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Usted tiene un objeto en las manos. Lo llamamos periódico y está hecho por periodistas. Deduzco que usted da importancia al periodismo. Se dice que es un oficio muy antiguo. No se sabe la fecha. Pero los relatos de la antigüedad son ya cierto periodismo: Jenofonte al retratar a Sócrates, Plinio el Joven al describir la erupción del Vesubio o Lucas al consignar los hechos de los apóstoles.

Periodismo viene de periódico y este del griego: lo que pasa “alrededor” (peri ). Si vamos más atrás, el primer periodista debió de ser un hombre de las cavernas. Por la noche, los humanos se guarecían en cuevas para evitar las fieras. Pero había algún hombre que desafiaba la oscuridad y salía a ver qué ocurría. De vuelta, la tribu le preguntaba y él se lo contaba. Del mismo modo, el primer filósofo fue una mujer. Ella sacaba las enseñanzas de lo que el primitivo periodista contaba en la cueva y las transmitía a los pequeños de la tribu. Antes de contar con números, la humanidad lo hace con palabras. Por eso el género periodístico por excelencia es la crónica, sustentada por la narración, y dependiente tanto de la capacidad de describir los hechos como de analizarlos y valorarlos con la facultad del juicio. No es fácil todo.
El primer periodista debió de ser un hombre de las cavernas; del mismo modo, el primer filósofo fue una mujer
Dos eximios pensadores españoles del siglo XX fueron periodistas. José Ortega y Gasset, en El Imparcial y El Sol, y Eugeni d’Ors, en La Veu de Catalunya, Abc y El Debate. El primero pedía ir “a las cosas”, pero siempre con “perspectiva”. El segundo, atender a las “palpitacions del temps”, pero alzándose “de la anécdota a la categoría”. Ortega, catedrático de Metafísica (“¡ Arrea!”, exclamó Alfonso XIII cuando el filósofo se lo dijo), manifestó: “Yo he nacido en una rotativa”. Y casi lo pudo suscribir D’Ors, articulista perenne, de donde salen sus libros. También la mayoría de nuestros grandes escritores se han formado en la práctica periodística: Azorín, Pla, Camba, Cunqueiro, Sagarra, Gaziel, Umbral, Delibes, Vicent…
Uno no sabe bien cuál es su oficio. Pero quizás sea algo periodista, por crecer en una habitación al otro lado de la rotativa de La Vanguardia, en la barcelonesa calle Tallers. Y algo filósofo, porque hace ya cincuenta años que escribo en la prensa, a partir del semanario Canigó. El periodismo es un ejercicio que da por supuesto que a su oficiante le asombran las cosas y tiene la capacidad, y la gracia, de contarlas sin demora, claramente y ajustadas a la verdad. Como intentó hacer aquel antepasado nuestro, una noche, en la caverna.