17 de octubre, 2026 - 06h30
El martes 6 de octubre será una fecha que recordaremos los aficionados al fútbol, especialmente aquella generación de jóvenes que crecimos viendo jugar a quien muchos consideramos el mejor futbolista de la historia. Lionel Messi disputó su último partido con la selección argentina ante un estadio Monumental lleno, en una noche que captó las miradas del mundo entero y que marcó el fin de una exitosa era.
Fue una noche especial no solo para los argentinos, sino también para quienes, desde distintos rincones del planeta, nos sentimos un poco albicelestes por él. Durante años, las camisetas con el número 10 y los partidos de la selección argentina se convirtieron en parte de nuestra rutina futbolera en cada fecha FIFA.
Los mundiales tenían un atractivo especial: ver a los mejores del planeta con su país y, sobre todo, disfrutar un verano más de Leo Messi.
En cada partido le pedíamos una más. Un regate, un pase imposible, un gol que pareciera sacado de un videojuego.
Siempre queríamos otro partido, otra genialidad, otra noche inolvidable. Pero nunca quisimos ni queremos que ese “una más” dejara de pasar.
Ahora, poco a poco, debemos prepararnos para una de las despedidas más tristes que puede vivir el deporte: el día en que Lionel Andrés Messi Cuccitini cuelgue definitivamente las botas.
En Europa ya se extraña su presencia en los grandes escenarios.
Cuesta imaginar un Mundial sin él, pero todavía cuesta más pensar en una temporada completa sin la posibilidad de verlo saltar al campo y regalarnos una de esas jugadas que nos recuerdan por qué amamos tanto este deporte.
El fútbol después de Messi será diferente.
Aparecerán nuevas estrellas, nuevos ídolos y otros nombres que ocuparán las portadas. Sin embargo, quienes crecimos con él sabemos que hay futbolistas que transcienden los títulos y las estadísticas.
Messi fue mucho más que un jugador: fue ese compañero que nunca conocimos personalmente, pero nos acompañó cada fin de semana, en los desayunos, almuerzos y hasta en las cenas, nos regaló alegrías y consiguió sorprendernos incluso cuando creíamos haberlo visto todo.
Nos hizo celebrar frente a un televisor, discutir con amigos y soñar con jugadas imposibles. Para millones de aficionados, formó parte de una etapa de la vida que también se convertirá en recuerdo.
El fútbol de selecciones te extrañará, Leo. Nosotros también. Porque hay algo que ni siquiera el talento más extraordinario puede esquivar: el paso del tiempo.
La edad termina alcanzando a todos, incluso a quienes parecían capaces de desafiar cualquier límite.
Quizá por eso cada partido suyo se siente ahora más especial.
Ya no se trata únicamente de disfrutar al mejor, sino agradecer cada minuto que nos regaló sobre el césped.
Gracias por tanto fútbol, querido Leo.
Todavía no queremos despedirnos, pero poco a poco entenderemos que es el momento de aprender a extrañarte. (O)