Migrantes refugiados en una iglesia de Nador
“No harraga”, asegura un transeúnte, usando el término despectivo marroquí para los migrantes africanos que quieren cruzar a Europa. A unos 16 kilómetros por carretera de la frontera de Melilla, Nador, la principal ciudad del entorno con 158.000 habitantes, los migrantes subsaharianos no se dejan ver por sus calles. No se los ve, pero están. La iglesia católica de Santiago el Mayor está cerrada, pero en una sala anexa, una especie de cochera en penumbra, seis mujeres están aprendiendo a leer y escribir en francés esta mañana, una de ellas con un bebé a su lado. Las seis muestran un gesto asustado ante la presencia de la prensa. Prefieren no hablar y quienes las atienden tampoco quieren que lo hagan.
...