<img alt=“Starship buscará alcanzar la órbita terrestre por primera vez desde Starbase, con un vuelo de casi 10 horas y aprobación regulatoria
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Starship buscará alcanzar la órbita terrestre por primera vez desde Starbase, con un vuelo de casi 10 horas y aprobación regulatoria - REUTERS/Steve Nesius/File Photo
Con 123 metros de altura y 33 motores en su primera etapa, Starship, el megacohete de Elon Musk, intentará alcanzar la órbita terrestre por primera vez en su vuelo de prueba número 14.
El despegue está previsto para el 28 de septiembre desde Starbase, la base de SpaceX en el sur de Texas, a la espera de la aprobación regulatoria y de condiciones técnicas y meteorológicas favorables.
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La misión abre una etapa distinta para el vehículo. Los trece vuelos anteriores siguieron perfiles suborbitales: trayectorias que llevaron a la nave fuera de las capas más densas de la atmósfera, aunque sin la velocidad necesaria para mantenerse alrededor del planeta. Ese diseño permitió reducir riesgos sobre zonas pobladas y obtener datos de cada fase del ascenso, la separación de etapas, el reingreso y los amerizajes.
El vuelo 14 propone una prueba más extensa. La etapa superior, conocida como Ship, deberá elevarse hasta unos 275 kilómetros de altitud, completar cerca de seis órbitas y finalizar su viaje con un amerizaje controlado en el océano Pacífico, al oeste de Chile. Desde el despegue hasta el final de la misión transcurrirían cerca de 10 horas, frente a los vuelos previos, que rondaron una hora.
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La ventana de lanzamiento prevista dura 75 minutos. El horario inicial figura a las 8.15 hora de Texas (12.15 GMT, 9.15 hora de Argentina, 7.15 hora de Colombia y Perú y 6.15 hora de México), aunque cualquier inconveniente durante la cuenta regresiva puede desplazar la partida hasta las 9.30 locales. Si no puede lanzarse hoy, SpaceX contempla además oportunidades de reserva de nuevos intentos para los días 29 y 30 de septiembre.

La misión prevé seis órbitas a 275 kilómetros de altitud y un amerizaje controlado en el océano Pacífico al oeste de Chile, después del despegue (SpaceX)
La relevancia de la prueba no se limita a la altura o la duración. Llegar a una órbita estable exige acelerar la nave hasta unos 28.000 kilómetros por hora. A esa velocidad, la gravedad no deja de actuar: Starship cae de forma constante hacia la Tierra, pero la curvatura del planeta se aleja bajo su trayectoria. Ese equilibrio entre velocidad y gravedad sostiene la órbita baja, el espacio donde operan buena parte de los satélites, las estaciones espaciales y diversas misiones de observación.
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La fase decisiva comenzará unos 25 minutos después del lanzamiento. Tras separarse del propulsor Super Heavy, Ship ascenderá en una trayectoria similar a la de los vuelos anteriores. Si los equipos detectan el margen de seguridad necesario, uno o más de sus motores Raptor optimizados para el vacío ejecutarán un encendido breve para convertir esa trayectoria en una órbita.
SpaceX fijó una condición expresa antes de autorizar esa maniobra. “Starship solo realizará una maniobra de encendido para entrar en órbita después de que el equipo de control de vuelo haya garantizado que existe suficiente redundancia en el hardware crítico para realizar la maniobra de desorbitación posterior al final de la misión”. La decisión busca evitar que una nave sin capacidad de abandonar la órbita quede en el espacio sin un final controlado.
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Ese criterio ilustra una diferencia central entre una prueba suborbital y un vuelo orbital. En un perfil suborbital, la trayectoria conduce por sí misma al reingreso. En cambio, una nave que entra en órbita necesita una maniobra específica para reducir su velocidad y volver a la atmósfera en una zona prevista. Para este vuelo, la desorbitación dependerá de un único motor Raptor de nivel del mar, que deberá encenderse al final de la fase orbital.

