En la cueva de Malalmuerzo, en Moclín, a unos 42 kilómetros de Granada, un equipo de arqueólogos ha reconstruido con una precisión inédita una escena de hace siete mil años: un grupo de 33 personas exterminado y devorado en un solo episodio de violencia colectiva. A unos 25 kilómetros de distancia en línea recta, en la cueva de Majolicas de Alfacar, otro grupo, en otro momento, hizo algo muy distinto: procesó con sumo cuidado los cuerpos de sus muertos, tiñó algunos huesos de rojo con cinabrio, o sulfuro de mercurio, y no dejó ningún rastro violento. Finalmente, en Carigüela, los investigadores han descubierto dos calaveras reconvertidas en cráneos-copa, es decir, en recipientes ceremoniales que, probablemente, buscaban conservar el poder del difunto.
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