Se trata de un escenario inédito desde el fin de la dictadura y el regreso de la democracia en Brasil en 1985. Luiz Inácio Lula da Silva dio la vuelta a las elecciones presidenciales. El actual presidente de izquierda obtuvo el 51,79 % de los votos, frente al 48,21 % del senador de extrema derecha Flávio Bolsonaro, según los resultados comunicados el domingo 25 de octubre por el Tribunal Superior Electoral de Brasil.

Lula superó a su rival en las urnas por más de cuatro millones de votos, una diferencia más importante que en 2022, cuando derrotó a Jair Bolsonaro.

El icónico presidente de izquierda finalmente prevaleció al final de una jornada electoral marcada por el aplazamiento de dos horas, hasta las 19:00 hora local, del cierre de las urnas. 

Un juez del Tribunal Supremo de Brasil ordenó ampliar el horario de votación cuando ya había empezado el recuento de sufragios, que frenó en virtud del fallo del alto tribunal. Ambos candidatos habían pedido que se extendiera el horario por razones diferentes.

De 80 años, Lula consiguió un cuarto mandato no consecutivo a la cabeza del país más poblado de Suramérica (alrededor de 213 millones de habitantes). La primera vez que llegó a la Presidencia fue en 2003.

Para mostrar este contenido de X (Twitter), debe autorizar las cookies de medición de audiencia y publicidad.

Desde São Paulo, donde recibió los resultados, Lula agradeció a sus seguidores. “Ganamos estas elecciones junto con el pueblo brasileño”, declaró.

En Río de Janeiro, el candidato derrotado, Flávio Bolsonaro tuvo otro tono. “Es imposible reconocer” la victoria de Lula por la decisión del juez de ampliar en dos horas el horario de votación, justificó.

El movimiento popular en defensa a la democracia

El día de las elecciones también se caracterizó por una alta participación electoral, con la mayor disminución en la abstención entre la primera y la segunda vuelta de unas elecciones presidenciales desde 1989.

Desde São Paulo, el presidente reelegido agradeció al “pueblo brasileño por su generosidad, y a los jóvenes que salieron a las calles para defender la democracia”.

Según Bruna Cavalcanti, profesora de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), el papel de los jóvenes fue uno de los motores de la victoria de Lula en estos comicios. “Los resultados de primera vuelta quedaron como un choque para muchos y de allí, nació un movimiento clave para la victoria de Lula. Muchas personas, sobre todo jóvenes salieron a las calles”, explica.

Los partidarios del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, celebran su victoria en la segunda vuelta presidencial en São Paulo, Brasil, el 25 de octubre de 2026.
Los partidarios del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, celebran su victoria en la segunda vuelta presidencial en São Paulo, Brasil, el 25 de octubre de 2026. © Natacha Pisarenko / AP

“Estas personas sintieron que sus derechos estaban amenazados por una potencial victoria de Flávio Bolsonaro y salieron en defensa de estos derechos y de la democracia. Esto reavivó la campaña de Lula”, añade la profesora.

El periodista y escritor brasileño Denis R. Burgierman comparte este análisis. “El miedo de que gane Flávio Bolsonaro fue un factor importante de movilización”, resalta.

Por su lado, el mismo Flávio Bolsonaro alimento este miedo, juzga Bruna Cavalcanti: "En lugar de garantizar derechos, a buscar unión, salió con un discurso que dividió aún más, hablando de cambiar la Constitución".

¿Un Congreso opuesto al presidente?

Durante su campaña, Lula planteó varias propuestas, en especial en lo social y lo económico, para convencer al electorado popular que constituye su base electoral. Propuso, por ejemplo, continuar con una estrategia de industrialización, con inversiones públicas destinadas a aumentar la capacidad productiva brasileña. También insistió en su voluntad de implementar más progresividad tributaria, gravando a los superricos.

Sin embargo, el presidente de izquierda construyó su campaña, sobre todo, en la defensa del balance de su último mandato. La adopción en octubre de la reforma constitucional que elimina la escala de seis días de trabajo por uno de descanso y reduce de forma gradual la jornada de 44 a 40 horas semanales, sin recorte de salario, constituye un ejemplo elocuente de tal estrategia.

“Mucho de lo que prometió Lula es mantener programas sociales, de salud y de educación pública”, coincide Denis R. Burgierman para explicar la victoria del presidente de izquierda.

Vista general al inicio de una sesión del Congreso Nacional de Brasil, en Brasilia, Brasil, el 30 de abril de 2026.
Vista general al inicio de una sesión del Congreso Nacional de Brasil, en Brasilia, Brasil, el 30 de abril de 2026. © EVARISTO SA / AFP

Sin embargo, Lula tendrá un obstáculo importante para seguir con su agenda social y económica: la composición del Congreso. El 4 de octubre, el Partido Liberal de Bolsonaro ganó terreno en el legislativo, hasta tal punto que tendrá la mayor representación de un solo partido en ambas cámaras desde que se promulgó la actual Constitución de Brasil en 1988.

Por su parte el Partido de los Trabajadores (PT) al cual pertenece el mandatario solo cuenta con 9 de 81 senadores en la Cámara alta, mientras que su alianza tripartida en la de diputados eleva de 82 a 88 su número de bancas. “Lula tendrá que buscar coaliciones para gobernar”, apunta Bruna Cavalcanti.

La especialista no ve esta tarea como imposible. Recuerda que “los partidos de centro derecha y de extrema derecha también tienen muchas diferencias”, y que mediante “negociaciones”, el presidente podría encontrar el apoyo necesario en el legislativo.

Brasil resiste ante la ola de derecha en América Latina

Con esta victoria de Lula, Brasil también se mantiene como uno de los pocos países latinoamericanos gobernados por la izquierda.

Colombia, Chile, Argentina, Perú, y otros más: en los últimos años y meses varios países de la región se inclinaron hacia la derecha, o incluso hacia la extrema derecha, bajo el impulso decidido de Donald Trump.

“Es importante para la región que Brasil se mantenga progresista. Es una cuestión de equilibrio de los poderes a nivel regional”, observa Bruna Cavalcanti. Denis R. Burgierman coincide en este análisis, considerando este resultado como “importante para toda América Latina simbólicamente y en práctica”.

Carteles contra Trump y Bolsonaro con fotos alteradas del presidente de EE. UU. y del candidato presidencial brasileño, Flavio Bolsonaro en São Paulo, Brasil, el 4 de octubre de 2026.
Carteles contra Trump y Bolsonaro con fotos alteradas del presidente de EE. UU. y del candidato presidencial brasileño, Flavio Bolsonaro en São Paulo, Brasil, el 4 de octubre de 2026. © Ettore Chiereguini / AP

“Sabemos que Donald Trump se involucró de manera personal para afectar a los resultados”, recuerda el periodista. “Lula ha tenido una actitud soberana fuerte contra Trump y sabemos que Trump puede trabajar con quien sea”, agrega.

De hecho, durante su campaña, Lula enarboló la bandera de la soberanía frente a las presiones comerciales y diplomáticas de Estados Unidos. Los votantes deben “elegir un país donde se respete la bandera”, dijo con voz cansada después de votar, acusando a su rival de querer “gobernar con la bandera estadounidense”.

Tras su victoria, Lula lanzó: “Brasil no será el patio trasero de nadie”.

Sin embargo, Donald Trump se abstuvo de brindar un apoyo explícito al hijo de Bolsonaro. Al ser preguntado el domingo sobre las elecciones, el presidente estadounidense se limitó a decir: “Estamos observando”.