piel continúan produciendo aceites naturales. La diferencia está en que la limpieza debe hacerse con un consumo reducido de agua y sin generar residuos que floten dentro de la nave.

Ir al baño también exige aprender una técnica específica. En la Tierra, la gravedad dirige los líquidos y sólidos hacia el inodoro. En órbita, esa función depende de un sistema de aire y succión.

Estantes blancos de equipamiento, acolchado acolchado marrón y contenedores de almacenamiento en el interior de una estación espacial
El baño de la Estación Espacial Internacional utiliza un sistema de succión y filtrado para recoger los residuos y reutilizar parte del agua durante las misiones (Nasa)

El baño de la estación posee un asiento con apoyos para las piernas y los muslos. Esos elementos ayudan al astronauta a conservar la posición correcta. Para la orina, se emplea un embudo conectado a una manguera. Los ventiladores generan el flujo que lleva los residuos hacia los depósitos correspondientes.

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La NASA comparó el mecanismo con una aspiradora: “El inodoro funciona como una aspiradora con ventiladores”.

Una parte central de este proceso es el reciclaje de agua. La humedad del aire, la condensación y la orina pasan por sistemas de tratamiento que permiten recuperar líquido para distintos usos. El agua es limitada y transportarla desde la Tierra implica costos y capacidad de carga, por lo que la reutilización resulta necesaria para las misiones prolongadas.

Los astronautas no lavan su ropa en la EEI. No hay lavarropas ni un sistema de secado disponible para las prendas de uso cotidiano. Por eso llevan indumentaria diseñada para utilizarse durante varios días, en especial las prendas exteriores.

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Cuando la ropa deja de ser útil, se coloca en contenedores de carga. Algunos de esos vehículos se desprenden de la estación y se desintegran al reingresar en la atmósfera terrestre. Los trajes espaciales y otros equipos costosos siguen un circuito distinto: regresan a la Tierra cuando es posible para recibir mantenimiento o ser reutilizados.

Una mujer con camiseta rosa y arnés de sujeción corre sobre una plataforma dentro de un habitáculo rodeado de equipos técnicos
La astronauta Samantha Cristoforetti se ejercita en una cinta de correr dentro de un módulo de la Estación Espacial Internacional. (NASA)

La comida también limita la necesidad de lavar utensilios. Los alimentos suelen llegar en envases individuales y las bandejas o cubiertos se limpian con toallas sanitizantes. La NASA explicó que esa modalidad elimina la necesidad de contar con una pileta de cocina o lavavajillas.

La microgravedad afecta al cuerpo de distintas maneras. Es el estado en el que los objetos parecen no tener peso porque están en caída libre orbital junto con la estación. Aunque los astronautas no se alejan de la influencia gravitatoria terrestre, perciben una sensación de ingravidez.

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En ese contexto, los músculos trabajan menos que en la Tierra y los huesos pueden perder densidad. Los fluidos corporales tienden a desplazarse hacia la parte superior del cuerpo, lo que puede producir hinchazón facial y una reducción momentánea del volumen de las piernas.

Para reducir esos efectos, los astronautas realizan cerca de dos horas diarias de entrenamiento con cintas de correr, bicicletas fijas y aparatos de resistencia adaptados al espacio. “Los astronautas deben hacer ejercicio dos horas al día”, indicó la NASA. La actividad busca preservar fuerza muscular y salud ósea para que los tripulantes puedan recuperar la movilidad normal después del regreso.

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La rutina en órbita combina experimentos, mantenimiento de la estación, controles médicos, comunicaciones con el centro de control, comidas, higiene y períodos de descanso. Las tareas se organizan con precisión porque el funcionamiento de la EEI depende tanto de la tecnología como de la capacidad humana para sostener hábitos básicos en un ambiente sin gravedad.