Se cumplen 42 años de uno de los crímenes más brutales de la historia policial argentina. El 14 de septiembre de 1984, Lino Palacio -el genial dibujante que había hecho reír al país con Don Fulgencio, Ramona y Avivato- fue asesinado a sangre fría junto a su esposa, Cecilia Pardo, en el departamento que la pareja tenía sobre la avenida Callao, en Recoleta. Ambos tenían 80 años. Detrás del ataque no había un extraño, sino la expareja de un familiar y dos jóvenes cómplices que buscaban vaciar la caja fuerte.
El plan que empezó dentro de la familia
La cabecilla del grupo era
Claudia Sobrero
, de apenas
21 años
, que había sido pareja de
Jorge Palacio Zorrilla
, sobrino nieto del dibujante. Según consta en el expediente, la idea de robar el departamento venía de antes: a comienzos de
1984
, cuando todavía estaban juntos, ambos habían planeado quedarse con el dinero de la caja fuerte, pero el plan quedó trunco y poco después se separaron.
Sobrero lo rearmó con su nuevo novio, el chileno Oscar Odín González (19), y un amigo de él, Pablo Zapata. El trío creía que el matrimonio estaba descansando en Mar del Plata y que el departamento estaría vacío.
Una masacre que no estaba en los planes
La noche del crimen, todo se torció apenas entraron: Palacio y su mujer estaban en la casa. Como el dibujante reconoció a Sobrero por ser la exnovia de su sobrino nieto, los asaltantes decidieron que no podían dejar testigos.
Sorprendieron a Palacio con un golpe por detrás y, tras un forcejeo, lo atacaron con un cuchillo y le destrozaron la cabeza con una plancha. A Cecilia, que no opuso resistencia, la mataron de 16 puñaladas. Recién entonces fueron hasta la caja fuerte, la abrieron y se llevaron todo lo que había adentro.
Pizza y cerveza después del horror
La frialdad de los asesinos quedó grabada en el expediente. Tras el doble crimen, caminaron eufóricos por el barrio y terminaron la noche brindando con cerveza, comiendo muzzarella y jugando al pool en la zona de
Santa Fe y Pueyrredón
.
El botín, sin embargo, los desilusionó: esperaban una fortuna y se fueron con apenas 4.000 dólares y unas pocas joyas. A la mañana siguiente compraron el diario y prendieron la radio, pero todavía no se sabía nada. Para la tarde, el crimen ya era tapa en todo el país.
El hallazgo y la conmoción nacional
Fue una de las hijas del matrimonio,
Cecilia Palacio
, quien descubrió la escena. Había hablado por teléfono con sus padres media hora antes del ataque y, movida por un mal presentimiento, llegó al departamento en la madrugada del
15 de septiembre
. Allí se topó con el horror.
La noticia sacudió a la Argentina. La revista Gente resumió el sentimiento colectivo con una frase que quedó en la memoria: "El día que el humor se puso a llorar". Con Palacio no habían matado solo a un hombre de 80 años, sino a una leyenda del dibujo que había publicado desde Billiken hasta diarios de Europa y Japón.
La caída, la condena récord y la libertad
El caso se esclareció en pocos días.
Claudia Sobrero
fue detenida el
20 de septiembre
en San Miguel de Tucumán, donde había buscado refugio. Cuando la policía la sorprendió, vestía jeans, zapatillas rojas y un sombrero estilo cowboy, y no ofreció resistencia:
"Ya sé, me buscan por el asesinato de Palacio y la esposa. Vamos..."
, dijo.
La Justicia la condenó a reclusión perpetua y le sumó la reclusión por tiempo indeterminado, una pena accesoria que la convirtió en la única mujer en la Argentina en recibirla. Pasó más de dos décadas tras las rejas y recuperó la libertad en 2006. Uno de sus cómplices, Pablo Zapata, se quitó la vida en la cárcel antes de cumplir la condena.