2 de octubre, 2026 - 06h00
El pasado 30 de septiembre, a los dieciséis años de una de las jornadas dolorosas de nuestra historia, Emilio Palacio publicó en Amazon su libro La verdadera historia del secuestro de Rafael Correa. Y del encubrimiento que se fraguó para salvar a los culpables. Se trata de una investigación sobre lo ocurrido en el Regimiento Quito y en el Hospital de la Policía, en Quito.
Debo hacer una aclaración. Junto con León Roldós y Byron López ejercí la defensa de Emilio en el juicio penal iniciado por Rafael Correa contra él, los hermanos Carlos, César y Nicolás Pérez y la compañía editora de EL UNIVERSO. También lo defendí ante el sistema interamericano de derechos humanos. Además, prologué el libro. Lo señalo para que el lector conozca el ángulo desde el cual escribo y valore mi opinión.
Palacio reconstruye la protesta policial, la decisión de Correa de acudir al Regimiento Quito, su permanencia en el hospital y la operación militar para sacarlo. La jornada dejó cinco muertos en Quito: los policías Froilán Jiménez y Edwin Calderón; los militares Darwin Panchi y Jacinto Cortez; y el estudiante Juan Pablo Bolaños, además de centenares de heridos.
Que una operación armada irrumpiera en un hospital y llevara al presidente y a sus custodios hasta Neonatología, entre cunas de bebés prematuros, revela la temeridad de aquella decisión. Pacientes y recién nacidos fueron expuestos a un riesgo que nunca debieron soportar.
Un documento resulta revelador. A solicitud de los abogados de Correa, se incorporó al juicio penal un informe del Comando Conjunto remitido por el Ministerio de Defensa. Registra que a las 15:06 se comunicó a las fuerzas el estado de excepción decretado mediante el Decreto Ejecutivo 488. A las 17:30, Correa, por teléfono, ordenó al ministro de Defensa y al jefe del Comando Conjunto que procedieran a rescatarlo. La operación se coordinó con su seguridad y, a las 19:30, los mandos aprobaron su planificación. Esa prueba de la acusación demuestra que Correa mantenía comunicaciones, impartía órdenes y ejercía el mando desde el hospital.
El libro sostiene, tras confrontar testimonios, documentos, videos y actuaciones judiciales, que no existieron ni el golpe de Estado ni el secuestro ni la tentativa de magnicidio proclamados por el régimen. Palacio plantea una hipótesis inquietante: que hubo una operación destinada a impedir el esclarecimiento de las muertes y proteger a sus responsables. La eliminación de evidencia balística, el destino desigual de las investigaciones y la falta de sanciones justifican investigar esa hipótesis.
Por cuestionar la versión oficial en “NO a las mentiras”, Emilio fue condenado a tres años de prisión y, junto con los hermanos Pérez y EL UNIVERSO, a pagar 40 millones de dólares. Debió abandonar el país. La Corte Interamericana declaró responsable al Estado ecuatoriano y reconoció que su columna era una opinión protegida por tratar asuntos de interés público y la actuación de un funcionario.
El libro es frontal y sin eufemismos. Sus conclusiones provocarán adhesiones y objeciones. Es lectura altamente recomendada porque reúne información que debe contrastarse y devuelve a los ciudadanos la discusión sobre el 30-S. (O)