Ilustración vectorial plana de una mesa de madera con un desayuno variado. Se ven huevos fritos, tostadas de aguacate, tocino, yogur con bayas, requesón, café y bebidas.

Un ensayo clínico de seis meses mostró que incorporar el desayuno mejoró la calidad nutricional en adolescentes que solían omitirlo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Desde hace décadas, la nutrición adolescente acumula señales de alarma: dietas pobres en micronutrientes, alto consumo de ultraprocesados y hábitos poco saludables que se consolidan con rapidez. Entre ellos, saltarse el desayuno figura como uno de los más extendidos entre jóvenes de todo el mundo y, hasta ahora, uno de los menos estudiados dentro de ensayos clínicos rigurosos.

Un ensayo clínico controlado de seis meses abordó ese punto con 128 jóvenes de entre 14 y 21 años que omitían el desayuno al menos seis veces por semana. Los resultados mostraron que incorporarlo mejoró la calidad nutricional general de los participantes, con independencia del tipo consumido, y que quienes arrancaban la mañana con mayor cantidad de proteína obtenían beneficios adicionales. Los hallazgos fueron presentados en NUTRITION 2026, la reunión anual de la American Society for Nutrition celebrada entre el 25 y el 28 de julio en National Harbor, Maryland, y se publicaron como resumen de congreso en la plataforma de la American Society for Nutrition.

PUBLICIDAD

La investigación fue encabezada por Emma Rose Brown, estudiante doctoral de la Universidad de Texas en Austin bajo la tutoría de Heather Leidy, profesora del Departamento de Ciencias Nutricionales y del Departamento de Pediatría de la Escuela de Medicina Dell. “Esta es una de las pruebas controladas de desayuno más grandes y prolongadas realizadas en adolescentes”, afirmó la investigadora, según el comunicado de prensa. “Nuestros hallazgos sugieren que agregar el desayuno, particularmente uno rico en proteínas, puede ser una forma eficaz de mejorar la ingesta de nutrientes y la calidad de la dieta en adolescentes mayores”, completó.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El estudio sobre nutrición adolescente incluyó a 128 jóvenes de 14 a 21 años que saltaban el desayuno al menos seis veces por semana. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los 128 participantes fueron divididos mediante asignación aleatoria —esto es, por sorteo controlado, para evitar sesgos en la distribución— en tres grupos: uno que consumió desayunos con nivel normal de proteína, otro con alto contenido proteico y un tercero que continuó sin desayunar. Para los dos primeros, el equipo preparó y empaquetó más de 18.000 comidas con opciones típicas del consumo adolescente: burritos, quesadillas, huevos revueltos y licuados. Las porciones del grupo de proteína normal rondaban los 15 gramos; las del grupo de alto contenido proteico llegaban a 30 gramos de proteína de alta calidad, con idéntico aporte calórico en ambos casos.

PUBLICIDAD

La metodología de seguimiento fue rigurosa. Al inicio del estudio y luego a los tres y seis meses, cada participante recibía una hielera con las comidas preparadas y podía comer cuanto quisiera durante tres días. Antes y después, los investigadores pesaban los recipientes para calcular con exactitud cuánto se había consumido. Además, se les pedía que describieran todo lo ingerido en las últimas 24 horas, registros que luego se procesaban con software especializado en análisis nutricional. El nivel de cumplimiento fue elevado: los participantes consumieron las comidas provistas en más del 90% de las ocasiones.

Los tres grupos no difirieron en el total de calorías ingeridas a lo largo del día —todos promediaron alrededor de 2.200 kilocalorías diarias—, lo que indica que incorporar el desayuno no llevó a comer más en términos energéticos globales. La diferencia estuvo en la composición de lo que elegían.

PUBLICIDAD

Cuatro adolescentes sentadas en una mesa al aire libre, comiendo frutas, yogur y sándwiches
El ensayo registró que sumar el desayuno no aumentó las calorías diarias, ya que los tres grupos promediaron unas 2.200 kilocalorías. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Quienes desayunaron, ya sea con proteína normal o alta, consumieron más fibra, hierro, zinc y colina (un nutriente que el organismo utiliza para el funcionamiento del sistema nervioso y el metabolismo celular) frente a quienes omitían esa comida. El grupo de alto contenido proteico mostró además mayor ingesta de hierro y colina respecto al de proteína normal, lo que apunta a un beneficio adicional vinculado específicamente a la calidad proteica del desayuno.

En cuanto a la elección de alimentos a lo largo del día, ambos grupos que desayunaban consumieron menos postres, dulces y golosinas. No obstante, según se detalla en el estudio, esa diferencia fue estadísticamente evidente solo hasta el tercer mes, sin mantenerse con la misma claridad al llegar al sexto. El grupo con mayor aporte proteico presentó además una reducción en el consumo de azúcar agregada respecto a los otros dos, un beneficio que sí se sostuvo en el tiempo.

PUBLICIDAD

“Aunque la mayoría de los estadounidenses cree que el desayuno es la comida más importante del día, no hay demasiada evidencia que respalde esa idea”, señaló Brown, de acuerdo con el comunicado. “Queríamos ver si consumir un desayuno alto en proteínas aumentaría la ingesta de nutrientes y promovería una alimentación más saludable a lo largo del día”, agregó.

Mujer joven con camiseta gris sentada en una cocina moderna, comiendo de un bol blanco con pollo, quinoa y verduras, con un vaso de agua al lado.
La investigación preparó más de 18.000 comidas y alcanzó un nivel de cumplimiento superior al 90% entre los participantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo ya tiene trazado el próximo paso. Según informa el comunicado, los investigadores planean estudiar de qué manera el aumento de proteína en el desayuno podría influir en los pensamientos y antojos relacionados con la comida, con foco particular en adultos jóvenes y en personas que están dejando de tomar medicamentos GLP-1, un tipo de fármaco que actúa sobre el sistema hormonal para reducir el apetito y que en los últimos años ganó amplia difusión como tratamiento para la obesidad y la diabetes tipo 2.

PUBLICIDAD

Una comprensión más precisa de cómo la proteína matutina afecta las elecciones alimentarias —y la frecuencia con que se piensa en comida a lo largo del día— podría contribuir al diseño de estrategias para el manejo saludable del peso a largo plazo, de acuerdo con la misma fuente.

Los hallazgos forman parte de los resúmenes evaluados por un comité de expertos del congreso, aunque aún no atravesaron el proceso de revisión entre pares —esto es, la evaluación independiente por parte de otros científicos del área antes de que los resultados se publiquen formalmente— que exige la publicación en una revista científica, de modo que los resultados deben considerarse preliminares hasta que exista una versión revisada formalmente.

PUBLICIDAD