Hombres de distintas generaciones conservan una prenda que aprendieron a usar en casa y hoy eligen para trabajar.
Publicidad
5 de octubre, 2026 - 07h00
En el armario de Adrean Sierra hay guayaberas crema, negras, blancas y rosadas. Es abogado y, cuando sus actividades le permiten dejar el terno, suele escoger una para ir a trabajar.
No forma parte de su uniforme. Tampoco llegó a ella por una exigencia de su profesión. La costumbre comenzó mucho antes, cuando veía a su padre vestirse para ejercer la misma carrera que años después elegiría él.
Su padre, abogado y juez, le enseñó desde pequeño a vestir formal para el trabajo. El terno era parte de aquello, pero las guayaberas tenían su propio lugar. Incluso había una costumbre particular que Adrean mantiene en las suyas y es colocarles sus iniciales con tejido
Publicidad
“Mi papá me enseñó a usar guayabera, así como ponerle las iniciales”, cuenta. Hay una coincidencia que le resulta curiosa. Hace años, su padre fue entrevistado precisamente para hablar de esta prenda y ahora es Adrean quien termina respondiendo preguntas parecidas.
La guayabera ha pasado por armarios guayaquileños durante décadas. Desde los años treinta su uso se extendió en la ciudad y posteriormente pasó a ser una vestimenta frecuente para actividades cotidianas, reuniones sociales, ceremonias y actos protocolares.
Ahora, durante las fiestas octubrinas vuelve a ser una de las prendas vinculadas con las costumbres de la ciudad. El lino y el algodón aparecen con frecuencia en su confección.
Publicidad
Publicidad
A eso se suman las alforzas o pliegues verticales, bolsillos delanteros, festones y acabados que forman parte de un trabajo artesanal que ha pasado por generaciones de confeccionistas.
En las calles es posible encontrarla como uniforme de determinadas actividades laborales. En oficinas y reuniones aparece por una razón distinta. Adrean la escoge por comodidad y por gusto. Ese día llevaba manga larga, aunque admite entre risas que el calor le hacía pensar que habría sido mejor escoger una de manga corta.
Él mantiene cuatro colores en su armario y las iniciales que aprendió a colocar por enseñanza de su padre. Cuando sus amigos le preguntan por su forma de vestir, suele responderles con una comparación muy guayaquileña.
“Yo les digo: soy como Juan Pueblo”, cuenta este hombre de 33 años, mientras enseña la elegancia en su prenda.
A unas cuantas guayaberas de distancia está Walter Avilés Cordero, abogado de la Procuraduría General del Estado y cercano a los 50 años. Él ya perdió la cuenta pequeña, pero sabe que tiene una para cada día laboral y procura variar los colores según el pantalón que utilizará.
“Yo realmente prefiero la guayabera al terno. Soy abogado, entonces tengo una para cada día de la semana”, comenta.
Publicidad
Walter empezó a utilizarla desde pequeño. Cuando llegó a la profesión que había querido ejercer desde esos años, continuó encontrándola útil para trabajar sin recurrir siempre al saco y la corbata. En su caso aparecen colores vivos y neutros, elegidos según el resto de la ropa.
Sin embargo, es distinto para su hijos. Walter alguna vez intentó sugerirle que utilizara una y recibió una respuesta corta.
“Me dice ‘no, papá, no me gusta’. Nunca le pregunté más allá, nunca le dije por qué”, recuerda.
A Julio Franco, de 48 años, le pasa igual. Es abogado y creció viendo a su padre utilizar guayaberas de lino. Hoy tiene las propias y suele escogerlas por la comodidad frente a la humedad y las temperaturas de Guayaquil.
Él habla del lino y del algodón cuando explica qué prendas utiliza. En su familia hay personas cercanas que han continuado usándolas y, fuera de ella, dice encontrarlas en arquitectos, médicos y profesores.
“La guayabera es libertad, comodidad. En este momento es necesaria por el clima de Guayaquil”, dice.
“Siempre me preguntan ‘¿dónde compras las guayaberas?’. Yo les digo ‘vaya, aquí venden buena guayabera’. Se va pasando esa tradición porque ven a uno con guayabera y como que llama la atención”, finaliza. (I)