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Siria anunció este domingo que ha llegado a un acuerdo con Rusia sobre el futuro de sus dos estratégicas bases ubicadas en la costa mediterránea, la naval de Jmeimim y la aérea de Tartús, las cuales Moscú utilizó en su momento para brindar apoyo al derrocado dictador Bashar el Asad, actualmente exiliado en Moscú.
Según informó el Gobierno sirio, con este pacto, que es fruto de año y medio de intensas negociaciones, se iniciará “el proceso de reorganización de la presencia rusa” en el litoral del país.
La idea es que Damasco asuma la gestión de las instalaciones civiles de las bases –principalmente el aeropuerto de Jmeimim y el muelle comercial del puerto de Tartús– para integrarlos gradualmente en su administración. Por su parte, las instalaciones militares se convertirán en “centros conjuntos de entrenamiento y rehabilitación”. Se espera que esta transición se complete en un plazo máximo de tres meses.
Las bases de Tartús y Jmeimim han sido durante mucho tiempo los principales enclaves militares de Rusia en Oriente Medio. La primera comenzó a utilizarse en los años setenta, tras un acuerdo entre la extinta Unión Soviética y Siria, mientras que la segunda se construyó en el 2015, durante la guerra civil siria, para facilitar la intervención militar rusa en favor del régimen de El Asad.
Tras la caída del dictador, a finales del 2024, el nuevo Gobierno sirio, presidido por el excomandante yihadista Ahmed el Sharaa, inició el diálogo con Moscú para definir el futuro de las bases. Para Damasco, el acuerdo recién anunciado “allana el camino para una nueva fase en las relaciones sirio-rusas”.
Moscú todavía no ha hecho comentarios sobre este pacto, aunque en los últimos meses ha quedado claro que Rusia intenta mantener una buena relación con el Ejecutivo sirio. El presidente El Sharaa ha sido recibido por Vladímir Putin en dos ocasiones desde su llegada al poder, y a inicios de año Rusia retiró su contingente del aeropuerto de Qamishli, en el noreste sirio, como parte de la reorganización de su despliegue militar.