El interés técnico de la misión también reside en la carga útil. La nave transportará 26 satélites Starlink V3, una versión de mayor capacidad dentro de la red de internet satelital de la empresa. En lanzamientos previos, SpaceX expulsó simuladores o equipos de prueba de esta generación, aunque todos regresaron pronto por las trayectorias suborbitales. Esta vez, los satélites deberán permanecer en órbita y sumarse a la constelación.
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Tres de esos aparatos llevarán cámaras destinadas a observar el exterior de Ship después del despliegue. Las imágenes pueden aportar información sobre el estado de las losetas térmicas, piezas que protegen a la nave frente al calor extremo del reingreso. Durante esa fase, el aire frente al vehículo se comprime a gran velocidad y forma plasma, un gas ionizado que puede alcanzar temperaturas muy elevadas.
El escudo térmico figura entre los principales desafíos del programa. La empresa incorporó refuerzos en los sistemas de sujeción de las losetas situadas en áreas con mayor riesgo de desprendimiento durante el ascenso. También aplicó correcciones en sectores donde detectó posibles rutas de plasma detrás de las piezas protectoras y sumó zonas con losetas de diseño curvo, destinadas a reducir el calentamiento en los espacios entre ellas.
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La primera etapa del sistema, el propulsor Super Heavy, afrontará una misión separada de la nave orbital. Después de impulsar a Ship y completar la separación de etapas, deberá efectuar una maniobra de retorno, frenar su descenso y dirigirse hacia una zona de amerizaje en alta mar en el Golfo de México. SpaceX no prevé en este vuelo una captura del propulsor en la torre de lanzamiento.
La empresa ya logró tres recuperaciones de Super Heavy en Starbase mediante los brazos mecánicos de la torre, apodada Mechazilla. Sin embargo, el modelo actual de Starship, denominado versión 3, siguió un enfoque más conservador en las pruebas recientes. Tanto la primera etapa como la nave superior ensayaron descensos sobre el mar, sin exponer la infraestructura terrestre a un posible fallo.
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El vuelo 13 aportó información clave para el diseño del siguiente propulsor. Tras la separación y el giro, Super Heavy usó por primera vez sus 33 motores en la maniobra de retroceso. Más tarde, los tres motores centrales mostraron señales de obstrucción por hielo durante la fase final del descenso. La maniobra concluyó antes de lo previsto y ocho de los 13 motores planificados volvieron a encenderse antes del amerizaje.

Para el vuelo 14, SpaceX modificó componentes del propulsor con el objetivo de mejorar el filtrado de los motores. También actualizó el software para elevar la fiabilidad de los reencendidos. La secuencia importa porque un sistema reutilizable depende de la capacidad de encender motores con precisión después de atravesar condiciones muy distintas: el despegue, el vacío parcial, la desaceleración y la aproximación final.
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La prioridad del vuelo, aun así, corresponde a Ship. Su entrada en órbita permitiría a SpaceX validar el tramo inicial de una arquitectura pensada para transportar grandes cargas. El sistema puede colocar hasta 100 toneladas en órbita según las proyecciones de la compañía. Versiones posteriores apuntan a ampliar esa cifra hasta 200 toneladas, aunque ese rendimiento todavía depende de nuevas pruebas y mejoras de diseño.
El programa también tiene una relación directa con Artemis, la iniciativa de la NASA para enviar astronautas a la Luna. La agencia eligió una versión de Starship como módulo de alunizaje para misiones futuras. Antes de ese objetivo, SpaceX debe demostrar operaciones que aún no forman parte de este vuelo: transferencia de combustible entre naves en órbita y almacenamiento prolongado de propelentes criogénicos en el espacio.
Esas capacidades serán necesarias para viajes más allá de la órbita baja. Una nave lunar no puede despegar desde la Tierra con todo el combustible requerido para una misión de descenso y regreso; por eso, el plan contempla lanzamientos de reabastecimiento.
La NASA estima que una misión lunar de Starship puede requerir hasta una docena de vuelos cisterna para llenar los tanques antes de la partida hacia la Luna.
El vuelo 14 no resolverá esas cuestiones, pero marcaría un punto de partida para abordarlas. La inserción orbital, el despliegue operativo de satélites, el uso de un motor para desorbitar y la reentrada tras varias vueltas al planeta forman parte de una misma prueba: confirmar que el vehículo puede permanecer y maniobrar en el espacio antes de intentar tareas más complejas.