Este domingo a las 2 serán las 3. Otro cambio de hora en Europa y el debate sigue entrando y saliendo de las agendas en la UE. Ha pasado ya un año desde que Bruselas prometió un nuevo análisis de la situación a petición de España, que ahora ha encontrado también el apoyo de Italia. Meloni, eso sí, ha dejado claro que quiere quedarse con el horario de verano. "La Comisión Europea ha decidido llevar a cabo un nuevo análisis a través de un estudio detallado en el que estamos trabajando ahora mismo para apoyar la futura decisión sobre esta cuestión. Los europeos quieren que actuemos y mi objetivo es avanzar: ha llegado el momento de dejar de cambiar la hora todos los años", dijo en su momento el comisario de Transporte, Apostolos Tzitzikostas.
Pero no se ha avanzado nada. El Gobierno español lanzó el pasado año otra vez la propuesta de eliminar el cambio de hora, y ahora el Parlamento italiano le ha pedido a su Ejecutivo que abra también el debate con Bruselas.
Durante este tiempo, Sánchez no ha aclarado si España prefiere que se mantenga para siempre el horario de verano o de invierno. "Cambiar la hora dos veces al año ya no tiene sentido. Apenas ayuda a ahorrar energía y tiene un impacto negativo en la salud y en la vida de la gente", sostuvo en 2025, con la idea de que la Comisión Europea sentara de verdad a los 27 para tratar el asunto. Eso no ha ocurrido.
El Gobierno se apoya en tres argumentos para defender su postura: el respaldo mayoritario de la ciudadanía española y europea; la "ausencia de evidencia científica" que demuestre que esta práctica genera un ahorro energético sustancial en la actualidad; y las "consecuencias negativas que tiene en la salud y el bienestar de millones de personas, trastocando los ritmos biológicos y provocando alteraciones del sueño dos veces al año", según señalan fuentes gubernamentales. En España, abundan, "el 66% de la población está a favor de terminar con esta práctica". Sobre argumentos muy similares se apoya también ahora el Parlamento italiano.
Con todo, es un tema lleno de idas y venidas. Ya en el año de 2018 la propia Comisión Europea propuso acabar con los cambios de hora tras una consulta ciudadana en la que participaron 4,6 millones de personas, con un 84% a favor de terminar con los cambios, y en 2019 el Parlamento comunitario respaldó la medida. No obstante, para modificar la norma es necesaria una mayoría cualificada entre los Estados miembro que no se alcanzó entonces.
Y es que, en realidad, la división es clara: los países del sur de Europa, como España, Italia o Grecia, prefieren el horario de verano, ya que sus tardes de sol son más largas. Pero esta situación no es la misma para países del norte, como los escandinavos o los bálticos, donde sus horas de mayor luz se concentran por la mañana y, por tanto, se prefiere el horario de invierno.
Después de que en 1980 la entonces Comunidad Económica Europea empezase a coordinar los horarios de verano e invierno de los países miembros para aprovechar más las horas de luz para reducir el consumo energético, y armonizar el funcionamiento del mercado común, cada vez más países entienden que la evolución de la economía, la tecnología y los hábitos sociales han dejado obsoleta esta medida. Pero el acuerdo para eliminar el cambio de hora sigue muy lejos.