La construcción de Puerto Madero en la década de 1880 cambió la relación entre Buenos Aires y el Río de la Plata al levantar una barrera física sobre la costa históricaHay frases que, de tanto repetirse, terminan convirtiéndose en verdades aparentes. Una de ellas sostiene que Buenos Aires nació y creció de espaldas al Río de la Plata. Se la escucha en conferencias, se la lee en artículos periodísticos, la repiten funcionarios y urbanistas, y hasta forma parte del imaginario colectivo de muchos porteños. Sin embargo, basta recorrer la documentación histórica, los planos antiguos, los relatos de viajeros y las litografías del siglo XIX para advertir que ese lugar común no resiste el menor análisis. Buenos Aires no vivió de espaldas al río. Todo lo contrario: durante más de dos siglos su vida cotidiana giró alrededor de él. El río fue su puerta de entrada, su paisaje, su paseo, su fuente de trabajo, su horizonte y también el escenario donde transcurría buena parte de la vida social de la ciudad. Lo que verdaderamente ocurrió fue que, hacia fines del siglo XIX, una decisión política y económica modificó para siempre esa relación, borrando de un plumazo una costanera histórica que los porteños habían disfrutado durante generaciones.
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