Cuando Sylvester Stallone tenía 29 años, vivía en Nueva York sin dinero, sin amigos y con pocas oportunidades de trabajo actoral. Escribió entonces el guion de Rocky, protagonizado por un boxeador de barrio que nadie daba por ganador, y tomó la decisión que definiría su carrera: rechazar USD 360.000 para no ceder el papel principal.

La historia la contó el propio Stallone durante una entrevista en su residencia en Long Island, grabada el verano pasado para el programa Sunday Sitdown del canal NBC, cuyo fragmento fue difundido en el podcast Today.

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Los estudios de Hollywood querían a una estrella consolidada para protagonizar Rocky. Le ofrecieron a Stallone una suma que en ese momento representaba una salida económica concreta a años de penurias.

Él la rechazó. “Superficialmente, es como una locura temporal”, reconoció el actor en la entrevista. “Si te deshaces de esto, sí, tendrás 360.000 dólares. Con el tiempo ese dinero se irá, y vas a ser el ser humano más amargado porque lo que estaba en juego no era venderse”, agregó.

Rocky IV Sylvester Stallone Ivan Drago Dolph Lundgren
La película Rocky se estrenó en 1976 y obtuvo tres premios Oscar, entre ellos el de mejor película (Captura de video)

El argumento que Stallone se dio a sí mismo fue claro: si cedía el rol, el dinero se acabaría y no le quedaría nada. Si se mantenía firme, al menos conservaba la historia, el personaje y una posibilidad, aunque remota, de que la apuesta funcionara.

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Funcionó. Rocky, estrenada en 1976, fue una consagración en la taquilla y obtuvo diez nominaciones al Oscar, con tres premios, entre ellos el de mejor película. Stallone recibió nominaciones como mejor actor y mejor guion original y se convirtió en el tercer escritor en la historia de la Academia en ser nominado en ambas categorías en el mismo año, tras Charles Chaplin y Orson Welles.

“No soy un gran creyente en los milagros, pero fue un milagro”, afirmó el actor. El impacto de esa decisión trascendió su propia carrera: cuando Matt Damon y Ben Affleck enfrentaron resistencia de los estudios para protagonizar Good Will Hunting, que habían escrito ellos mismos, se dieron ánimo mutuamente con una sola palabra antes de cada reunión: “Stallone”.

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El relato de Stallone no comienza en Hollywood. Nació en el barrio neoyorquino de Hell’s Kitchen, y durante el parto un fórceps mal aplicado seccionó un nervio facial que le dejó parte del rostro paralizada de manera permanente. Ese daño físico derivó en el modo de hablar que se convirtió en uno de sus rasgos más reconocibles.

Anthony Ippolito caracterizado como un joven Sylvester Stallone en I Play Rocky
La película Rocky obtuvo diez nominaciones al Oscar y consagró a Sylvester Stallone en la industria cinematográfica en 1976 (Amazon MGM)

La infancia que siguió incluyó mudanzas frecuentes y maltrato por parte de su padre. “Hay una sensación enorme de vacío. ¿Por qué no pudo haber sido una crianza agradable? ¿Por qué tuvo que ser tan oscura? Pero, ¿estaría aquí si hubiera sido así?”, reflexionó. Cuando el conductor le preguntó si su hogar se parecía a Los Waltons, la familia ideal de la televisión estadounidense, Stallone respondió sin dudar: “Éramos más como los Manson”.

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El cine fue el refugio que encontró fuera de casa. No se interesó por los actores serios, sino por el escapismo, por los personajes que le daban lo que su entorno no podía ofrecerle: modelos masculinos de referencia.

Tras abandonar la Universidad de Miami, Stallone se mudó a Nueva York para perseguir la actuación. Su vida social era prácticamente inexistente. Fue a una sola fiesta en años: la Nochevieja de 1970, en Times Square, solo.

Trailer Rocky 1
El actor definió su infancia en Nueva York como una etapa compleja antes de encontrar refugio en el cine de evasión (United Artists/Photofest)

“Miré alrededor y pensé: ‘Toda esta gente quiere ser alguien. Más vale que vayas a casa y empieces a trabajar duro, porque esta es tu competencia’”, recordó. Esa noche, entre la multitud y sin nadie con quien celebrar, encontró la motivación que orientó el resto de su trayectoria.

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Antes de Rocky, acumuló pequeños papeles en los que siempre lo encasillaban como matón. Decidió entonces tomar el control de su carrera de la única manera que tenía a su alcance: escribiendo.

Cuatro décadas después de ese giro, Stallone continúa activo. El actor describe al personaje de Tulsa King como cercano a su propia naturaleza, en particular por el humor que logró introducirle: “Nunca había visto eso en un gángster. Los gángsteres siempre son serios, implacables, inflexibles”.

Sylvester Stallone protagoniza la serie Tulsa King con un personaje que introduce humor dentro del género gángster (REUTERS/Jeenah Moon)
Sylvester Stallone protagoniza la serie Tulsa King con un personaje que introduce humor dentro del género gángster (REUTERS/Jeenah Moon)

También escribe sus memorias. El libro se titula: Los pasos.

“Fue un viaje extraordinariamente difícil para hacer una película siendo nadie. Se lee como una mala novela”, dijo sobre su propio pasado. Además, está previsto el estreno en noviembre de un biopic sobre su vida titulado I Play Rocky.

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