Actualizado Viernes, 11 septiembre 2026 - 07:36

La segunda y última jornada de la convención Republicana de Dallas concluyó anoche de la misma forma que el día anterior, con una intervención del presidente Donald Trump, que por momentos repitió palabra por palabra los mismos argumentos, anuncios, referencias y chascarrillos que la víspera. Los mismos insultos también a sus rivales y burlas a sus propios candidatos, como el aspirante a senador precisamente en Texas Ken Paxton, al que volvió a llamar feo y mal vestido. Las mismas canciones con sus músicos de cabecera.

La cita tenía como objetivo dejar claro al partido y sus miembros que la única estrategia pasa por el líder. No por alejarse de él, pese a la impopularidad creciente y sus políticas, para centrarse en temas locales. Sino por hacer de la cita de noviembre en las urnas un referendo de validación personal. Y para eso hizo incluso entonar a sus fieles un juramento improvisado: "Por favor, levanten su mano derecha. Juro lealtad al mejor presidente en la historia de los Estados Unidos. Que nos ama tanto que ni siquiera puede respirar. Juro que saldré con mi familia, mis amigos, lo haré de cualquier manera -- no me importa si estoy registrado o no, voy a intentar hacer trampa como ellos hacen...", hizo repetir el presidente, amenazando a los que no voten "con ir al infierno". El público, entregado, juró. No tienen dudas ni problemas. No hay síntoma más claro que las risas y la complicidad de muchos de ellos cuando escuchaban a su jefe de filas decir que el estadio estaba completamente lleno. Miraban a ambos lados, veían los huecos, y aun así, no flaquean.

La segunda jornada fue, a pesar de contar con los pesos pesados, igual de descafeinada. Trump no tiene el mismo tirón que hace dos años y se volvieron a ver miles de asientos vacíos. La de Texas es una cita inapropiada para extrapolaciones. No era un mitin al uso, sino con los principales asientos restringidos a miembros del partido, donantes y gente con muchos recursos, dispuestos a pagar miles de dólares por una silla, una foto o un contacto. Republicanos de toda la vida, pero no forzosamente MAGA para siempre. Pero dicho eso, la audiencia de la cadena FOX, una de las pocas que optó por cubrir ambos días las intervenciones completas del presidente, se quedó en torno a los 2.5 millones, las cifras habituales de los presentadores estrella de esa franja. Por lo que el resto del país no acudió a la llamada del líder y optó por ver el inicio de la liga de fútbol americano o una serie.

La jornada también confirmó quiénes son, para el liderazgo republicano, sus rivales y enemigos ahora mismo. Si ayer destacaba una imagen de fondo con las caras de las principales figuras demócratas de los últimos años, como Joe Biden, Kamala Harris, Nancy Pelosi, Elizabeth Warren o Bernie Sanders, en todas las intervenciones del día los principales objetivos fueron otros. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdami; el candidato al senado de Michigan, Abdul El-Sayed; y el aspirante al Senado por Texas, James Talarico. Los dos primeros, musulmanes ambos, socialista uno de ellos, son blanco habitual. Talarico, un maestro de escuela, ex seminarista y estudiante de teológica, presenta más retos.

El lema oficioso de la convención ha terminado siendo algo parecido a "sentido común o comunismo", pero dando un protagonismo sorprendentemente alto a sus rivales. "No son el partido de Roosevelt ni de Kennedy. De hecho, ya ni siquiera son el partido de Bill Clinton", dijo el vicepresidente JD Vance. "Los demócratas son el partido del odio. Son el partido que desprecia a Estados Unidos y a la gente que lo construyó".

El presidente sabe, aunque no acaba de entender las razones ni aceptar las encuestas, que es habitual que el partido que ocupa la Casa Blanca sufra en las elecciones de mitad de mandato. Aun así, lo habitual es que las dos grandes formaciones intenten ampliar sus bases, hacer guiños al centro, presentar su cara más abierta. No es el caso. Trump cree que sólo necesita mantener viva la llama de quienes votaron por él en 2024, una tarea nada sencilla.

Un hombre  enseña la bandera de México durante la intervención de Vance.

Un hombre enseña la bandera de México durante la intervención de Vance.EFE

"Si tanto te gusta México, vete allí"

Vance, igual que en la campaña y los debates de 2024, asumió el papel de 'moderado', por decirlo de alguna manera. Recordó a su amigo Charlie Kirk, asesinado hace un año durante un acto en una universidad. Y arremetió contra la oposición, con golpes bajos. Incluso le dijo a un manifestante con una bandera de México que si tanto le gustaba México, "moviera el culo y se fuera allí". Pero al mismo tiempo quiso mostrar el lado más institucional del Gobierno, hablando en términos y marcos más cómodos para el partido, pero también para todo el establishment. Haciendo menciones vagas a tender puentes y colaboraciones en el Congreso. Es parte de su propia campaña de cara a 2028, que va perfilando poco a poco. Definiendo su carácter conservador, pero asumiendo que no es ni nunca será Trump. No es casualidad que justo ayer, The New York Times llevara una historia en exclusiva que muestra a un Vance preocupado por la guerra de Irán, implicado, haciendo llamadas a los altos mandos militares para entender la situación y los matices. Crítico con la operación y los resultados. Esto es, todo lo contrario que su líder.