
En Colombia, los siniestros de tránsito se han convertido en la principal causa de muerte violenta entre mujeres, superando a los homicidios, suicidios y otras muertes accidentales, según el análisis de la Iniciativa Global de Bloomberg para la Seguridad Vial (Bigrs).
Este fenómeno social, que muestra un incremento sostenido en los últimos años, afecta de manera desproporcionada a las mujeres, sobre todo a quienes viajan como pasajeras en motocicletas, aunque también se observa un aumento entre quienes conducen estos vehículos. El fenómeno puso en evidencia la urgencia de políticas públicas con enfoque de género y acciones integrales para reducir la siniestralidad vial, que en lo corrido de 2026 ya deja más de 3.000 fallecidos en el país.
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De acuerdo con el más reciente informe de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (Ansv), entre enero y abril de 2026 se registraron 3.019 muertes por accidentes de tránsito en Colombia, lo que representó un aumento del 19,4% frente al mismo periodo de 2025.
Del total de fallecidos, el 80,7% fueron hombres y el 19,3% mujeres. Los adultos entre 29 y 59 años concentraron el 43,8% de los decesos, seguidos por los jóvenes de 18 a 28 años (29,4%). El grupo de los motociclistas sigue siendo el más afectado, representando el 65,7% de las muertes, seguidos de peatones, usuarios de vehículos y ciclistas.
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Las regiones más impactadas por la siniestralidad vial son Antioquia (378 víctimas fatales), Valle del Cauca (328), Bogotá (230), Cundinamarca (215), Santander (158) y Meta (133). La mayoría de los accidentes mortales se producen los domingos (22,9% de los casos), lo que coincide con mayores desplazamientos y actividades recreativas.
Las causas principales de los siniestros fatales identificadas por la Ansv son el exceso de velocidad (12,55%), el estado de embriaguez (1,16%) y las malas condiciones de la vía (0,63%). Sin embargo, en el 75,46% de los casos no se pudo determinar la causa específica por ausencia de información, lo que limita la capacidad de intervención efectiva.
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El análisis de la Iniciativa Bloomberg para la Seguridad Vial señala que por cada muerte violenta de una mujer en Colombia, hay 6,2 muertes violentas de hombres; pero cuando se trata de siniestros viales, la proporción es de 4,7 hombres por cada mujer fallecida. Lo revelador es que la proporción de muertes violentas asociadas a siniestros viales en mujeres es 1,3 veces mayor que en hombres, y los eventos de transporte son la primera causa de muerte violenta en mujeres.
El Coordinador de Vigilancia de Datos de Bigrs, Hernán Ortiz, explicó a Infobae Colombia que la diferencia radica en los roles de género y los patrones de movilidad. “Ocho de cada 10 mujeres fallecidas en siniestros viales mueren en roles pasivos, como peatona o pasajera, mientras que siete de cada 10 hombres mueren como conductores. Esto responde a los tipos de movilidad de cada población: las mujeres, mayoritariamente, realizan viajes de cuidado, lo que aumenta el riesgo de fatalidad en roles donde no toman decisiones de riesgo, a diferencia de los hombres que, como conductores, suelen asumir comportamientos más arriesgados”.
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Ortiz subraya la importancia de que la política pública comprenda la movilidad del cuidado, ya que la visión tradicional asume que los principales viajes son entre el trabajo y la casa, pero para muchas mujeres los trayectos responden a responsabilidades familiares y de cuidado, lo que exige intervenciones distintas en infraestructura y regulación. “La movilidad del cuidado exige infraestructura segura, reducción de velocidad y comunicación efectiva para proteger a quienes más lo necesitan”, enfatizó.
Ortiz recomienda una gestión integral de la velocidad como principal medida para reducir la fatalidad vial, especialmente entre mujeres pasajeras y peatones. “Las estrategias deben centrarse en infraestructuras que impidan exceder los límites de velocidad, controles efectivos como la fotodetección y campañas de comunicación dirigidas a los tomadores de riesgo, que suelen ser hombres conductores”, indicó.
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La educación vial y con enfoque de género es fundamental. Ortiz apunta que “las medidas para reducir la mortalidad de usuarios vulnerables impactan de manera prioritaria en mujeres, porque ellas están más expuestas a roles pasivos y a caminar más en entornos inseguros. La infraestructura que reduce la velocidad y prioriza el espacio peatonal salva vidas”.
Experiencias internacionales como la peatonalización en ciudades de Suecia y España muestran que reducir la velocidad máxima a 30 km/h en zonas urbanas disminuye las lesiones fatales y fomenta una movilidad más activa y saludable. Resaltos parabólicos y señalización efectiva han demostrado ser eficaces en la reducción de muertes, especialmente en corredores con alta siniestralidad de motociclistas y peatones.
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Ortiz concluyó que Colombia debe priorizar la reducción de conductas de riesgo, mejorar la infraestructura, fortalecer los controles y adaptar la comunicación a los diferentes públicos. “Cuidar a los peatones y peatonas no es cuestión de género, sino de proteger a los más vulnerables. Si reducimos el exceso de velocidad y tomamos decisiones basadas en datos, salvaremos vidas, especialmente de mujeres que hoy son las principales víctimas de la siniestralidad vial en el país”.